— El fútbol no es solo un juego de estrategia; a veces es el escenario de las epopeyas más inverosímiles. Lo que estamos presenciando en esta Copa del Mundo 2026 trasciende la lógica del tiempo. Lionel Andrés Messi Cuccittini, a las puertas de cumplir los 39 años, no solo mantiene viva la llama competitiva de la vigente campeona del mundo, sino que ha dinamitado los registros de la historia del balompié.
Ayer lunes, en el imponente Dallas Stadium de Texas, la crónica de los hechos nos devolvió una certeza absoluta: el «10» argentino sigue siendo el eje sobre el cual gira el destino de su nación. Argentina selló su clasificación a los dieciseisavos de final tras vencer 2-0 a Austria. ¿Los goles? Ambos con su firma, completando una estadística que roza lo irreal: los cinco goles que registra la Albiceleste en este torneo han salido de las botas de Messi.
La caída y la redención del Mito: La tarde en Texas comenzó con tintes de drama dramático. Apenas corría el primer tramo del partido cuando el VAR validó un penal sobre Lautaro Martínez. Messi frente al balón, con la mirada fija y la presión de un planeta entero sobre sus hombros. Disparo… y fuera. El coloso fallaba y el fantasma de las dudas sobrevoló el césped durante algunos minutos.
Pero los genios no se miden por sus tropiezos, sino por la velocidad de su redención. En el minuto 38, tras una combinación precisa iniciada por Facundo Medina y una inteligente pantalla de Thiago Almada, Messi llegó desde atrás. Con ese clásico disparo de rosca, sutil, con la zurda bendecida que posee, batió a Alexander Schlager.
Con esa anotación, Messi alcanzó los 17 goles en citas mundiales, superando oficialmente el récord histórico del alemán Miroslav Klose. Pero el capitán no se conformó. Al minuto 95, en las postrimerías del encuentro, cazó un rechace en el área para fusilar el 2-0 definitivo y elevar la marca a 18 goles históricos.
El tiempo se dobla ante el genio: Hablar de Messi en 2026 es hablar de una metamorfosis perfecta. Ya no es el velocista indomable que gambeteaba a cinco rivales en una baldosa en el Camp Nou; hoy es el arquitecto del juego, un estratega que sabe cuándo acelerar y cuándo economizar los esfuerzos en un torneo de máxima exigencia física.
Su trayectoria mundialista es un viaje de veinte años que comenzó con aquel tierno gol ante Serbia y Montenegro en Alemania 2006. Pasó por las lágrimas de Sudáfrica, la amargura del subcampeonato en Brasil 2014, el caos de Rusia 2018 y la consagración mística en Qatar 2022. Hoy, en las canchas de Norteamérica, el botín de oro del torneo le pertenece provisionalmente con 5 dianas (un hat-trick ante Argelia en el debut y el doblete de ayer frente a los austríacos).
¿Será Argentina campeona mundial de nuevo?: La gran interrogante que se plantea desde las tribunas hasta las salas de redacción es si este equipo de Lionel Scaloni tiene la profundidad necesaria para retener la corona mundial. El panorama nos muestra realidades contrastantes:
Dependencia absoluta: Si bien la solvencia defensiva con el «Dibu» Martínez y la zaga sigue intacta (cero goles en contra en dos partidos), el peso ofensivo recae íntegramente en la genialidad de su capitán.
Scaloni ha sabido rodearlo de juventud dinámica como Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Thiago Almada, pero el bloque necesitará que los delanteros centros —Lautaro Martínez y Julián Álvarez— afinen la puntería para las fases de eliminación directa donde los márgenes de error son nulos.
El camino hacia la gran final del 19 de julio es largo y tortuoso. Potencias como Francia y Alemania avanzan con paso demoledor. Sin embargo, la historia nos ha enseñado que apostar en contra de un equipo comandado por el máximo anotador de todos los tiempos es un ejercicio de alto riesgo. Mientras Messi tenga fútbol en los botines, el sueño del bicampeonato para la Argentina sigue siendo una posibilidad hermosa y latente.
-Redaccion deportiva de TeclaLIbre-
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