Ni los enviados de Naciones Unidas, con escoltas y coches blindados, pueden aterrizar en Puerto Príncipe y recorrer con seguridad Haití, un país dominado por las pandillas desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. Cuando viaja a la isla, el experto designado del Alto Comisionado de la ONU sobre derechos humanos en Haití, William O’Neill, aterriza en Cabo Haitiano y de ahí se mueve en helicóptero. “No puedo ir a la mayor parte de la capital”, asegura.
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