Crónica del Día en que Santo Domingo se Integró por RD$35 Pesos
Por el Equipo de TeclaLibre
El Gran Santo Domingo.- A las 6:30 de la mañana, la estación del Metro de Los Alcarrizos ya era un hervidero. Pero esta vez había algo distinto en el ambiente: un murmullo de cálculos matemáticos. Pasajeros que antes debían sacar de su presupuesto un pasaje para el carrito, otro para el Metro y un tercero para la OMSA o los corredores privados, hoy sostenían sus tarjetas SD GO o sus plásticos bancarios como quien sostiene un boleto dorado.
La Empresa Metropolitana de Transporte (EMT) dio el banderazo de salida. La regla del juego es clara: pagas RD35 pesos y tienes derecho a saltar del tren a la guagua, o del cable a la cabina, sin pagar un centavo extra. Si tu ruta es corta y solo usas un medio, la tarifa base se planta firme en los RD20 de siempre. En el papel, el diseño es impecable. En la práctica, Santo Domingo es una criatura difícil de domar.
El fantasma de los 90 minutos:
«Hermano, yo salí con el tiempo justo, pero la Churchill estaba trancada. Cuando fui a pasar la tarjeta en la guagua, ya habían pasado 92 minutos y me cobró de nuevo», se quejaba un usuario en la estación Centro de los Héroes, mostrando la pantalla de su celular.
Ese es el gran dilema que inundó las redes sociales durante todo el día. El sistema te otorga hora y media para hacer la transferencia. Para una ciudad europea, es una eternidad; para el caos vehicular de la avenida Winston Churchill o la avenida Máximo Gómez en plena hora pico, 90 minutos pueden esfumarse mientras avanzas apenas tres esquinas. El reloj se ha convertido en el nuevo enemigo del pasajero.
Además, el factor humano y tecnológico tuvo sus baches. Aunque la mayoría de los validadores respondieron al instante al roce de las tarjetas contactless, no faltaron los puntos ciegos donde las máquinas «se colgaron», obligando a los choferes de los corredores a recurrir al viejo y confiable efectivo para no armar un motín en la puerta del autobús.
Jaque al «Concho» tradicional:
Más allá de los tropiezos técnicos inevitables de un primer día, el trasfondo de esta medida es un golpe geopolítico al transporte informal. Durante décadas, los sindicatos del concho y las «voladoras» han impuesto su ley basados en la fragmentación del sistema. Al unificar la tarifa, el Estado no solo le ahorra hasta un 15% del presupuesto mensual a la clase trabajadora, sino que arrincona al transporte obsoleto.
Quien viaja desde la periferia al centro ya no quiere ir apretado en un carro público de los noventa si por RD$35 pesos puede hacer el trayecto con aire acondicionado y conexión integrada. Es una modernización a la fuerza.
El veredicto de TeclaLibre:
La tarifa integrada es, sin duda, el avance más significativo en movilidad urbana en la última década. El alivio económico para el dominicano de a pie es real y medible en la quincena. Sin embargo, el éxito a largo plazo no dependerá del precio, sino de la frecuencia y la infraestructura.
De nada sirve un pasaje único si las estaciones del Metro se convierten en embudos humanos por falta de vagones, o si los autobuses se quedan atrapados en el mismo tapón que los carros particulares. Para que los 90 minutos sean suficientes, Santo Domingo necesita urgentemente más carriles exclusivos para el transporte público. El muñeco técnico está hecho; ahora falta que la ciudad aprenda a fluir a su ritmo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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