POR EL TRILLO DE LA INTRAHISTORIA
LA PERVERSIDAD DE LA DICTADURA CUBANA CONTRA EL BUEN NOMBRE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
Por Ramón Emilio Espinola

Abstract
Este ensayo examina, desde una perspectiva histórica y crítica, la controversia suscitada por la expulsión de funcionarios diplomáticos cubanos declarados personas non grata por el Gobierno dominicano. El propósito no es convertir una diferencia diplomática en un enfrentamiento entre los pueblos dominicano y cubano, que históricamente han mantenido profundos vínculos de solidaridad, sino cuestionar el uso político de la figura de José Martí por parte de un régimen que se proclama heredero de su pensamiento mientras mantiene un sistema político que restringe severamente las libertades públicas. A partir de las propias palabras de Martí, se establece el contraste entre el ideal martiano de dignidad, libertad y decoro, y la práctica de una dictadura que pretende presentarse como víctima mientras evita explicar las razones concretas de sus actuaciones diplomáticas. El ensayo reivindica, además, la memoria histórica dominicana y el aporte extraordinario de Máximo Gómez y de numerosos dominicanos a las guerras de independencia de Cuba.
Prólogo: Cuando las dictaduras descubren a Martí
Hay algo particularmente curioso en las dictaduras: cuando necesitan justificar sus actos, suelen desempolvar a los grandes hombres de la libertad.
Entonces aparecen Bolívar, Martí, Juárez, Duarte y otros gigantes de la historia, convertidos momentáneamente en citas decorativas para discursos oficiales. Los muertos ilustres tienen, además, una enorme ventaja sobre los vivos: no pueden levantarse de sus tumbas para desmentir a quienes ponen sus palabras al servicio de aquello que ellos combatieron.
José Martí es uno de esos nombres que la historia no permite utilizar impunemente.
Martí fue un apóstol de la independencia cubana, pero también fue un pensador profundamente preocupado por la dignidad humana. Su pensamiento no cabe cómodamente dentro de una dictadura, cualquiera que sea el color de su bandera.
Por eso resulta inevitable preguntarse:
¿Qué pensaría Martí de un gobierno que lleva décadas gobernando sin permitir que el pueblo cubano decida libremente su destino político?
Y más todavía:
¿Qué pensaría Martí de quienes utilizan sus palabras para atacar a un país extranjero mientras silencian las razones que provocaron el conflicto diplomático?
Quizás la respuesta esté en el propio Martí.
I. EL DIPLOMÁTICO Y LA CITA DE MARTÍ
En días recientes, medios oficiales cubanos han presentado la expulsión de miembros del cuerpo diplomático cubano de la República Dominicana desde una perspectiva que coloca a Cuba como víctima y a la República Dominicana como agresora.
Entre esas informaciones aparece la declaración atribuida a Odín Ysla Hernández, miembro del cuerpo diplomático cubano que regresó a Cuba después de ser deportado por las autoridades dominicanas.
Al referirse al episodio, recurrió a una conocida frase de José Martí:
«Cuando hay hombres que no tienen decoro, hay hombres que deben cargar con el decoro de muchos hombres».
La frase es de Martí.
Pero una cosa es citar a Martí y otra muy distinta es tener el decoro de Martí.
Y aquí comienza precisamente el problema.
La cita puede ser hermosa, contundente y perfectamente legítima.
Lo que resulta discutible es utilizarla como arma acusatoria contra el Gobierno dominicano sin explicar al público las razones concretas que llevaron a las autoridades dominicanas a adoptar semejante decisión diplomática.
Porque en diplomacia —y también en la vida— no basta con enseñar la fotografía del final de una película.
Hay que contar la película completa.
II. LA PARTE DE LA HISTORIA QUE NO APARECE
El funcionario cubano citado por la prensa oficial no explicó, al menos en la declaración reproducida, qué circunstancias llevaron a las autoridades dominicanas a declarar a los diplomáticos cubanos personas non gratas.
Y aquí aparece una pregunta elemental:
¿Por qué?
Si un Estado expulsa diplomáticos extranjeros, existe necesariamente un contexto político, diplomático o de seguridad que debe ser considerado.
Pero aparentemente la propaganda oficial prefiere una historia mucho más sencilla:
Cuba es la víctima; República Dominicana es la culpable.
¡Qué maravilla!
Una narrativa sin antecedentes, sin contexto, sin preguntas incómodas y, sobre todo, sin necesidad de explicar lo que realmente ocurrió.
La propaganda tiene esa extraordinaria capacidad de convertir un expediente de veinte páginas en una frase de veinte palabras.
Y si además se le agrega una cita de Martí, parece que hasta la historia queda de parte de uno.
Pero la historia, por desgracia para los propagandistas, tiene memoria.
III. MÁXIMO GÓMEZ Y LA MEMORIA DOMINICANA
Aquí aparece una ironía histórica que merece ser recordada.
