Trump contra Obama: la traición como cortina de humo en medio del caso Epstein
Por Teclalibre Digital
Washington, D.C. – 22 de julio de 2025
Donald Trump ha vuelto a poner en marcha su maquinaria de acusaciones, esta vez apuntando directamente contra su antecesor, Barack Obama, a quien tilda de “traidor” y señala como cerebro de una supuesta conspiración para deslegitimar su victoria electoral en 2016. El exmandatario republicano exige incluso que Obama sea juzgado, amparándose en supuestos documentos desclasificados y teorías que, como en otras ocasiones, carecen de pruebas sólidas.
El portavoz del expresidente demócrata, Patrick Rodenbush, respondió con una mezcla de incredulidad y hartazgo: “Estas extrañas afirmaciones son ridículas y un débil intento de desviar la atención”. Rodenbush subrayó que, aunque la oficina de Obama normalmente evita responder a las “constantes tonterías” de Trump, esta vez las acusaciones son lo suficientemente “indignantes” como para ameritar una respuesta.
En un nuevo capítulo de su conocida narrativa conspirativa, Trump no se limita a lanzar sospechas vagas: asegura que Obama dio órdenes específicas para manipular el discurso mediático tras las elecciones de 2016, involucrando a agencias de inteligencia y a medios como The Washington Post. El objetivo, según el magnate, habría sido fabricar la tesis de que Rusia intervino cibernéticamente en los comicios para favorecer su victoria. “Los papeles están firmados”, vociferó Trump desde la Casa Blanca, sin mostrar dichos documentos.
¿Desespero o estrategia?
Mientras los medios debaten sobre estas incendiarias declaraciones, una parte de la prensa demócrata —y también algunos republicanos moderados— señalan lo obvio: Trump está intentando desviar la atención del creciente escándalo que vuelve a sacudir su entorno, el caso de Jeffrey Epstein. La reciente publicación de documentos desclasificados que podrían arrojar nueva luz sobre las redes de tráfico sexual de menores ligadas a Epstein —y su círculo de poderosos amigos— ha despertado temores en el equipo de Trump, según fuentes del Capitolio.
No parece casualidad que mientras se filtran nombres incómodos vinculados al difunto financista, el expresidente recurra al comodín del «complot Obama». De hecho, en su red Truth Social compartió un grotesco video generado con inteligencia artificial en el que se muestra al expresidente siendo arrestado en la Oficina Oval. Un montaje que, aunque evidentemente falso, circuló masivamente entre sus seguidores más fervorosos.
La obsesión con 2016 (y 2020)
Trump insiste —como desde hace años— en que las elecciones de 2020, en las que fue derrotado por Joe Biden, también fueron “robadas”. Ahora fusiona ambas narrativas: dice que la conspiración que comenzó en 2016 continuó en 2020, siempre con Obama como titiritero en la sombra. Según Trump, los supuestos implicados habrían marcado documentos clave como “altamente clasificados” para ocultar sus crímenes. “Pues bien, lo altamente clasificado se ha hecho público”, afirmó, aunque sin entregar evidencia alguna.
El juicio paralelo de la posverdad
En la era de la desinformación como arma política, Trump ha perfeccionado el arte del ruido. Acusa para evitar ser acusado, y cuando se ve acorralado por revelaciones incómodas (como las relacionadas con Epstein), lanza una granada mediática. Esta vez ha explotado en la puerta de Obama, una figura aún influyente y popular tanto dentro como fuera del país.
¿Hasta dónde llegará esta “cacería de brujas” inventada? ¿Qué busca realmente Trump al reavivar teorías sin sustento sobre conspiraciones demócratas, rusas y mediáticas? La respuesta parece estar en su estilo: dominar la conversación pública, ocupar los titulares y convertir sus problemas legales y éticos en un espectáculo político.
Mientras tanto, los verdaderos problemas del país siguen sin resolverse. Pero para Trump, lo importante no es gobernar ni rendir cuentas, sino mantenerse en el centro del escenario, aunque sea a costa de dinamitar la credibilidad de las instituciones y de sus propios predecesores.

