EL DIARIO DEL GRANDE | El día que el tiempo se rindió ante el ‘Bicho’
HOUSTON – El fútbol, viejo sabio de caprichos impredecibles, se puso de pie esta tarde en el NRG Stadium para rendir pleitesía a su hijo más obsesivo. Había un aire de escepticismo en los pasillos tras el opaco debut luso ante el Congo; las tertulias hablaban del ocaso, de los 41 años pesando en las piernas, del relevo generacional que ya empujaba la puerta. Pero el destino, cuando se trata de Cristiano Ronaldo dos Santos Aveiro, no acepta borradores.
Apenas corría el minuto seis del compromiso frente a Uzbekistán. El segundero ni siquiera se acomodaba cuando João Cancelo, con la finura de un cirujano, desbordó por la banda derecha y soltó un latigazo preciso, con rosca, directo al corazón del área chica.
Lo que pasó después fue una coreografía ensayada durante dos décadas. Cristiano intuyó el espacio, le ganó la espalda a la zaga uzbeka con ese primer paso letal que aún conserva y, de primera, acarició el balón con la cara interna del botín para mandarlo a besar la red. El estadio estalló en un solo grito, un «Siuuu» ensordecedor que retumbó desde Texas hasta Lisboa.
Con ese toque sutil, la historia se partió en dos. No era un gol cualquiera para abrir el marcador: era el grito sagrado que lo convertía en el primer ser humano sobre la Tierra capaz de marcar en seis Copas del Mundo distintas. De Alemania 2006 a Norteamérica 2026; un viaje de veinte años resumido en un parpadeo, en un instinto que no envejece.
Para cuando el reloj marcó el minuto 39 y el ‘Bicho’ firmó su doblete tras un pase entrelíneas de Bruno Fernandes, la épica ya estaba escrita. El eterno devorador de récords lo había hecho de nuevo: sacó chispas de la lámpara cuando el entorno pedía calma, demostrando que el hambre de gloria es el único motor inmune al paso del tiempo.
Lo de Cristiano Ronaldo trasciende lo futbolístico; es una lección de gestión biológica y mental. En un fútbol moderno de altísima intensidad, ver a un atleta competir al máximo nivel a los 41 años roza la ciencia ficción.
CR7 ha entendido la mutación de su propio juego. Ya no es el extremo explosivo que desbordaba por las bandas en Manchester o Madrid; hoy es el cirujano del área chica, el optimizador de espacios que aprovecha los servicios de una generación dorada liderada por los Cancelo, Mendes y Fernandes. Su récord es el triunfo de la disciplina sobre el tiempo. Podrán debatir quién es el más dotado técnicamente, pero la corona de la perseverancia histórica le pertenece, sin discusión, al nacido en Madeira.
-Redaccion de TeclaLibre-
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