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Regalos espirituales, los verdaderos tesoros de la navidad

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Por: Ana Mirtha Vargas /
En la Nochebuena los regalos espirituales, aquellos que no se ven, pero se sienten, son los verdaderos tesoros de esta celebración.

La fe, por ejemplo, nos da fortaleza para enfrentar las dificultades; la esperanza, nos permite mirar el futuro con optimismo y confianza; el amor, nos impulsa a servir, a lidiar nuestras diferencias y comprender que los hechos siempre hablarán más alto que las palabras.

La celebración de la Nochebuena es, sin duda, una de las fiestas más entrañables y esperadas del año. La Nochebuena representa la preparación espiritual para recibir el nacimiento del Niño Dios en cada uno de nosotros.

 Es una oportunidad para renovar la fe, la esperanza y el amor, y para abrir el corazón a los regalos espirituales que, aunque invisibles, transforman nuestra vida profundamente. Es un día que trasciende las luces, las cenas en familia y los detalles u obsequios que se intercambian.

En distintas partes del mundo, la Nochebuena se vive con alegría, música y reuniones familiares. Sin embargo, con frecuencia olvidamos el verdadero significado, qué celebramos, y como podríamos gratificar al homenajeado. Si deberíamos ver su rostro en cada ser humano que encontramos a nuestro paso.

Preparar el nacimiento en el corazón implica mirar hacia adentro, revisar nuestras acciones y pensamientos, y buscar la reconciliación con nosotros mismos y con los demás. Las oraciones, las novenas y las lecturas bíblicas que anteceden la Navidad ayudan a cultivar ese espacio de recogimiento, permitiendo que el mensaje de la divinidad renazca dentro de lo más profundo de nuestro ser.

Así como en los hogares se prepara el pesebre como símbolo de bienvenida, cada persona está llamada a preparar su propio “pesebre interior”. Limpiar el corazón de rencoresresentimientos y temores es parte esencial de esta preparación y acunar actitudes que nos permiten crear un espacio digno para recibir al Niño Dios.

La reflexión personal y el silencio, siempre ausente en medio de la algarabía de las fiestas, sin embargo, son instrumentos que heredamos de los antiguos que nos ayudan a escuchar esa voz interior que nos invita a renovarnos, recordar lo esencial y darle sentido a la celebración que nos ocupa.

En las fiestas familiares a veces se producen escenarios donde se exhiben las diferencias y complicaciones que pueden arruinar el momento.

En la Nochebuena los regalos espirituales, aquellos que no se ven, pero se sienten, son los verdaderos tesoros de esta celebración.

La fe, por ejemplo, nos da fortaleza para enfrentar las dificultades; la esperanza, nos permite mirar el futuro con optimismo y confianza; el amor, nos impulsa a servir, a lidiar nuestras diferencias y comprender que los hechos siempre hablarán más alto que las palabras.

La paz interior, el agradecimiento, la compasión y la capacidad de compartir también son dones que podemos cultivar y ofrecer no solo en Navidad, sino siempre. Al entregar una sonrisa, una palabra de aliento o simplemente tiempo a los demás, estamos proporcionando regalos espirituales que, a menudo, son los más valiosos y duraderos.

Recibir al Niño Dios en la Nochebuena es permitir que renazca en nosotros la bondad, la humildad y el deseo de construir un mundo mejor. Es asumir el compromiso de ser luz para quienes nos rodean y de renovar la fe en la humanidad.

Así, la Nochebuena deja de ser solo una tradición y llega a ser un compromiso profundo con lo sagrado en nosotros, una invitación a vivir la Navidad con sentido, autenticidad y gratitud, abriéndonos ser parte de un faro que ilumina nuestro camino y el de quienes nos acompañan.

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