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EDITORIAL: Creemos en la paz a firmarse sobre el papel, pero nos preocupa la disonancia de Netanyahu ante el acuerdo
Carlos Márquez /
El mundo empezó a respirar aliviado este lunes. Estados Unidos e Irán, tras casi cuatro meses de guerra abierta, firmaron un acuerdo preliminar que detiene las operaciones militares, reabre el estratégico estrecho de Ormuz y libera fondos congelados por miles de millones de dólares. Pakistán actuó como mediador. Donald Trump lo anunció con estruendo.
Los mercados celebraron con una caída petrolera del cuatro por ciento.
Todo esto indica que la diplomacia, por esta vez, empieza a ganarle la partida a la barbarie y a los misiles.
Pero ese alivio no debe confundirse con la paz definitiva, porque mientras las plumas se preparan para firma en Washington y Ginebra, en Jerusalén se afilaban las cuchillos y se recargan la pólvora y el plomo del exterminio.
La paradoja es cruel y reveladora. Justo cuando los dos grandes adversarios del tablero regional deponen la lucha sobre el papel, desde el gobierno de Benjamin Netanyahu y desde las altas cúpulas militares sionistas emerge una posición unificada de rechazo profundo al entendimiento.
Un alto funcionario israelí, citado por el canal Channel 13 y recogido por The New Arab, calificó el acuerdo entre Estados Unidos e Irán como catastrófico para Israel.
Y lo más grave fue lo que añadió, cuando dijo que existe un amplio consenso en todo el liderazgo israelí, desde Netanyahu hasta el alto mando militar, sobre esta valoración. Es que, sobre este último entendimiento no hay disonancia interna en Israel.
Existe una posición de bloque contra el acuerdo que sus principales aliados acaban de firmar.
Las declaraciones de los jefes militares son un rosario de desafíos explícitos.
El Jefe del Estado Mayor de las FDI, Teniente General Eyal Zamir, declaró el dos de junio, trece días antes del anuncio del acuerdo, las siguientes palabras textuales- en Líbano, no hay alto el fuego para nuestras fuerzas.
El referido oficial añadió- estamos trabajando para maximizar la libertad de acción que se nos ha concedido y aprovecharemos cada oportunidad para eliminar las amenazas.
El pasado ocho de junio, Zamir lanzó una advertencia directa a Irán., diciendo que – el intento de Irán de dictar nuevas reglas y alterar la realidad fracasará y que el ataque que llevamos a cabo en la otrora, Persia fue una preparación para un golpe mucho más significativo y poderoso.
Siguio diciendo que, en Israel Estamos preparados para regresar y asestar otro golpe severo y profundo contra Irán.
Más adelante, el día catorce de junio, víspera del anuncio del acuerdo, Zamir volvió a pronunciarse refiriendo que -las FDI, en todas sus ramas, están preparadas para regresar inmediatamente al combate contra el régimen terrorista iraní.
En pocas palabras, esa sistemática postura del alto mando militar de Israel revela que, mientras el mundo negocia, el ejército israelí se prepara para atacar de nuevo.
En el plano político, las declaraciones no son menos elocuentes. El ministro de Defensa, Israel Katz, fue extraordinariamente claro el día después del anuncio del acuerdo.
Dijo que el ejército no se retirará del Líbano a pesar de toda la presión actual y futura, añadiendo que, Netanyahu y él persiguen una política de mantener los despliegues militares israelíes en los territorios ocupados en Líbano, Siria y Gaza de forma indefinida.
Esa frase- mantener de forma indefinida los despliegues militares en las areas ocupadas -es la negación misma del espíritu de cualquier acuerdo de paz que pretenda desescalar y desocupar.
De su lado, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, fue incluso más lejos al calificar el acuerdo de Trump como no vinculante para Israel.
Dijo textualmente- el acuerdo de Trump no nos obliga. Israel no está subordinado a Estados Unidos. Somos un Estado independiente y soberano. No somos socios de este acuerdo, que no sirve a nuestra seguridad, y no nos vincula de ninguna manera.
