A las puertas de unas legislativas decisivas, el mandatario promete un reparto multimillonario condicionado a retener el Congreso, desatando una tormenta de escepticismo fiscal en Washington y encendiendo las calculadoras de la diáspora en el Caribe.
EL CHEQUE DE LOS US$5 MIL.
El micrófono del Convention Center en Dallas retumbaba. A menos de dos meses de unas elecciones legislativas decisivas, Donald Trump soltó la bomba con su estilo inconfundible: un cheque de 5,000 dólares para cada adulto en los Estados Unidos. ¿La condición? Que el Partido Republicano mantenga el control del Congreso. El anuncio, bautizado al instante como el «Dividendo Trump», encendió las alarmas económicas, políticas y legales a escala global.
Allá en el norte, la tormenta no se hizo esperar. La oposición demócrata, con Gavin Newsom a la cabeza, catalogó la medida como un intento descarado de comprar votos utilizando los fondos públicos, mientras el Comité Nacional Demócrata tildaba la propuesta como una quimera electoral impagable. Pero el impacto también sacudió las filas propias. En el Capitolio reinó el desconcierto y algunos legisladores conservadores cuestionaron en voz alta de dónde saldría una partida fiscal que supera con creces el billón de dólares. Ante el revuelo, el vicepresidente JD Vance salió al paso para intentar matizar el golpe, asegurando que no se trata de una dádiva, sino de un dividendo condicionado al crecimiento económico de la nación.
Por su parte, Wall Street y los analistas financieros de Washington no tardaron en ponerle números a la promesa. Marc Goldwein, del Comité para un Presupuesto Responsable, advirtió que desembolsar semejante suma costaría más de 1.2 billones de dólares, superando las tres rondas de estímulos aprobadas durante la pandemia juntas. Para los economistas, inyectar ese mar de dinero en la calle en un momento de fragilidad fiscal dispararía la presión inflacionaria a niveles insostenibles.
De este lado de la geografía, en la República Dominicana, el eco del discurso se sintió de inmediato. En las comunidades de la diáspora en Nueva York, Florida y Boston, la promesa se recibió entre la ilusión del dinero fresco y la zozobra de que una nueva ola inflacionaria termine devorando el poder adquisitivo del alquiler y las remesas. En el ámbito financiero local, la mirada es de cautela. Aunque una inyección masiva de dólares en EE. UU. impulsa el envío de dinero hacia Quisqueya en el corto plazo, el reverso de la moneda es peligroso: un rebrote de la inflación estadounidense forzaría a la Reserva Federal a encarecer el crédito, afectando directamente las economías del Caribe.
Al noti-analizar el escenario al estilo TeclaLibre, queda al descubierto la filigrana de la propuesta. En el plano legal, juristas de la Universidad de Columbia recuerdan que prometer políticas públicas masivas durante una campaña no constituye un delito electoral técnico, pero la cláusula de apropiaciones exige la aprobación obligatoria del Congreso, dejando la medida atrapada en el terreno puramente retórico. Desde la óptica económica, pretender financiar más de un billón de dólares mediante aranceles requeriría años de recaudación extraordinaria, amenazando con sobrecalentar la economía. En lo político, sin embargo, el movimiento es una maniobra de alto impacto mediático diseñada para movilizar al electorado abstencionista en unas elecciones de medio término que se prevén apretadas. La propuesta funciona como un potente titular de campaña, aunque su aterrizaje real dependa de un Congreso que pocas veces firma cheques en blanco.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre– rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada/


