Abinader advierte al Comité Nacional del PRM que el fin supremo es «servir a la democracia» ante la prematura carrera por la nominación presidencial de 2028
En un escenario marcado por movimientos estratégicos y alianzas tempranas entre los principales presidenciables del oficialismo, el mandatario frena las tensiones internas y exige preservar la unidad y el cuidado de la organización para blindar la gestión de gobierno.
El reciente llamado a la unidad y al «cuidado» institucional realizado por el presidente Luis Abinader ante el Comité Nacional del Partido Revolucionario Moderno (PRM) no es un discurso fortuito. Responde de manera directa al complejo panorama de transición que vive la organización oficialista de cara a las elecciones presidenciales de 2028.
Al estar constitucionalmente inhabilitado el presidente Abinader para buscar un nuevo mandato, el partido de gobierno se enfrenta al reto histórico de gestionar sus aspiraciones internas sin fracturar la organización.
El debate sobre el relevo presidencial comenzó a tomar fuerza de manera inmediata tras los últimos comicios. La advertencia del mandatario refleja la preocupación de que una campaña interna prematura termine por desgastar la gestión gubernamental o divida a la militancia.
Actualmente, el panorama de los «presidenciables» dentro del PRM se encuentra marcado por una clara polarización y el surgimiento de varios bloques tradicionales y emergentes.
Los análisis políticos coinciden en que la primera línea de competencia está protagonizada por David Collado (actual Ministro de Turismo) y Carolina Mejía (Alcaldesa del Distrito Nacional y Secretaria General del PRM). Ambos cuentan con altos niveles de simpatía popular y sólidas estructuras de apoyo tanto empresariales como políticas.
Figuras como Wellington Arnaud (director de INAPA), Guido Gómez Mazara y Yayo Sanz Lovaton, también se mantienen en el radar de las bases del partido. De igual forma, en los círculos de debate se baraja la posibilidad de una figura de absoluta confianza del sector del presidente Abinader, como la actual vicepresidenta Raquel Peña.
El Dilema de los Cargos Públicos Uno de los puntos que mayor fricción genera en diarios digitales y plataformas de opinión es la permanencia de los aspirantes en sus funciones ministeriales.
Existe una fuerte presión interna y externa para que aquellos precandidatos que manejan ministerios de alta visibilidad o presupuestos significativos (como Turismo o INAPA) tomen licencias o renuncien formalmente a sus cargos con suficiente antelación. Esto busca mitigar las acusaciones de la oposición sobre el presunto uso de recursos del Estado en actividades proselitistas.
Políticos y analistas recuerdan el espejo histórico del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), cuya división en 2019 —provocada precisamente por la pugna por la nominación presidencial— catalizó su salida del poder. El PRM, al ser un partido surgido de una división previa (del antiguo PRD), carga con el fantasma del fraccionalismo, razón por la cual Abinader insiste en que el objetivo supremo debe ser «servir a la democracia».
Las plataformas digitales reflejan una división de opiniones respecto a la advertencia del mandatario:
Los leales a la institucionalidad aplauden la postura del mandatario, argumentando que la prioridad actual debe ser consolidar las reformas del gobierno y cumplir con las promesas hechas al electorado antes de volcarse a la campaña.
En redes sociales, sectores de la militancia de a pie exigen «que les cuenten sus votos». Reclaman procesos de elección interna que sean transparentes (como primarias cerradas) y que no se intente imponer una figura mediante acuerdos de cúpula.
Líderes de la Fuerza del Pueblo y del PLD interpretan este llamado a la unidad como una señal inequívoca de que las «costuras» y las luchas grupales en el PRM ya están afectando la cohesión del oficialismo, apostando al desgaste natural del partido gobernante.
El ajedrez político dentro del Partido Revolucionario Moderno (PRM) ha comenzado a registrar movimientos de alta estrategia. En los círculos de análisis y debates en medios digitales, dos dinámicas de acercamiento y reconfiguración de fuerzas concitan la atención pública: el eje Wellington Arnaud – Carolina Mejía y el bloque emergente «Yayo» Sanz Lovatón – David Collado.
Lejos de ser meras coincidencias protocolares, estos movimientos representan la cristalización de alianzas tácticas orientadas a consolidar estructuras con miras a las elecciones de 2028.
El acercamiento entre Wellington Arnaud (director de INAPA) y Carolina Mejía (Alcaldesa de Santo Domingo y Secretaria General del PRM) une dos de los activos más valiosos en la política de base: estructura territorial y herencia partidaria.
Wellington Arnaud posee una de las maquinarias internas mejor articuladas dentro de la juventud y las bases provinciales del PRM, fruto de su histórico recorrido por la corriente mayoritaria. Por su parte, Carolina Mejía no solo ostenta el control institucional de la Secretaría General, sino el peso específico del «hipolitismo» (la corriente leal al expresidente Hipólito Mejía).
En los debates de los diarios digitales se analiza que esta cohesión busca blindar la «esencia original» del partido frente a corrientes de corte más técnico o empresarial. Al unificar el arrastre municipal y de gestión de Carolina con la capacidad de movilización de Wellington, este bloque se posiciona como el guardián de la militancia tradicional, enviando un mensaje de fortaleza orgánica inquebrantable.
Por otro lado, la aproximación política entre Eduardo «Yayo» Sanz Lovatón (Secretario Nacional de Finanzas del PRM y Director de Aduanas) y David Collado (Ministro de Turismo) representa una alianza de alto voltaje que combina estrategia interna y popularidad masiva.
Como armador político y operador financiero clave desde la fundación del PRM, «Yayo» goza de un enorme respeto en las estructuras medias y el empresariado. Su figura aporta un peso institucional e intelectual de primer orden.
Collado se mantiene de manera consistente como uno de los activos públicos mejor valorados en las encuestas de simpatía general, proyectando una imagen de modernidad y eficiencia que trasciende las fronteras del propio partido.
Analistas en los principales programas de opinión y redes sociales interpretan este acercamiento como una jugada maestra para solidificar las aspiraciones de Collado hacia el interno del partido. Al contar con el respaldo implícito u explícito de un estratega como Sanz Lovatón, la corriente de Collado mitiga la tradicional crítica de ser un proyecto «periférico» y gana tracción directa en las arterias organizativas y financieras del oficialismo.
Estas adhesiones cruzadas revelan que la carrera por el 2028 en el PRM no se definirá mediante aventuras individuales, sino a través de grandes coaliciones de tendencias.
El factor de contrapeso: Mientras el eje Carolina-Wellington apela al arraigo de la militancia de origen perredeísta y al control del aparato del partido, el bloque David-Yayo unifica el éxito de la gestión gubernamental, la simpatía de las clases medias y el respaldo corporativo.
Pese a la intensidad subterránea de estos movimientos, los protagonistas cuidan las formas —tal como lo ha evidenciado el propio Sanz Lovatón en intervenciones públicas— enfatizando que el éxito de cualquier proyecto en el 2028 depende estrictamente de la preservación de la unidad interna y del éxito de la actual gestión del presidente Luis Abinader.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada


