InicioESTADOS UNIDOSPOSIBLES ACUERDOS, EN UN TIEMPO DONDE OTRA GRAN VÍCTIMA ES LA VERDAD

POSIBLES ACUERDOS, EN UN TIEMPO DONDE OTRA GRAN VÍCTIMA ES LA VERDAD

-

Por Carlos Márquez Cabrera /

Un análisis de las contradicciones entre Estados Unidos e Irán, los intereses económicos en juego y el papel de las potencias globales

El conflicto por el estrecho de Ormuz ha entrado en una fase donde la guerra de palabras es tan feroz como la militar. Mientras Washington anuncia un acuerdo inminente,

Teherán niega rotundamente cualquier negociación directa. Esta contradicción fundamental no es un mero desencuentro diplomático; es el reflejo de dos estrategias opuestas que definen el futuro de la región y el bolsillo de cada consumidor de energía en el planeta.

Los medios internacionales —cada uno desde su trinchera geopolítica— ofrecen claves para descifrar este rompecabezas.

Axios, el influyente medio digital estadounidense, ha sido el principal portavoz del optimismo de la Casa Blanca. Sus titulares de las últimas horas son claros: «Acuerdo provisional inminente para reabrir Ormuz».

Fuentes regionales y un funcionario estadounidense confirman que el anuncio podría producirse este miércoles 5 de agosto.

El acuerdo sería de 60 días, con un sistema de entrada y salida coordinado entre Irán y Omán. El presidente Trump ha declarado en Fox News que hubo «discusiones muy buenas y que el estrecho se abrirá muy pronto.

La línea editorial de Axios refleja la urgencia política de la administración Trump por mostrar un triunfo diplomático.

No es casualidad; el precio del crudo Brent cayó un 5,3% el martes, situándose en 79,36 dólares por barril, su nivel más bajo desde el 13 de julio.

Cada dólar que baja el petróleo alivia la presión sobre la economía estadounidense y, por extensión, sobre la popularidad del presidente.

Sin embargo, el propio medio admite que las advertencias de Trump —»si Irán se echa atrás, recibirán un golpe muy duro»— revelan la fragilidad de cualquier entendimiento.

The Telegraph, el prestigioso diario británico, ofrece una perspectiva más crítica y geopolíticamente matizada.

Su cobertura se distancia del optimismo estadounidense y se centra en las concesiones estratégicas que Washington estaría haciendo- New Hormuz plan leaves Iran in control- o, lo que es igual, nuevo plan para Ormuz deja a Irán en control.

El acuerdo entregaría a Teherán el control parcial del estrecho, una concesión que The Telegraph califica como una humillación estratégica para Trump.

El mecanismo de financiación mediante un fondo voluntario —inspirado en el estrecho de Malaca— es visto como una solución improvisada para evitar el pago directo de peajes a Irán.

Se especula que cualquier concesión a las demandas iraníes sería vista como un «fracaso significativo» para la política exterior de Trump.

The Telegraph, desde su perspectiva británica —históricamente más escéptica con la política exterior estadounidense—, pone el dedo en la llaga, al plantear que el acuerdo no es una victoria para EE.UU., sino una rendición táctica.

Su cobertura sugiere que Trump está dispuesto a ceder control estratégico a cambio de una solución inmediata que alivie la presión sobre los precios del petróleo.

Infobae, el principal medio digital de Argentina y con gran influencia en toda Hispanoamérica, ha desplegado una cobertura que pone el foco en la contradicción más evidente. Y es la negativa iraní frente al optimismo estadounidense.

Irán desmiente a Trump, asegurando que no hay negociación directa con EE.UU.

Desde su ámbito el portavoz de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, ha sido categórico, asegurando que «Actualmente no estamos negociando con Estados Unidos».  Agrega el indicado funcionario que las únicas conversaciones de Teherán son bilaterales con Omán y se limitan a la administración del estrecho.

Infobae también ha documentado el impacto en China, el principal comprador de petróleo iraní, que recibe cerca del 45% de su petróleo a través del estrecho.

Además, China y Rusia vetaron en la ONU una resolución que instaba a garantizar la seguridad de la navegación en Ormuz, evidenciando su alineamiento con Teherán.

Entiendo que, Infobae, al ser un medio ajeno al conflicto directo, ofrece una cobertura que equilibra las fuentes estadounidenses e iraníes con mayor distancia crítica.

El papel ese medio latinoamericano —sin ataduras directas a ninguna de las potencias— le permite presentar la contradicción en toda su crudeza; no hay acuerdo si una de las partes niega que existan negociaciones.

Sin embargo, detrás de las declaraciones y los despliegues militares, hay un factor que mueve todas las fichas. Me refiero al petróleo.

El estrecho de Ormuz es la arteria energética más importante del planeta. Por él transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial y una proporción significativa del comercio internacional de gas natural licuado, junto al mayor porcentaje de Urea que demanda la agricultura mundial.

Antes del conflicto, la vía manejaba cerca de una quinta parte de los suministros globales diarios de petróleo y GNL.

El cierre del estrecho provocó el mayor incremento mensual en los precios del crudo en toda la historia, ocurrido en marzo de 2026.

En los momentos más álgidos del conflicto, el Brent superó los 107 dólares por barril. La interrupción se convirtió en la mayor crisis de suministro energético global en décadas.

