“El vuelo que nunca se anuncia: la silenciosa llegada de más de 4,000 dominicanos repatriados desde EE.UU. en 2025”
Por TeclaLibre Digital
Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA)
A las 2:47 de la tarde, cuando el bullicio de los vuelos comerciales se confunde con el eco de las maletas rodando, un grupo de hombres esposados desciende en fila de un avión gris sin distintivos visibles. No hay familiares esperando. No hay cámaras. No hay aplausos. Solo el sonido mecánico de las puertas del furgón migratorio que se abre para completar una rutina que ya es parte del paisaje: la llegada de dominicanos repatriados desde los Estados Unidos.
En lo que va de 2025, más de 4,000 criollos han sido enviados de regreso al país, según informes manejados por oficiales en el Aeropuerto de Las Américas. Un movimiento constante, silencioso, que no aparece en los titulares, pero que ha transformado el flujo migratorio entre ambos países.
La mayoría de los recién llegados no son viajeros con exceso de equipaje ni dominicanos que regresan para reencontrarse con su barrio. Son hombres —y algunas mujeres— que han cumplido condenas en cárceles estadounidenses, muchos tras penas de 5, 8, 10 y hasta 15 años.
Los informes dan cuenta de delitos variados: Tráfico de drogas y porte ilegal de armas y crímenes violentos, como homicidios, secuestros, y violaciones; falsificación de documentos, fraudes estatales y estafas financieras.
La ruta más común del retorno tiene estaciones conocidas: prisiones en Nueva York, Boston, Miami, Los Ángeles, California, y centros de detención migratoria en varios estados.
Parecen llegar sin historia, pero cargan en silencio sus propias derrotas.
Desde que la administración estadounidense ordenó nuevas redadas masivas contra indocumentados, el número de criollos detenidos y enviados de vuelta ha aumentado visiblemente. Los operativos han sido especialmente intensos en Nueva York y Los Ángeles, pero también se reportan detenciones en Boston, New Jersey, Miami y Orlando.
Un oficial en el AILA lo resume con frialdad profesional:
“Cada semana vienen vuelos llenos… por redadas, por condenas, por ambos.”
No todos son deportados por delitos. Una parte creciente llegó tras entregarse voluntariamente a las autoridades migratorias, temerosos de terminar esposados en algún operativo nocturno.
Entre los repatriados por delitos vinculados al narcotráfico y el lavado de activos, un detalle se repite en los reportes: la confiscación de bienes millonarios por parte de agencias federales de los Estados Unidos.
Las autoridades estadounidenses han decomisado todo tipo de propiedades: Apartamentos y villas de lujo; fincas productivas y solares urbanos,lanchas rápidas, yates, motores marítimos, dealers de vehículos, financieras y empresas fachada, y cuentas bancarias y activos comerciales.
Varias de esas incautaciones se ejecutaron también en República Dominicana, en coordinación con organismos locales.
Un funcionario aeroportuario, que prefiere no ser citado, comenta:
“Algunos llegan sin un dólar. Lo perdieron todo. Otros vuelven solo con la ropa que llevan puesta.”
El procedimiento de recepción dura pocos minutos: verificación de identidad, chequeo médico básico, lectura de derechos, entrega a Migración. Luego, el repatriado cruza la puerta lateral del AILA donde ningún pasajero regular circula. Allí le retiran las esposas y queda en libertad, con una hoja de deportación en la mano y un futuro incierto por delante.
Para muchos, ese papel es la única conexión con la vida que dejaron atrás.
En los últimos meses, policías aeroportuarios han notado un patrón preocupante: llegan cada vez más repatriados sin apoyo familiar, sin dirección fija, sin empleo y, en varios casos, sin documentos dominicanos vigentes. Una vulnerabilidad que, combinada con historial criminal, complica cualquier intento de reinserción.
Mientras en EEUU se celebra la “limpieza migratoria”, aquí las cifras se reciben con discreción institucional. No hay conferencias de prensa. No hay anuncios. Solo estadísticas que crecen semana tras semana.
Oficiales dominicanos explican que el país recibe lo que no puede rechazar: ciudadanos dominicanos deportados por derecho internacional. Pero admiten que no existe un programa integral para procesarlos más allá de verificaciones iniciales.
Un veterano empleado del aeropuerto lo dice sin retórica:
“Esto no es nuevo, pero ahora es más intenso. Estados Unidos está enviando todo. Los que hicieron líos, los que no tienen papeles, y los que simplemente sobraron en el sistema.”
Una historia que no termina en el aeropuerto
Cada vuelo de repatriados es una historia incompleta.
El aeropuerto solo es el punto final de la deportación, pero el inicio de otra etapa: volver a un barrio que ya cambió, enfrentar el estigma social, reconstruir una vida sin los recursos confiscados, o, en el peor de los casos, conectarse nuevamente con redes criminales.
Las autoridades migratorias saben que la repatriación es una operación logística. Lo que ocurre después es otro capítulo, uno que rara vez aparece en los informes oficiales.
El avión gris despega de regreso vacío.
El ciclo continuará la próxima semana.
Y la crónica seguirá escribiéndose sin que nadie anuncie el vuelo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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