La República Dominicana no es precisamente un país extranjero cualquiera cuando se habla de la independencia cubana.
Cuba tiene una deuda histórica con la República Dominicana que no puede borrarse con comunicados oficiales.
El dominicano Máximo Gómez Báez fue una de las figuras militares fundamentales de las guerras de independencia cubanas. Fue el comandante en jefe del ejército liberador de Cuba, es el mayor soldado que la patria cubana ha conocido. Decir lo contrario es ser malagradecido. Nacido en Baní, en territorio dominicano, terminó convirtiéndose en uno de los grandes estrategas militares de la lucha independentista cubana.
Los cubanos lo llamaron Generalísimo.
Y con razón.
Gómez entregó años de su vida, su talento militar y su sangre a la causa de la independencia de Cuba.
Por eso resulta particularmente desafortunado que desde determinados círculos oficiales cubanos se pretenda presentar a la República Dominicana como un país carente de solidaridad con Cuba.
La historia dominicana puede responder tranquilamente:
Cubanos malagradecidos. Antes de juzgarnos, recuerden a Máximo Gómez y a Mariana Grajales.
Y recuerden también a tantos dominicanos que sintieron la causa cubana como propia.
IV. MARTÍ NO PUEDE SER PROPIEDAD DE UNA DICTADURA
Como el funcionario cubano decidió invocar a José Martí, yo también quiero invocar a Martí.
Pero no al Martí convertido en estampita oficial.
Quiero al Martí auténtico.
Al Martí de la libertad.
Al Martí que escribió:
“El amor, madre, a la patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas; es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca”.
Y ustedes, dictadura cubana, oprimen al glorioso y mil veces heroico pueblo cubano y están denigrando a sus hermanos los dominicanos libres.
Aquí está el verdadero problema
¿Qué significa amar a Cuba?
¿Amar sus playas?
¿Amar sus palmas?
¿Amar su música?
¿Amar su historia?
¿Amar sus héroes?
Naturalmente.
Pero para Martí había algo mucho más profundo:
Amar a la patria significaba rechazar la opresión.
Entonces surge una pregunta que nadie debería considerar ofensiva:
¿Qué habría pensado José Martí de la Cuba actual?
No pretendo hablar por los muertos.
Pero sí podemos leer sus escritos.
Y cuando uno lee a Martí, encuentra un pensamiento profundamente contrario a la tiranía, al despotismo y a la subordinación de la dignidad humana.
Por eso resulta intelectualmente incómodo que un régimen político utilice constantemente a Martí como legitimación moral mientras mantiene un sistema donde la discrepancia política puede convertirse en delito y donde la libertad de expresión está severamente limitada.
No se puede convertir a Martí en funcionario del Ministerio de Comunicaciones.
Martí no fue creado para justificar dictaduras.
Martí no nació para que una dictadura se hiciera eco de sus escritos.
V. EL GRAN MILAGRO DE LA PROPAGANDA
La propaganda política tiene una virtud extraordinaria:
Puede conseguir que el verdugo aparezca en la fotografía llorando porque la víctima le respondió.
Y cuando eso sucede, conviene regresar a los documentos.
Porque la historia no debe escribirse desde el comunicado oficial del gobierno que tiene el micrófono más potente.
Debe escribirse desde la confrontación de fuentes, documentos, testimonios y hechos.
Eso es precisamente lo que hace la historia cuando se libera de la propaganda.
Y por eso debemos distinguir entre Cuba y el régimen cubano.
Los dominicanos no tenemos ningún conflicto con el pueblo cubano.
Al contrario.
Tenemos profundas raíces históricas, culturales y familiares que nos unen.
El problema no es Cuba.
El problema es la dictadura.
El problemas son los malvados que oprimen.
No es lo mismo amar a Cuba que defender al gobierno que la gobierna.
No es lo mismo respetar al pueblo cubano que aceptar silenciosamente los abusos cometidos en su nombre.
Y no es lo mismo criticar a un régimen que atacar a una nación.
VI. CUBANOS: LEVÁNTENSE, PERO CON DIGNIDAD
Por eso me permito repetir una frase de Martí:
“Vale más un minuto de pie que una vida de rodillas”.
No es una invitación a la violencia.
Es una invitación a la dignidad.
El pueblo cubano no necesita que República Dominicana lo libere.
Cuba tiene que encontrar su propia libertad.
Pero los dominicanos sí tenemos derecho a recordar que nuestros vínculos con Cuba son demasiado profundos para permitir que una dictadura pretenda monopolizar la interpretación de la historia.
A los cubanos les corresponde decidir qué hacer con su patria.
A los dominicanos nos corresponde defender nuestro buen nombre.
Y a los historiadores nos corresponde algo todavía más importante:
No permitir que la propaganda sustituya a la verdad.
Y peor aún, cuando la propaganda sale del corazón de bandidos explotadores y dictadores.
