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La banalización del arte y la propuesta cerebrista

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Joel Santiago Rivera Reyes, es poeta, narrador, ensayista, abogado, dibujante y crítico literario nativo de la ciudad de San Pedro de Macoris, República Dominicana, nos comparte sus reflexiones con un ensayo que tiene por título: La banalización del arte y la propuesta cerebrista en el Primer Encuentro del Movimiento Literario, Artístico y Cultural de la Cerepoetica, realizado el pasado fin de semana, 9 -10 de agosto, de modo virtual en Zoom.

Nos plantea que el arte en la actualidad está dominado por lo trivial, lo mediocre debido a la influencia de la Inteligencia Artificial.  Inicia ilustrando cómo un arte simple de un guineo pegado a una pared con cinta adhesiva puede convertirse en una obra de arte vendida por miles de dólares, lo cual revela que estamos perdiendo la verdadera esencia que ha definido el arte a partir de la estética, lo simbólico y lo espiritual.

Advierte sobre cómo la inteligencia artificial y la tecnología están desplazando la racionalidad y sensibilidad humanas, incluso en las artes, mediante imágenes y emociones generadas por algoritmos que imitan la experiencia humana.

Frente a esta realidad, Rivera propone la resistencia a través del movimiento de la cerepoesía, un proyecto artístico y filosófico que busca rescatar y promover la creatividad emanada del intelecto natural humano.

La cerepoesía aspira a reconectar con el humanismo, entendiendo el arte como un conocimiento sensible, ético y humano, en contraposición a la banalización tecnológica. La propuesta enfatiza que la verdadera creación artística requiere del pensamiento, la crítica, la emoción y la forma, con el cerebro humano como centro de esta actividad. No se trata de rechazar la tecnología, sino de evitar que esta deshumanice el proceso creativo, devolviéndole al arte su dimensión vital y humana.

En conclusión, el ensayo llama a activarnos en esta lucha para mantener la autonomía y profundidad del arte, promoviendo una estética que valore la inteligencia natural del ser humano como fuente primordial de toda expresión artística.

Adjunto Ponencia: 

La banalización del arte y la propuesta cerebrista/ Joel Rivera

En un mundo donde un guineo pegado a la pared con cinta adhesiva puede convertirse en una obra de arte vendida por miles de dólares, cabe preguntarse: ¿qué ha pasado con la esencia estética, simbólica y espiritual que históricamente definió el arte? Este ejemplo no es una caricatura ni una exageración. Es real. Y revela con crudeza el vacío conceptual y sensorial al que hemos llegado como civilización.

La anécdota continúa: un conserje, al limpiar el museo, olvida su carro de utensilios de limpieza junto a una sala de exposiciones. Al día siguiente, visitantes y curadores contemplan con asombro el objeto abandonado. Lo interpretan como una instalación artística, lo fotografían, escriben artículos y celebran la supuesta genialidad del “artista”. Nadie se detiene a verificar si hay intención, mensaje, composición o estética; basta con que algo esté en un museo para ser considerado arte. Esta es la paradoja de nuestra época: la estética ha sido suplantada por lo banal, la profundidad por la ocurrencia, el arte por el gesto provocador sin contenido.

En este contexto decadente, la creatividad como manifestación de la inventiva humana atraviesa un túnel oscuro. No se trata de negar la evolución ni de resistirse a los cambios que propone la tecnología, sino de señalar un hecho incuestionable: la Inteligencia Artificial, en muchos ámbitos, ha comenzado a suplantar la racionalidad humana y ha colonizado el terreno de la sensibilidad estética. Las artes, en todas sus manifestaciones, no han escapado al influjo de la realidad virtual y de la mecanización de la imaginación.

Desde hace décadas, la fotografía sustituyó al retrato pictórico como mecanismo de fijación de la memoria visual. Luego, la fotografía digital limitó el círculo cromático, sometiendo la representación de los colores a los códigos técnicos de la pantalla. Hoy, los algoritmos ofrecen imágenes más “perfectas” que las de la naturaleza misma. Incluso las emociones son recreadas por inteligencias artificiales que imitan la tristeza, la alegría o la melancolía sin haberlas vivido jamás.

Ante este panorama, ¿qué hacer frente a una Inteligencia Artificial que comienza a superar la velocidad, precisión y hasta la creatividad del pensamiento humano? La respuesta no puede ser la renuncia, sino la resistencia. Y en esa resistencia surge una propuesta: la cerepoesía.

El movimiento cerebrista o de cerepoesía se define como un proyecto artístico y filosófico “comprometido con el impulso, rescate, relanzamiento y promoción de todo lo artístico y cultural emanado del intelecto natural humano en el geoide planetario”. Es una respuesta creativa y combativa frente a la trivialización del arte y la estetización de lo banal. Un llamado a reconectar con el humanismo como principio rector de la experiencia estética.

Volver al origen no significa retroceder, sino recuperar el lugar del ser humano como centro del universo simbólico. Volver al origen implica restaurar la dimensión estética no como ornamento, sino como una forma de conocimiento sensible y racional, ética y bella, cargada de humanidad. En este nuevo paradigma, ya no basta con la inspiración o la técnica, sino que se exige al cerebro como agente activo de la creación: pensamiento, crítica, emoción y forma.

El movimiento cerebrista propone una estética donde la inteligencia natural del ser humano sea el núcleo irradiador de toda obra. En un tiempo donde crear arte puede ser simplemente encender una pantalla o dictarle un poema a ChatGPT, debemos preguntarnos qué sentido tiene todavía la creación humana. La respuesta, aunque compleja, se puede resumir así: el arte no es sólo resultado, es también proceso, conciencia, memoria, dolor, historia, cuerpo.

La cerepoesía, en tanto insurgencia poética e intelectual, no se opone a la tecnología, pero sí a su uso deshumanizante. Su misión es clara: devolverle al arte su centro vital —el ser humano— y hacer del cerebro un instrumento de libertad, no de reproducción algorítmica. En esa tarea estamos todos convocados.

 

02/8/25

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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