Cuando el teléfono rojo pesa más que el balón: De la insólita llamada que perdonó una tarjeta roja a la ofensiva diplomática que tiene a la RFEF temblando. El eje Washington-Rabat-Riad arrincona a una España que confió su final a la inocencia deportiva.
Por: TeclaLibre
¿Alguien de verdad creía que el fútbol seguía perteneciendo a los futbolistas o a los románticos que pagan una entrada? Qué ternura.
Lo de Folarin Balogun no fue un error arbitral ni un exceso de celo del VAR; fue una demostración de poder en toda regla. Una lección de geografía política dictada desde Washington: el fútbol se juega con los pies, pero se decide con el teléfono. Si Donald Trump levanta el auricular para amnistiar a un delantero, la FIFA de Gianni Infantino dobla la rodilla y redacta el indulto con la velocidad de un pasante asustado.
Ahora, esa misma línea directa apunta a la joya de la corona del 2030. España, que se las prometía muy felices imaginando el pitido final en el remozado Bernabéu, asiste estupefacta a una jugada de laboratorio diplomático. Marruecos no solo está construyendo un coloso para 115,000 espectadores en Casablanca —un argumento técnico innegable ante los ojos comerciales de la FIFA—; ha sabido leer los hilos del nuevo orden mundial.
Rabat se mueve con soltura en los pasillos de Washington mientras España confía el destino de su final a la «diplomacia del buen rollito» de la Moncloa. Mientras el gobierno español balbucea excusas sobre charlas informales, el eje Trump-Rabat-Riad ya controla, según las malas lenguas de la prensa deportiva, 22 de los 37 votos del Consejo de la FIFA.
Nuestra Tecla: Al final del día, Infantino no responde a la historia del fútbol europeo ni a la tradición ibérica. Responde al mercado norteamericano y a los grandes bloques de poder emergentes. España corre el riesgo real de quedarse como el anfitrión secundario que pone las carreteras y los hoteles, mientras la foto de la gloria se la toman en el norte de África bajo la bendición del Despacho Oval. El VAR ya no está en los estadios; está en Washington.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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