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CRÓNICA DE LA RAPIÑA BIEN EDUCADA

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Washington escribe “territorio marroquí” y Madrid finge que no lee

Mientras el Gobierno español sigue repitiendo el “Ceuta y Melilla son España, punto”, en el Congreso de Estados Unidos alguien ha decidido cambiar la coma por un punto y seguido. Un informe oficial, millones para Rabat y un exasesor del Pentágono pidiendo una nueva Marcha Verde. No es una declaración de guerra. Es algo peor: es la factura que se cobra en silencio cuando un aliado se pone remolón.

Fíjate qué curioso: mientras en Madrid se pelean por el reparto de sillones y en Rabat se frota las manos con el plan del Gran Marruecos, en Washington alguien ha decidido que Ceuta y Melilla ya no son “ciudades españolas”, sino “territorios administrados por España… en suelo marroquí”. Y lo ha puesto por escrito. No en un tuit de un tuitero cabreado. En un informe oficial del Congreso de los Estados Unidos. Con sello, página 86 y todo.

La Razón lo contó hace meses con ese titular que sabe a perfume barato de geopolítica: “EE UU quiere Ceuta y Melilla para Marruecos”. Y no mentía del todo. Solo que el “quiere” no es todavía un decreto de Trump firmado con bolígrafo de oro. Es algo más sutil, más peligroso: es el olor a oportunidad.

Primero llegó Michael Rubin, ese ex-asesor del Pentágono que habla como si aún estuviera en la sala de guerra de Bush. En marzo soltó la bomba en un think tank de los que importan: que Trump y Marco Rubio reconozcan Ceuta y Melilla como “territorio marroquí ocupado” y que Rabat se anime a una nueva Marcha Verde. No una invasión con tanques. Una de esas marchas verdes de gente de a pie, banderas y cámaras de televisión. El tipo de operación que deja a los europeos con cara de “¿pero esto es en serio?” mientras en las cancillerías se miran de reojo.

Meses después, el Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes (el mismo que reparte los millones) mete la frase mágica en el informe presupuestario: las ciudades “administradas por España” están “en territorio marroquí” y conviene que el secretario de Estado fomente un “diálogo” sobre su “futuro estatus”. Futuro estatus. Qué elegante suena. Como cuando el notario te dice que hay que “revisar el testamento” y tú ya sabes que alguien se va a quedar con la casa.

Y de fondo, los 40 millones de dólares para Marruecos. No es mucho para el presupuesto americano, pero es un mensaje. “Aquí tienes pasta para que sigas siendo nuestro socio estable en el Magreb, mientras nosotros le damos un toque a esos españoles que se nos han puesto remolones con las bases de Rota y Morón”. Porque no olvidemos el contexto: España cerró las puertas a las operaciones contra Irán y Trump montó en cólera. “España ha sido terrible”, dijo. Y cuando el jefe se enfada, los amigos de los amigos empiezan a recordar deudas antiguas.

La picardía está en cómo se hace. Nadie dice “vamos a quitarles Ceuta y Melilla”. Eso sería demasiado burdo, demasiado 1975. Se dice “fomentar el diálogo”, “estatus futuro”, “territorio administrado”. Se deja que la prensa marroquí lo celebre como una victoria histórica. Se permite que los think tanks hablen de “corregir un error colonial”. Y mientras tanto, en Madrid, el Gobierno mira para otro lado o contesta con la frase de siempre: “Ceuta y Melilla son España, punto”. Punto. Como si el punto bastara cuando el otro lado del Atlántico está escribiendo comas y puntos suspensivos.

El morbo, claro, está en imaginar el día después. ¿Qué pasa si de verdad alguien en Washington decide que ha llegado la hora de cobrar la factura? ¿Una nueva crisis migratoria a lo 2021, pero con más cámaras? ¿Un “incidente” en la frontera que obligue a “negociar”? ¿O simplemente el lento estrangulamiento: menos apoyo diplomático, más comprensión hacia las “reclamaciones históricas” de Rabat, mientras la OTAN mira hacia otro lado porque, total, Ceuta y Melilla nunca estuvieron del todo bajo el paraguas del artículo 5?

España tiene legión, regulares, Leopard y Eurofighter. Tiene historia de cinco siglos. Tiene ciudadanos europeos. Pero también tiene un flanco débil que huele a sangre desde hace demasiado tiempo. Y cuando el tío que tiene la pistola más grande del mundo empieza a hablar de “territorio marroquí” con tono de contable, conviene no hacer como que no se oye.

Porque en esta película el villano no grita. Sonríe, reparte cheques y escribe “futuro estatus” en la página 86. Y eso, amigos, es mucho más inquietante que un grito.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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