CONCLUSIÓN
El episodio diplomático que ha provocado estas reflexiones debería servirnos para recordar una verdad elemental:
Los gobiernos pasan; los pueblos permanecen.
La República Dominicana y Cuba continuarán siendo naciones hermanas aunque sus gobiernos tengan diferencias.
Los dominicanos no debemos caer en la trampa de confundir al pueblo cubano con quienes gobiernan Cuba.
Y los cubanos tampoco deberían permitir que un gobierno se apropie de Martí, de Máximo Gómez, de la bandera, de la patria y hasta de la palabra “libertad”.
La libertad no pertenece a ningún partido.
La patria no pertenece a ningún gobierno.
Y Martí, mucho menos.
Si se quiere citar a Martí, hay que aceptar también su pensamiento completo.
Porque resulta bastante cómodo escoger una frase del Apóstol para acusar al vecino y olvidar aquellas otras en las que habló contra la opresión.
Ese es el pequeño problema que tienen las dictaduras con los grandes hombres: los grandes hombres terminan hablando desde la historia, aunque los gobiernos intenten hacerlos hablar desde los periódicos oficiales.
Y la historia, tarde o temprano, termina preguntando:
¿Quién tenía el decoro?
EPÍLOGO EDUCATIVO
Para quienes todavía tienen que aprender la historia
A los jóvenes dominicanos y cubanos quisiera dejarles una recomendación:
No crean ciegamente a ningún gobierno.
Lean.
Comparen.
Pregunten.
Busquen documentos.
Lean a los adversarios de los personajes que admiran.
Y hagan lo mismo con aquellos que detestan.
La historia no es un catecismo político.
No existen gobiernos eternos ni héroes absolutamente perfectos.
Estudiar la historia significa aprender a distinguir entre patria y gobierno, nación y régimen, pueblo y partido, verdad y propaganda.
José Martí pertenece a Cuba, pero su pensamiento pertenece también a la humanidad.
Máximo Gómez nació en la República Dominicana, pero su espada quedó vinculada para siempre a la independencia de Cuba.
Ese es el hermoso absurdo de la historia caribeña:
Un dominicano ayudó a liberar a Cuba, y un cubano como Martí ayudó a enseñarnos que la libertad no tiene nacionalidad.
Por eso nuestros pueblos deben mirarse como hermanos.
Pero los hermanos también tienen derecho a decirse la verdad.
Y si alguna vez una dictadura vuelve a citar a Martí para justificar la falta de libertad, bastaría con abrir un libro del propio Martí.
Quizás allí encontremos la respuesta.
BIBLIOGRAFÍA PARA EDUCAR Y PROFUNDIZAR
José Martí
- Martí, José. Obras completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales.
- Martí, José. Nuestra América. Caracas: Biblioteca Ayacucho.
- Martí, José. Versos sencillos. Diversas ediciones.
- Martí, José. Diario de campaña. La Habana: diversas ediciones.
Sobre la independencia de Cuba
- Gómez, Máximo. Diario de campaña. La Habana: diversas ediciones.
- Pérez, Louis A. Jr. The War of 1898: The United States and Cuba in History and Historiography. Chapel Hill: University of North Carolina Press.
- Pérez, Louis A. Jr. Cuba: Between Reform and Revolution. New York: Oxford University Press.
- Foner, Philip S. A History of Cuba and Its Relations with the United States. New York: International Publishers.
Sobre Máximo Gómez
- Galíndez, Jesús de. Máximo Gómez. Estudios biográficos y diversas ediciones históricas.
- Archivo General de la Nación de la República Dominicana. Documentación histórica sobre Máximo Gómez y las relaciones dominicano-cubanas.
Sobre Cuba contemporánea y el régimen revolucionario
- Thomas, Hugh. Cuba: The Pursuit of Freedom. New York: Harper & Row.
- Bethell, Leslie, ed. Cuba: A Short History. Cambridge: Cambridge University Press.
- Domínguez, Jorge I. Cuba: Order and Revolution. Cambridge, MA: Harvard University Press.
- Suchlicki, Jaime. Cuba: From Columbus to Castro and Beyond. Washington, D.C.: Brassey’s.
Sobre diplomacia y relaciones internacionales
- Naciones Unidas. Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, 1961.
- Organización de los Estados Americanos. Carta de la Organización de los Estados Americanos.
- Constitución de la República Dominicana. Normas relativas a las relaciones internacionales y la soberanía nacional.
Fuentes para una investigación responsable
Para estudiar un conflicto diplomático, no basta con leer un periódico oficial ni una declaración gubernamental. Conviene confrontar:
documentos oficiales + prensa nacional + prensa extranjera + legislación internacional + testimonios + archivos históricos.
Porque cuando una sola fuente cuenta la historia, tenemos una versión.
Cuando confrontamos las fuentes, comenzamos a acercarnos a la historia.
Nota: La caricatura fue hecha por la IA bajo el ordenamiento de este escrito


