Ligia Minaya Belliard, escritora nativa de la ciudad de Moca, Provincia Espaillat, en la República Dominicana, nació el 11 enero de 1941, fue una Maestra de vocación, abogada, fiscal y juez, narradora y articulista, publicaba los sábados en la sección Lecturas del periódico Diario Libre. Leíamos sus cartas desde Denver, Colorado donde vivió un buen tiempo.
Obtuvo mención de honor en el Concurso internacional de cuentos de Casa de Teatro 1997 por su texto No lo hice por maldad; también obtuvo el primer y segundo lugar en ese mismo concurso en el año 1998 por sus narraciones El Abuelo Impropio y Llanto de Cactus.
Obras publicadas:
- Palabras de mujer, compilación de sus artículos en el periódico Última Hora;
- El callejón de las flores, Premio José Ramón López (2000)
- Cuando me asalta el recuerdo de ti,
- Mi corazón tiembla en la sombra, trata de una periodista que encuentra en las páginas deportivas, la tragedia de una joven norteamericana perdida en Palma Sola;
- Cartas desde Denver,
- Si cayese la ausencia,
- Mariposa de arena y
- Cartas a mi nieto, consejos a su descendiente Van-Troi Camilo.
Me voy a detener en su libro de relatos Mujeres de vida alegre (2009), dieciséis cuentos, mas una carta de amor y tres cartas de desamor y una carta a Patricia, que son un deleite; compartiré de los que he leído y disfrutado plenamente, con esos boleros de antaño que fueron la fuente de su inspiración, a la vez del erotismo expresado de manera genial aunado a un cautivan-te sentido del humor.

La ilustración es del artista plástico y poeta y psicólogo sancristobalense Marcial Báez
Doris Melo Mendoza* en su ensayo «Mujeres de vida alegre de Ligia Minaya: desarticulación del discurso masculino, considera que su discurso se interesa en despertar la conciencia de la mujer como un intento de descubrir quienes verdaderamente somos como sujeto pensante en esta sociedad que parece ser que las mujeres no tenemos voz.
Contenido de la obra:
El último bolero que bailé, 13.– Olor a santidad, 17.– Como socios arruinados, sin rencor, 23.–Mátame de pena, pero quiéreme, 29.– Aunque sea con borrones, 35.– Dos gardenias para ti, 39.– Sin ti, qué me puede ya importar, 43.– Te amaré toda la vida, 47.– Yo que te quise tanto, 51.– Háblame de ti, 59.– Ya no estás más a mi lado, 65.–Soledad, 71.– Mujer falaz, impostora de cariño, 75.– Om-paz-amén, 79.– El fuego sagrado del hogar, 81.– Esmeralda, 91.– Cartas de amor y desamor. Carta de desamor, 95.– Carta de amor, 97.– Cartas de desamor, 99.– Cartas de desamor, 103.–Carta a Patricia, 105.
- El ultimo bolero que bailé contigo, revela la pasión y el desengaño; Olor a santidad, trata de la muchacha Rutilia Meléndez, ‘morena, de parejo tono, sin una cicatriz ni un lunar siquiera, ni un rasguño que sugiriera imperfección alguna, como si Dios en vez de hacerla de vil y sucio barro la hubiera moldeado en porcelana fina’ todos en el pueblo la consideran una santa y la sorpresa de todos cuando ‘despertó aquella mañana de domingo con el vientre crecido como si tuviera siete meses de embarazo’, …’tenia que ser por obra y gracia de algo, un ángel, por ejemplo, que sin gozarlo o sufrirlo ella, le había encarnado su celestial materia.
- Como socios arruinados, sin rencor, revela nuestras obsesiones.
Trata de Flor Durán, cuyo novio Facundo Iriarte desde la adolescencia, la dejó plantada, se arremangó el traje, hizo del velo un nudo y se lo amarró a la cabeza y a zancadas se dirigió a su casa y se encerró a cal y canto y se volvió resabiosa ‘por la leche fría y el café caliente, por las noches de lluvia y los días de sol, por el olor penetrante del ylang ylang, por el ladrar de los perros que tenia en el patio, o por los gatos del vecindario que cada noche le daban una larga serenata de maullidos’; luego se marcha a Estados Unidos, la vida discurre, hasta que Facundo Iriarte, veintitrés años después de abandonarla, regresa a buscarla en el bar de la esquina mientras alguien cantaba:
«Sentémonos un rato en este bar, a conversar serenamente, echemos un vistazo desde aquí, a todo aquello que pudimos rescatar. Hagamos un balance del pasado como socios arruinados, sin rencor…»
Mátame de pena, pero quiéreme. Leonor era un pimpollo, Ruperto Matias, bien parecido, de suaves modales, hablar pausado, alto, bigote bien cortado y cabellos muy negros, cinco días después de llegar al pueblo se casó con ella. Al día siguiente, ella amaneció cantando,
«Yo no me di cuenta de que te quería/ hasta el mismo día en que te perdí/ y vi claramente lo que sucedía cuando ya no había remedio pa’mi / Llévame por calles de hiel y amargura,/ ponme ligaduras y hasta pégame,/ Échame en los ojos un puñao de arena, mata me de pena, pero quiéreme».
Aunque sea con borrones
Son tus cartas mi esperanza, mis temores y alegrías, y aunque sean tonterías escríbeme, escríbeme. Tu silencio me conmueve, me preocupa y predispone, y aunque sea con borrones, escríbeme, escríbeme.
Ya no estas más a mi lado, trata de dos viudos que deciden unir sus vidas con sus respectivas descendencias, él diez varones, ella cinco mujeres, la vida resulta insoportable para ella, a pesar de tener una posición económica desahogada con servicio domestico abundante y ambos van a conversar al cementerio con su anterior pareja…
Espero sea una invitacion a la lectura de estos relatos que me han resultado interesantes.
*Doris Melo Mendoza es doctora en filosofía concentración en Literatura Hispanoamericana, ademas es psicóloga clínica.

