Juana Gissel Beltrán Soriano pondrá en circulación este sábado 20 de junio su primer poemario que tiene por titulo: «El ruido eterno de mi silencio» en el Centro Cultural Casa Libros, ubicado en la calle Moises Garcia #3 cerca del Palacio Nacional.
La joven Beltrán desde temprana edad, demostró ser una niña amable, cariñosa y amante de la literatura, pues creció en un entorno donde la caricia constante del arte de la poesía en las manos y el pensamiento de su madre, María Estela Soriano, la deleitaba. Así mismo, abrazaba la forma tan peculiar en la que su abuela le narraba cuentos populares y recitaba las décimas de Juan Antonio Alix. También recuerda con especial cariño a su maestra Ingrid Ureña, quien la invitó a declamar los primeros versos a las madres, a la edad de 4 años.
Sus estudios primarios y secundarios le otorgaron la posibilidad de impulsar su talento en la escritura de versos. Más adelante, movida por su dedicación y compromiso en su preparación académica, adquirió habilidades y destrezas que la llevaron, con el apoyo de su madre y la poeta Gladys Almonte, a participar en las tertulias literarias que dirigía la agrupación «Mujeres de Roca y Tinta». De igual manera, ha sido parte de algunas obras de teatro.
Inició sus estudios superiores en la Universidad Abierta para Adultos (UAPA), adquiriendo el título en Ciencias de la Educación Mención Lengua Española. Como docente, se actualiza participando en talleres de escritura creativa, simposios, tertulias, y formación teatral. Recientemente, culminó la Maestría en Lengua Española y Literatura en el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña (ISFODOSU).
Es también poeta y dramaturga con una gran sensibilidad, lo que la inspiró a tener a su cargo «motivaciones para leer buenas obras literarias» en la «Sala Camila de Animación a la Lectura durante la XXII FIL (2019), gracias a la señora Rosina Anglada. Más adelante, con el propósito de seguir promoviendo el amor por el arte, en 2020, decidió reunir a varios jóvenes de su comunidad con el mismo interés de llevar un mensaje de aliento a través de la poesía, y de sensibilidad hacia la difícil situación que nos aquejaba a todos: la pandemia.
En la actualidad, se desempeña como docente en su área de formación.
Compartimos algunos poemas de la joven poeta y maestra Beltrán Soriano:
EL NOMBRE QUE QUEDA
Aún no ha olvidado tu nombre.
Su mente es un bálsamo de lluvia fría.
Vive en penumbra, a veces,
y vuelve inquietos sus miedos.
Su pelo, color de algodón, suave,
como espumas que detienen los recuerdos.
Sus manos bailan sin entender el reloj
y sus años no han visto pasar la madurez de los sueños.
Entre sollozos en calma,
entre inquietantes madrugadas,
aún,
aún no ha olvidado tu nombre.
Su mente es un vaivén de despedidas,
recuerdos degradados
e ilusiones perdidas;
pero es en tu nombre que espera,
solo en tu nombre madruga.
Y no, aún no se esfuma tu nombre:
solo ha vuelto a ser el niño
que soltaba las cometas
cuando tu voz era nada.
SILENCIO PERENNE DE LA PENUMBRA
Existe un silencio que no duerme.
No grita.
Se inmuta.
Te vive
y te aprisiona con mitades de sombra.
Te abraza.
Te alcanza.
Te pierde en el umbral agónico de tus risas.
Allí yace él: calmado, silente,
perdido entre voces que asfixian las ganas.
En llantos bautiza
piedra en la memoria.
Te exige sin gritos:
¡No explores el mundo!
No sientas.
No sueñes.
No pintes el sol.
Tu mundo te basta.
No clames suspiros
ni añores tu voz.
Construye misterios
de calma vencida.
Angustia que arrastra
conciencia y olvido.
En luz y en la sombra
se oculta en la nada,
recreando historias.
Pero algo en ti se despierta.
Tu fuerza es tu templo.
Se vuelve consuelo;
susurra tu nombre,
despierta contigo,
repite en ti:
¡Vive y fastidia la noche!
¡Revístela en sol!
LA CARICIA DE UN POETA
Cada caricia de un poeta enamorado
sobre el ruido inquieto del silencio
oculto en las palabras
es una caricia al rostro de angustia
incesante entre los pueblos.
TIEMPOS MUERTOS
Quiero escribir en ti donde haga un eco
y hacer bailar a solas las palabras,
que lo diga todo sin que hagan falta,
que solo escuche un canto este silencio.
De risas y esperanzas cuando es calma,
de puras ilusiones cuando siente,
y oculta las razones que transforma
en un baile que todo lo embellece.
Quiero hacer de este canto un baile eterno
con un dulce beso en la mirada
y avivar este discurso enmudecido
que tanto alega y no se guarda nada.
En las coincidencias cría sus dudas
el ciclo que se alarga o se hace eterno;
pero si escribo en ti hoy más que nunca,
no aplaudirá el reloj mil tiempos muertos.
CALLES QUE ESTREMECEN
Cuando miro alrededor de las calles de mi pueblo,
no puedo resistir la melancólica realidad
de ver aquella incesante mirada
en aquellos que, en su día a día,
la violencia amarra.
Cruzan de un lado a otro,
calles y más calles,
y otras calles abrumadoras de la vida.
Pero es tan fuerte el sentimiento que se escapa
dentro de la más pequeña e inocente vida,
que sufre por los ataques que atraviesa el pecado
y vibra como lo amargo que lo sustenta.
Así, mirando la sangre que sus amores derraman
como tan ardiente llama
que retumba fuerte en sus corazones
y se enciende en los temores de perderse solos,
caminar descalzos
y sentir la aflicción
hasta ahogarse en llantos.
Cruzan de un lado a otro,
sin rumbo, sin vereda,
y con sus temores y un gran pánico
llaman a la inocencia que perdieron
para que exista paz
y todo cese.
Cruzan de un lado a otro
por esas calles que estremecen.