Sin embargo, el solo rumor de un acuerdo ha tenido un efecto inmediato: el martes 4 de agosto, los precios del petróleo cayeron más de un 5% y se establecieron en mínimos de tres semanas.

El Brent cayó a 79,36 dólares por barril. Como señala un analista de XS.com, «si las negociaciones entre Estados Unidos e Irán avanzan de manera significativa, el mercado podría seguir descontando una menor probabilidad de interrupciones en el suministro, reduciendo aún más la prima de riesgo geopolítico incorporada en los precios del crudo».

El conflicto ha tenido un impacto devastador más allá de los mercados financieros. El mundo ha perdido más de 2.600 millones de barriles de petróleo desde que comenzó la guerra en febrero, según el jefe de la petrolera saudí Aramco.

Las naciones de Oriente Medio se han visto forzadas a reducir drásticamente su producción de petróleo.

En los países consumidores, el impacto se ha sentido en los surtidores.

En Estados Unidos, la gasolina supera los 4 dólares por galón de promedio; el diésel ronda los 5,40 dólares por galón. En el Reino Unido, el precio de la gasolina ha alcanzado 1,60 libras por litro.

China es, probablemente, el país más afectado por el cierre del estrecho después de Irán y EE.UU. Es el mayor importador de petróleo del mundo y una parte significativa de sus compras transitan por Ormuz.

Además, es el principal comprador de petróleo iraní. De hecho, el 97,6% del petróleo iraní en alta mar tiene como destino China.

La postura de Pekín ha sido cautelosa pero firme: calificó el bloqueo naval estadounidense como irresponsable y peligroso, advirtió que bloquear el estrecho no beneficia a los intereses comunes de la comunidad internacional y vetó junto con Rusia la resolución de la ONU que instaba a garantizar la seguridad de la navegación.

Sin embargo, China se encuentra en una posición delicada. Como señala un analista, el bloqueo estadounidense también busca obligar a China a salir a escena, presionando a Pekín para que ejerza presión sobre Teherán.

La prioridad estratégica de China es preservar un delicado equilibrio manteniendo relaciones estables con todas las partes implicadas.

Irán, por su parte, ha desmentido que China haya asumido un rol de mediador, afirmando que Pakistán sigue siendo el principal intermediario y que Qatar también asiste cuando es necesario. China «también está ayudando, como varios otros países», pero no se ha sumado como nuevo mediador.

Rusia ha jugado un papel más discreto pero igualmente significativo.

Sus intereses en el conflicto son claros: se beneficia de unos precios de la energía más altos y volátiles. Como uno de los mayores exportadores de petróleo y gas del mundo, cada dólar que sube el crudo llena las arcas del Kremlin.

Ha mantenido conversaciones con Irán sobre la situación en el estrecho y vetó junto con China la resolución de la ONU, culpando a Estados Unidos e Israel de iniciar la guerra.

La posición rusa refleja su interés en mantener a EE.UU. atrapado en un conflicto costoso mientras Moscú consolida su influencia en la región. Como señala The New York Times, «Rusia se beneficia de unos precios de la energía más altos y volátiles. Irán gana con su posición en el punto de estrangulamiento de Ormuz».

La contradicción entre Washington y Teherán no es un simple desacuerdo táctico; es el síntoma de que ninguna de las partes confía en la palabra de la otra.

Mientras EE.UU. busca una salida rápida que alivie la presión sobre los precios del petróleo, Irán negocia desde una posición de fuerza, sabiendo que el control del estrecho es su principal baza y que tiene el respaldo tácito de China y Rusia.

La prensa estadounidense (Axios) refleja la urgencia política de la administración Trump. La prensa británica (The Telegraph) ofrece una lectura más escéptica.

La prensa latinoamericana (Infobae) aporta la visión más equilibrada, documentando además los intereses de China y Rusia en el conflicto. Los intereses económicos son el verdadero motor de las negociaciones.

El cierre del estrecho ha disparado los precios del petróleo, beneficiando a Rusia y a los productores de la OPEP, pero castigando a las economías consumidoras.

La mera expectativa de un acuerdo ha hecho caer el crudo más de un 5%, demostrando la extrema sensibilidad de los mercados a cualquier señal diplomática.

China es el gran expuesto. Depende del estrecho para el 45% de su petróleo y es el principal comprador de crudo iraní.

Su delicado equilibrio entre presionar a Teherán y mantener su propio suministro energético la convierte en un actor clave, aunque por ahora prefiere un papel secundario. Rusia es el gran beneficiario.

Precios altos del petróleo, un EE.UU. distraído en Oriente Medio y una influencia creciente en la región son exactamente los resultados que Moscú desea. La guerra informativa es tan crucial como la militar.

Mientras Trump anuncia acuerdos que no se concretan, Irán mantiene su postura de negación y fortalece su posición.

El escenario más probable es el de una tregua frágil y temporal, que permita reabrir el estrecho pero que deje intactas las tensiones de fondo: el programa nuclear iraní, las ambiciones regionales de Teherán, la política de máxima presión de Washington y los intereses de las potencias que observan desde la sombra.

Related articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
3,912SeguidoresSeguir
22,800SuscriptoresSuscribirte

Latest posts