Lula resucita en las urnas: Brasil le cierra el paso a Bolsonaro y Trump recibe un revés político
Contra el resultado de la primera vuelta, Luiz Inácio Lula da Silva consigue un cuarto mandato presidencial. Una elección marcada por la incertidumbre, la polémica ampliación del horario de votación y una remontada que confirma la profunda división política del gigante sudamericano.
Por Redacción TeclaLibre | Santo Domingo
BRASILIA. — En Brasil, la política acaba de demostrar que los muertos electorales también resucitan. Y esta vez, el protagonista de semejante milagro no fue un predicador, sino un veterano sindicalista que, a sus 80 años, vuelve a desafiar las leyes del desgaste político.
Luiz Inácio Lula da Silva ganó este domingo 25 de octubre la segunda vuelta presidencial frente al senador Flávio Bolsonaro, heredero político del expresidente Jair Bolsonaro, y conquistó su cuarto mandato al frente del gigante sudamericano.
Con el 99,99 % de las secciones contabilizadas, Lula alcanzaba el 51,78 % de los votos válidos, frente al 48,22 % de Bolsonaro, una ventaja superior a 4,4 millones de sufragios, según los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE).
Pero la historia no está solamente en quién ganó, sino en cómo lo hizo.
El 4 de octubre, durante la primera vuelta, Flávio Bolsonaro había conseguido el 47,03 % de los votos, superando el 45,16 % de Lula.
Aquello parecía anunciar el posible regreso del bolsonarismo al Palacio del Planalto, esta vez de la mano del hijo del expresidente.
Sin embargo, tres semanas después, las urnas cambiaron el libreto.
Por primera vez en la historia electoral presidencial brasileña bajo el actual sistema de dos vueltas, el candidato que terminó segundo en la primera consiguió imponerse en la segunda.
La remontada plantea una pregunta inevitable: ¿votaron los brasileños por Lula o, en buena medida, contra el retorno del apellido Bolsonaro al poder?
Probablemente hubo ambas motivaciones, aunque establecer su peso requerirá estudios posteriores sobre el comportamiento electoral.
Dos horas adicionales y una tormenta de sospechas
La jornada no estuvo exenta de controversias.
Cuando se aproximaba el cierre de las urnas, una decisión del ministro Cristiano Zanin, del Supremo Tribunal Federal, amplió hasta las siete de la noche la votación en los centros que permanecían abiertos.
La medida respondió a denuncias sobre dificultades de transporte que podían impedir a numerosos ciudadanos ejercer su derecho al sufragio. La campaña de Bolsonaro también había solicitado una ampliación debido a las fuertes lluvias en algunas regiones.
La divulgación de resultados llegó a interrumpirse temporalmente.
En una nación políticamente polarizada, semejante episodio constituye terreno fértil para las sospechas.
Sin embargo, conviene distinguir entre las controversias sobre una decisión judicial y la existencia de irregularidades capaces de alterar el resultado. Lo primero está documentado; lo segundo no puede darse por demostrado sin pruebas.
Y ahí comienza otro desafío: que el resultado electoral sea aceptado sin convertir las diferencias políticas en una crisis institucional.
La noche en que el conteo cambió de dueño
El escrutinio también tuvo su propio dramatismo.
Lula comenzó encabezando los resultados parciales, pero Bolsonaro consiguió adelantarlo alrededor de las 7:46 de la noche. Durante aproximadamente 38 minutos, el senador mantuvo la delantera.
A las 8:24, Lula recuperó el primer lugar y ya no volvió a perderlo. El TSE confirmó matemáticamente su reelección poco después de las nueve.
La alternancia de posiciones durante el conteo reflejó la incorporación progresiva de votos procedentes de distintas regiones, no una prueba de manipulación electoral.
Trump también estaba mirando
Aunque los votos se depositaron en Brasil, las consecuencias políticas de la elección trascienden sus fronteras.
El bolsonarismo comparte con Donald Trump una afinidad ideológica en asuntos como el nacionalismo conservador, la crítica a sectores de la izquierda y la confrontación con determinados espacios del poder institucional.
Una victoria de Flávio Bolsonaro habría abierto posibilidades de mayor acercamiento político entre Brasilia y Washington.
La continuidad de Lula, en cambio, preserva en el Palacio del Planalto a un interlocutor que defiende una política exterior de mayor autonomía, el multilateralismo y la participación brasileña en los BRICS.
¿Significa esto una derrota personal de Trump?
No necesariamente. Pero sí representa un revés para las expectativas de quienes aspiraban a un gobierno brasileño ideológicamente más cercano al mandatario estadounidense.
Y en vísperas de las elecciones legislativas norteamericanas del 3 de noviembre, el resultado brasileño podría alimentar nuevas lecturas sobre el alcance internacional de las corrientes conservadoras. Sería excesivo, sin embargo, atribuirle un efecto directo sobre el electorado estadounidense sin evidencias.
Ganar la Presidencia no significa conquistar todo Brasil
El resultado deja otra realidad sobre la mesa: casi la mitad de los votos válidos fueron para Bolsonaro.
Lula gana la Presidencia, pero no recibe un cheque en blanco.
Su nuevo mandato estará condicionado por las exigencias económicas, las tensiones sociales, las relaciones con el Congreso y la necesidad de gobernar una sociedad profundamente dividida.
El bolsonarismo, por su parte, pierde las elecciones, pero conserva una fuerza electoral considerable.
Y esa diferencia es fundamental: una derrota presidencial no equivale a la desaparición de un movimiento político.
TeclaLibre | La última tecla
Brasil ha hablado, pero no necesariamente ha cerrado sus disputas.
Lula vuelve a imponerse cuando algunos daban por agotado su ciclo político. Flávio Bolsonaro demuestra que el apellido familiar conserva capacidad de movilización, incluso sin Jair Bolsonaro encabezando la candidatura.
Trump tendrá que seguir tratando con un presidente brasileño cuya visión del mundo no coincide siempre con la suya.
Y América Latina recibe una nueva señal de que sus grandes confrontaciones ideológicas continúan abiertas.
Porque, al final, las urnas brasileñas han dejado una paradoja digna de estos tiempos:
Lula ganó el derecho a seguir gobernando, pero Bolsonaro demostró que casi la mitad del país continúa dispuesta a disputarle el rumbo.
La elección terminó. La batalla política, evidentemente, no.
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