Con esas declaraciones, Ben-Gvir, evidentemente- desprecia el acuerdo con un lenguaje de confrontación abierta contra el principal aliado histórico de Israel, que es Estados Unidos,
En consonancia con todo lo expuesto, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, en una declaración conjunta con Katz tras los ataques israelíes sobre Beirut del trece de junio, declaró que, Israel no tolerará disparos contra su territorio.
Esa fa frase, dicha en el momento crítico de las negociaciones, indica que la respuesta militar israelí es automática y que no será moderada por ningún acuerdo diplomático.
Hay que hacer notar que tensión generada por el gobierno israelí, ante los esfuerzos de paz que hace la actual administración de Estados Unidos provocó que el propio Trump calificara a Netanyahu de persona muy difícil.
Trump le reprendió, con la crudeza que lo caracteriza, diciendo- debería estar muy agradecido con nosotros por hacer esto.
Si Irán tuviera un arma nuclear, Israel no existiría en dos horas.
Trump justifica el acuerdo como una forma de salvar a Israel de la aniquilación nuclear.
Netanyahu y sus generales lo rechazan por considerarlo catastrófico para su seguridad. Esa, no otra es la gran paradoja y la gran contradicción del momento.
El aliado cree salvar al aliado. El aliado cree que lo están condenando.
Pero el riesgo real no es teórico. Si el gobierno israelí considera el acuerdo como catastrófico, sus acciones futuras pueden estar orientadas a hacerlo inviable.
Inviable con bombardeos preventivos contra instalaciones nucleares iraníes que queden fuera del acuerdo, sabotajes encubiertos., ataques selectivos contra comandantes iraníes en Siria o Líbano.
Cualquiera de esas acciones haría fracasar la fase dos de la negociación, la fase nuclear que se extenderá por sesenta días, y devolvería a la región a un estado de guerra latente o abierta.
Entonces el acuerdo preliminar quedaría reducido a un mero armisticio, a un respiro breve antes de la tormenta por venir.
Por todo ello, aquí debemos detenernos y recordar lo esencial.
Y es que, pese a la dureza de las indicadas declaraciones, pese al lenguaje belicista que llega desde Jerusalén, pese a que los generales israelíes anuncian que están listos para atacar inmediatamente, la esperanza no puede morir.
La historia nos enseña que ninguna guerra se ha resuelto con más guerra.
La única salida duradera de este laberinto infinito de violencia es la diplomacia.
El acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán es una ventana abierta. Una grieta en el muro de la confrontación. Y aunque Netanyahu y sus comandantes la consideren catastrófica, esa palabra, catastrófico, es la prueba de que están viendo el fin de un mundo que les resultaba cómodo; el mundo de la amenaza perpetua, del enemigo a la puerta, de la coartada militar permanente.
La diplomacia debe imponerse. Es el único camino realista.
Teclalibre Multimedios entiende que la comunidad internacional tiene ahora la responsabilidad ineludible de presionar a todas las partes, incluido Israel, para que no conviertan este acuerdo en papel mojado.
La ONU, la Unión Europea, los países árabes que aplaudieron el entendimiento, todos deben tender puentes hacia Jerusalén para mostrarle a Netanyahu y a sus generales que la paz con Irán, incluso siendo imperfecta, es infinitamente mejor que la guerra sin fin.
El camino de la guerra trazado por Netanyahu y sus generales solo deja escombros, huérfanos y una región entera condenada a vivir con el dedo en el gatillo.
El acuerdo preliminar es una ventana abierta. Que no se cierre por la tozudez de quienes confunden la guerra con la identidad.
Que la diplomacia, lenta, frágil, se imponga sobre el estruendo encendido de los bombardeos. Porque si algo hemos aprendido de tantas décadas de conflicto en Oriente Medio es que la paz nunca llega por la fuerza bruta.
Llega cuando alguien decide que ya es suficiente de sangre. Ese alguien puede ser la presión internacional que lo obligue a sentarse en la misma mesa.
La esperanza, sigue siendo la única brújula que no ha fracasado del todo.
Es por ello que en Teclalibre Multimedios, creemos en la paz a firmarse sobre el papel el próximo viernes en Ginebra; pero nos preocupa la disonancia de Netanyahu y sus generales, ante el acuerdo.