¡Oye, qué relajo se armó en el Golfo! Si pensabas que el drama de las gasolineras ya estaba pesado, agárrate, porque lo que pasó este jueves fue como echarle un fósforo a una piscina de gasolina. Irán se cansó de los «cariñitos» de Israel contra su yacimiento de gas y decidió que, si ellos no cocinan, nadie come.
Se pusieron a repartir ataques por todo el vecindario, dándole a refinerías y plantas de gas de sus vecinos árabes. ¿El mensaje? «Si tocas mi energía, yo rompo la de todo el mundo». Y claro, como Irán tiene la mano puesta en el Estrecho de Ormuz (que es como la arteria carótida del petróleo mundial), puso a temblar a medio planeta.
Aquí entra Donald Trump en escena. Al parecer, el hombre se dio cuenta de que un galón de gasolina a precio de caviar no ayuda mucho a su imagen, así que levantó el teléfono y le dijo a Netanyahu: «Bibi, bájale dos rayitas».
Y dicho y hecho: Israel anunció que, por petición de Trump, dejarán de bombardear el campo de gas iraní. Es como ese momento en la fiesta donde el anfitrión interviene antes de que rompan toda la vajilla, aunque el daño ya está hecho y la cuenta está llegando bien cara.
¿Por qué nos duele el bolsillo?
Mira, esto no es solo un mapa con explosiones; es tu billetera gritando.
El petróleo se disparó como cohete de Elon Musk. Estamos hablando de que el barril de crudo está coqueteando con los $120 USD.
Si sube el combustible, sube el flete del camión que lleva los tomates al súper, sube el pasaje del bus y, básicamente, sube hasta el aire que respiramos.
Imagina que la calle principal de tu ciudad la cierra un tipo con mal humor. Eso es Irán en el Estrecho de Ormuz. Por ahí pasa una quinta parte del crudo mundial, y ahora mismo, los barcos están pasando con un rosario en la mano.
La verdad es que estamos en ese punto de la película donde no sabes si viene la paz o si la segunda parte va a ser peor. Por un lado, la tregua de Israel da un respiro, pero por el otro, Irán ya demostró que puede apagarle la luz a sus vecinos cuando quiera.
Las proyecciones dicen que si esto no se enfría pronto, vamos camino a una inflación que nos va a poner a todos a andar en bicicleta (y no por ejercicio).
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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