Todos sabemos que los padres desempeñan un papel fundamental en la formación de sus hijos. El mío, de quien heredé el nombre, también lo había recibido de su propio padre: Carlos Márquez.
Papá fue un trabajador incansable, un creativo fabricante de calzados, un parrandero de alma alegre y un ser humano profundamente solidario. Esta historia que escribí está dedicada a él:
Domador
de la materia prima,
aventurero de origen,
te evoco alto y espigado
con los ojos pardos
justificando duendes.
Padre del trabajo audaz,
del aprendiz
sin prisas,
te tengo a flor
de labios
de grosellas,
y al hablar
te nombro
bailando sones
tocados por los grillos.
Padre,
mi pensar es,
que el rosario y el Cristo
pendiendo de la vieja,
te poseyeron de pesadillas.
Las recuerdo,
me pertenecen,
como me pertenecen
mis sueños
que no imitan los tuyos.
Pienso padre
que los labios masudos
de la abuela,
te enseñaron oraciones
medievales
que te imploran..
jugar todo,
bailar más,
quedar sin nada,
trabajar siempre.
Autor: Carlos Marquez

