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EDITORIAL: En Ormuz los cargueros vuelven a navegar y los diplomáticos reemplazan a los generales

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Por Carlos Márquez Cabrera /

La historiografía no se escribe con pólvora. Se escribe con tinta.

Hoy, en un resort de Suiza, vía firmas electrónicas que cruzaron océanos, Estados Unidos e Irán sellaron un memorándum de 14 puntos históricos que ponen fin a meses inútiles de confrontación armada.

Desde el Palacio de Versalles, cuna de tratados que reconfiguraron Europa, el presidente Trump estampo su huella escritural. Desde Teherán, el presidente Pezeshkian hizo lo propio.

Y entre ambos, como un eco del viejo mundo que aun cree en la diplomacia, el primer ministro de Pakistán, también rubricó, en su tol de mediador.

Tres lideres, tres mundos y un solo documento.

El memorándum de Islamabad, como ya se le denomina, no es un tratado de paz.

Es un alto el fuego con condiciones. Es el reconocimiento de que ambas potencias llegaron al límite de sus capacidades y necesitan una salida.

Se firmó, el cese inmediato de hostilidades en todos los frentes, reapertura del Estrecho de Ormuz, levantamiento del bloqueo naval estadounidense, liberación escalonada de 24 mil millones de dólares en activos iranies congelados e inicio de un periodo de 60 días para negociar el futuro nuclear, la reconstrucción y el destino de las sanciones.

Por ello, los cargueros vuelven a navegar. Sin embargo, aún no es momento para celebrar. El verdadero desafío comienza ahora. El alto el fuego es el preludio.

Ahora empieza el ajedrez diplomático, responsable de garantizar si el acuerdo sobrevive o se desmorona. Esto, a partir de la cláusula sobre el enriquecimiento de uranio que, podría ser el talón de Aquiles del acuerdo.

Al respecto, el Organismo Internacional de Energía atómica ha exigido seguimiento técnico, pero Irán ya ha dejado claro que su programa de misiles no es negociable.

Si no se logra un consenso en este punto, el conflicto podría reanudarse con mayor virulencia. La historia del Plan de acción Integral Conjunto de 2015 es un recordatorio doloroso de aquel acuerdo. El Estrecho de Ormuz es llave del mundo. Aunque se ha reabierto, la cláusula solo garantiza el paso gratuito por 60 días.

Irán ya ha insinuado que cobraria tarifas de servicio por el tránsito, una postura que choca frontalmente con los intereses de Estados Unidos y los países del Golfo. Controlar Ormuz es controlar el precio del petróleo.

Y controlar el precio del petróleo es tener una palanca de poder global, por lo que ese punto podría convertirse el una enorme piedra que estanque acuerdos definitivos.

Asimismo, los 300 mil millones de dólares del fondo de reconstrucción son una espada de doble filo. Para Irán, es la oportunidad de recuperarse de años de sanciones y conflictos.

Para Estados Unidos y sus aliados, es el riesgo de que esos fondos terminen financiando el programa de misiles o las redes de poder del IRGC. La pregunta incomoda que nadie quiere hacer es como garantizar que el dinero vaya a escuelas y hospitales, y no a túneles subterráneos y centrifugadoras.

Entonces, la nueva batalla no se librará en el Estrecho de Ormuz. Se librará en las salas de negociación en las que urge crear créditos de alta confianza entre las partes.

En las negociaciones, Estados Unidos, tendrá que convencer y demostrar que puede cumplir acuerdos, luego de haber incumplido el JCPOA en 2018.

En tanto, Irán, por igual, deberá convencer a su propia población y a sus facciones internas de que este acuerdo no es una trampa. El líder supremo iraní ha tenido que acallar a los radicales que califican el dialogo como prohibido.

Ese despliegue de confianza tendrá que convencer a las demás naciones del Golfo, que observan con aprensión. Lo que ocurra en los próximos 60 días no definirá solo el destino de Irán y Estados Unidos, esclarecerá el discurrir del orden global.

Desde Teclalibre Multimedios, apreciamos que, en el fondo, lo que acaba de iniciarse es una exploración de la transparencia ética que evidencie la sinceridad de quienes van a seguir rigiendo la estabilidad universal en un marco de confianza y de justicia.

Hoy que los bombardeos han cesado, y los diplomáticos empiezan a ocupar el lugar de los generales es, el momento preciso, para relanzar la esperanza a fin de que, Estados Unidos e Irán abran los ventanales para amanecer de una nueva era que cierre por siempre las negras noches de fuego y de tormentos.

Y que, en ese agradable clima de confianza, los cargueros sigan navegando, desde y, hacia los puertos del progreso y el crecimiento respetuoso de todas las naciones.

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