-Netanyahu y Rubio: la foto, la retórica y el silencio incómodo sobre Qatar-
Jerusalén volvió a ser escenario de la diplomacia de cartón piedra: el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el flamante secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, se sentaron juntos para mostrar unidad, aunque el fantasma del bombardeo israelí en Doha flotaba sobre la mesa como invitado no deseado.
Netanyahu no pierde oportunidad de recordar que Donald Trump es su “amigo personal” y que, gracias a esa hermandad y a los bombardeos sobre Irán, Oriente Próximo sería ahora “menos peligroso”. ¿Menos peligroso para quién? Misterio. La narrativa es sencilla: Israel es el centinela de la “civilización estadounidense” en la región, aunque los muertos caigan del lado palestino o árabe.
Con gesto grave, el premier justificó el ataque en Qatar contra una delegación de Hamás, en el que murieron cinco militantes y un funcionario qatarí: “Fue una decisión completamente independiente”. Traducción: lo hicimos solos, pero el guiño a Washington es evidente.
El senador convertido en canciller estadounidense eligió la prudencia zen: ni una palabra de reproche a Israel, pese a que el propio Trump había pedido a Netanyahu ser “muy, muy cuidadoso” con Qatar, socio petrolero y aliado de Washington. Rubio, con su sonrisa diplomática, prefirió hablar de “mirar hacia adelante”. En otras palabras: borrón y cuenta nueva, aunque el borrón incluya cadáveres.
Para ambos, el futuro de Gaza pasa por la “eliminación” de Hamás. “La población de Gaza merece un futuro mejor”, dijo Rubio, aunque el método para alcanzar ese futuro, según su socio israelí, implique seguir derribando torres y reduciendo la Franja a escombros en nombre de la seguridad.
Netanyahu, fiel a su manual, volvió a invocar el 11 de septiembre. “Hipocresía”, dijo, porque nadie criticó entonces las guerras de Estados Unidos. Pero el paralelo tiene filo: ¿se convierte Israel en el sheriff global con licencia para bombardear en terceros países? Para Netanyahu, sí. Para el Derecho Internacional, la respuesta es más incómoda.
Rubio se permitió una puntada final: tachó de “simbólicas” las iniciativas de reconocer al Estado palestino. Según él, esas decisiones sólo envalentonan a Hamás. Lo que no dijo es que, simbólicas o no, evidencian el aislamiento creciente de Israel en buena parte del mundo.
Un acto diplomático, mucha retórica de “batalla común”, y una gran omisión: el choque entre el “gran aliado” de Washington, Qatar, y la ofensiva israelí que amenaza con abrir otra grieta en la siempre resquebrajada fachada de Oriente Medio.
-Luis Rodriguez Salcedo, para TeclaLibre-
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