Por Luis Rodríguez Salcedo /
Mazzeo subraya tres vectores que ayudan a entender la poética de Carlos Márquez en Neruda en la gloria: un “sello inconfundible”, la gravitación de la historia y la geografía como método de escritura, y la musicalidad de una oda que no se limita a exaltar al poeta chileno, sino a reubicarlo en un mapa humano y continental.
1) El “sello inconfundible”
Cuando Mazzeo habla del sello de Márquez, remite a un conjunto de rasgos reconocibles:
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Mirada histórica que no usa la referencia como adorno, sino como eje de sentido.
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Geografía afectiva: los lugares no son escenarios, son personajes (Isla Negra como emblema, pero también América como archipiélago de memorias).
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Enumeración y paralelismos: una sintaxis que avanza por oleadas, con series y repeticiones que construyen impulso emotivo.
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Ética de la celebración crítica: homenaje con conciencia, sin ingenuidad.
2) Historia y geografía como método
Márquez compone desde una cartografía de nombres y sitios que ancla al Neruda múltiple: el diplomático, el exiliado, el senador, el cantor de minas y pescadores. Es una estrategia doble:
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Transfiguración poética que convierte ese dato en símbolo.
Así, la geografía deja de ser postal para convertirse en territorio moral: lugares donde la voz poética toma posición. 
3) Cadencia, nombres y metáforas
La “cadencia de sus versos”, que destaca Mazzeo, suele nacer en Márquez de:
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Anáfora y gradación: repeticiones iniciales y ascensos rítmicos que generan un tono de letanía civil.
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Nombres propios como anclas de memoria: el uso de nombres (personas, sitios, obras) no corta el fluir lírico; lo densifica y devuelve la poesía al mundo concreto.
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Metáforas materiales (piedra, sal, océano, cobre, viento): una imaginería que dialoga con la materia de la que están hechos Neruda y su tiempo.
4) Más allá de “el poeta de Isla Negra”
Márquez “no escatima esfuerzos” porque ensancha el retrato: rescata al Neruda que canta a los oficios y a las cosas, pero también al que discute poder, historia y destino americano. Reivindicar aquí no es venerar; es re-situar:
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De la mítica casa frente al Pacífico a la América total de Canto general.
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Del icono biográfico al sujeto histórico con luces y zonas ásperas.
Esa amplitud impide el hagiograma y acerca la oda a una biografía coral.
5) Continuidades con La taza de la tía
La mención de Mazzeo a La taza de la tía es clave: allí, un objeto cotidiano se vuelve relato de época; en Neruda en la gloria, el objeto es un nombre propio que se abre como casa, puerto y archivo. En ambos casos, Márquez eleva lo concreto —una taza, una costa, un apellido— hasta volverlo símbolo compartido. Esa continuidad explica la sensación de “sello”: memoria minuciosa + transfiguración lírica.
6) Aporte a la tradición dominicana y latinoamericana
Desde República Dominicana, Márquez suma una mirada caribeña que des-centra el eje andino-chileno y propone un diálogo sur-sur: Neruda leído desde la isla, con mar caribe y memoria antillana. El resultado:
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Interamericanidad: puentes entre archipiélagos, cordilleras y litorales.
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Lengua de alta temperatura que, sin caer en barroquismos, conserva densidad y pulso.
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Oda cívica: un género clásico actualizado para pensar nuestro presente.
7) Riesgos y equilibrios
Toda oda a un gigante corre dos riesgos: el panegírico plano y la reducción didáctica. Márquez los esquiva cuando:
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Mantiene contrapuntos (el Neruda íntimo junto al público; el político junto al lírico).
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Integra ambivalencias sin borrar las aristas del personaje.
Si el texto preserva esa tensión, la “gloria” del título no es pedestal sino luz oblicua que revela grietas y grandezas.
8) Para editores y lectores
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Entrada sugerida: “Una oda que vuelve a poner a Neruda en la conversación viva de América: desde la isla, con nombres y lugares que laten”.
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Claves de lectura: escuche la música de las repeticiones; subraye los nombres propios; siga el mapa (cada topónimo abre un tema).
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Paratexto ideal: breve nota que aclare la intención de “re-situar” a Neruda y no solo celebrarlo.
Lo que Mazzeo reconoce —y conviene subrayar— es que Neruda en la gloria no imita a Neruda: lo conversa. Márquez no escribe a contraluz del chileno para verse más grande, sino al lado, señalando paisajes, oficios y memorias que completan el retrato. En esa conversación se afirma su “sello”: una poesía que piensa con mapas y fechas, que celebra sin ingenuidad y que devuelve el género de la oda a su vocación pública: cantar, sí, pero también poner en su sitio a los grandes para que vuelvan a hablarnos de lo que somos.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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