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FEMINICIDIOS EN RD: CUANDO EL ESTADO ADMITE SU FRACASO… Y LAS MUJERES SIGUEN MURIENDO

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Feminicidios en República Dominicana: el Estado admite fracaso mientras aumentan las muertes de mujeres

-¿Feminicidio o femicidio? La palabra también revela una batalla cultural-

Antes del análisis, conviene aclarar el término. Aunque en el habla cotidiana ambas palabras se usan como sinónimos, en América Latina y particularmente en República Dominicana, el término más utilizado jurídica y políticamente es “feminicidio”, porque no solo describe el asesinato de una mujer por razones de género, sino también el contexto de impunidad, negligencia institucional y tolerancia social que lo rodea. “Femicidio” suele reducirse al acto criminal; “feminicidio” señala además el fracaso del sistema. Y justamente ahí está el corazón del problema dominicano.

Porque lo que acaba de admitir públicamente la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, no es poca cosa: el Estado dominicano ha fallado.

Y cuando un gobierno reconoce su fracaso en materia de feminicidios, lo que está diciendo entre líneas es todavía más grave: que el aparato de prevención no está funcionando, que las alertas no llegan a tiempo, que las víctimas siguen atrapadas en un laberinto burocrático y que las instituciones parecen correr detrás de la tragedia… nunca delante de ella.

Según cifras divulgadas esta semana, República Dominicana registra alrededor de 30 feminicidios en lo que va de 2026, un aumento considerable respecto al mismo período del año anterior.

Más inquietante todavía: apenas una pequeña parte de las víctimas había denunciado previamente a sus agresores.

Ahí aparece la gran pregunta que nadie quiere responder con crudeza:

¿Las mujeres no denuncian porque no confían en el sistema… o el sistema no actúa porque las mujeres no denuncian?

Es el clásico círculo perverso dominicano: la víctima teme denunciar porque sabe que probablemente quedará sola; y cuando la matan, el Estado explica que “no había denuncia formal”.

Como si la muerte necesitara un sello de recepción.

Y aquí surge un elemento políticamente incómodo, pero imposible de ignorar. Las principales instituciones encargadas de combatir la violencia de género están hoy dirigidas por mujeres:

Yeni Berenice Reynoso en la Procuraduría.

Gloria Reyes en el Ministerio de la Mujer.

Faride Raful en Interior y Policía.

Y, sin embargo, los feminicidios continúan creciendo.

La contradicción ha comenzado a generar debates encendidos en redes sociales, programas de opinión y comentarios ciudadanos: ¿cómo es posible que un aparato institucional liderado mayoritariamente por mujeres no haya logrado contener esta epidemia?

La respuesta seria no puede caer en el simplismo machista de culparlas “por ser mujeres”. El problema es más profundo y más peligroso: el sistema dominicano no es solo un problema de liderazgo; es un problema estructural, cultural y judicial.

Cambiar los rostros no cambia automáticamente las inercias del Estado.

El fracaso no es solo policial: es cultural
La vicepresidenta Raquel Peña también reconoció que “el sistema ha fallado”.

Y quizás ahí esté la frase más importante de toda esta crisis: el sistema.

Porque los feminicidios no nacen únicamente de un expediente mal manejado o de una patrulla que llegó tarde. Nacen de algo mucho más viejo: de una cultura de control masculino; de una normalización histórica de la violencia doméstica; de la dependencia económica; del miedo; del fracaso educativo; y de una sociedad que todavía romantiza los celos, la posesión y el autoritarismo emocional.

En muchos barrios dominicanos todavía se escucha:
“Si te cela es porque te quiere”.

Y después aparecen las flores en el cementerio.

El Ministerio de la Mujer: mucho discurso, poca penetración social
En redes y comentarios digitales se repite una crítica recurrente: el Ministerio de la Mujer parece tener mucha visibilidad institucional, pero poca presencia real en los territorios más vulnerables.

Campañas, conferencias, actos, protocolos, acuerdos interinstitucionales…

Pero la mujer amenazada en un barrio marginado sigue preguntándose:
“¿A quién llamo cuando él diga que me va a matar esta noche?”

Ahí es donde el discurso colapsa frente a la realidad.

¿Y la Procuraduría?
La procuradora Yeni Berenice Reynoso ha intentado endurecer la respuesta institucional y ha impulsado investigaciones y reformas internas.

Pero incluso desde la propia Procuraduría se ha admitido que la mayoría de víctimas nunca había formalizado denuncias.

Eso plantea otra tragedia silenciosa:
la violencia doméstica sigue siendo vista por muchas familias como “un asunto privado”, hasta que termina en asesinato.

Y entonces todos descubren que había señales.

Redes sociales: entre indignación y cinismo
En plataformas digitales dominicanas se mezclan tres reacciones: indignación legítima; desesperanza absoluta; y un creciente cinismo hacia las instituciones.

Muchos usuarios cuestionan que el Estado reaccione solo después de cada tragedia, mientras otros denuncian que existen órdenes de alejamiento que nunca se vigilan efectivamente.

La percepción pública comienza a ser devastadora:
el sistema parece especializado en contar víctimas, no en prevenirlas.

El verdadero problema: prevención sin músculo
República Dominicana tiene leyes.
Tiene fiscalías especializadas.
Tiene campañas.
Tiene estadísticas.
Tiene ministerios.
Tiene observatorios.
Tiene discursos.

Lo que parece no tener es capacidad preventiva efectiva.

Porque prevenir feminicidios implica seguimiento real, monitoreo, refugios suficientes, atención psicológica, protección policial eficiente y reacción inmediata ante amenazas.

Y eso cuesta dinero, coordinación y voluntad política sostenida. No titulares.

CIERRE TECLALIBRE
La tragedia dominicana ya no puede maquillarse con ruedas de prensa ni con minutos de silencio.

Cuando una ministra admite que el Estado falló, lo que realmente está diciendo es que hubo mujeres que pidieron ayuda y el sistema no llegó… o llegó demasiado tarde.

Y quizá la ironía más amarga de todas sea esta:
el país tiene mujeres poderosas dirigiendo las instituciones de protección, pero las mujeres pobres, las vulnerables, las aterradas, siguen sintiéndose solas frente a su agresor.

Porque el problema nunca fue únicamente quién dirige el sistema.

El problema es que el sistema dominicano todavía parece diseñado para reaccionar después del cadáver.

No antes del crimen.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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