Taiwán, una isla asiática de 23 millones de habitantes, es el epicentro de una revolución tecnológica medida en nanómetros, una unidad de longitud equivalente a la millonésima parte de un milímetro. Su territorio se ha convertido en la fábrica mundial de chips de última generación que emplean las grandes tecnológicas como Apple, Nvidia o AMD. Gracias a una política industrial desarrollada desde la década de los ochenta, Taiwán fabrica el 90% de los semiconductores avanzados del planeta y la gran mayoría de esta proveeduría proviene de una sola empresa: Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC). Solo en el primer semestre del año, TSMC —el mayor contratista mundial para la fabricación de microprocesadores— reportó ingresos por 75.000 millones de dólares.
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