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Las musas “bajo la piel” de Ana María Céspedes

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Por Simeón Arredondo

Escritor dominicano residente en España

simeonarredondo@gmail.com

Acabo de leer el más reciente poemario de la distinguida escritora y gestora cultural dominicana residente en España, Ana María Céspedes, titulado “Bajo la piel”. Pero no pude cerrar el libro y colocarlo en el área de los “leídos” sin más. La verdad es que tuve que volver al inicio y darle una relectura. Hecho esto, decidí no quedarme callado. He aquí lo que pienso sobre el texto y sobre la autora.

 

Con “Bajo la piel” Ana María Céspedes reafirma su condición de poeta imprescindible de la presente generación, y de exquisito ser humano que, con su pluma, pone las palabras a volar en las alas del amor. Ese sublime sentimiento (el más sublime de todos, quizás) que es inherente al ser humano y a muchas de sus actividades.

 

Es el amor lo que mueve a la poeta a manifestarse, en verso o en prosa, y a desnudar su alma ante lo aparentemente imposible, y dejar que sean las musas las que conduzcan el caudal de términos líricos que se aprecian a lo largo del poemario, casi siempre formados y/o adornados por potentes figuras, que impiden al lector experimentar distracción alguna, como también impiden que pasen desapercibidos ante él ciertos escenarios fundamentales de la obra.

 

Y este dolor

que se cuela entre conductos oxidados

 que traspasa este esqueleto

por donde se desliza un manto

sedoso y frío…

Atraviesa los huesos,

reclamando un silencio íntimo,

profundo y envolvente

como el frío de la misma muerte.

 

En no pocas ocasiones, el amor que brota del corazón y de la piel de Ana María Céspedes, se manifiesta como una “sombra oscura / que abraza y arrasa todo a su paso / con los años / colgando de una cadena de recuerdos”. Es entonces cuando la remembranza, presente a lo largo de todo el texto, se hace protagonista de lo que se está leyendo y de lo que se está sintiendo.

 

“Qué es el recuerdo si no el idioma de los sentimientos”, ha establecido Julio Cortázar. Pues Ana María Céspedes, dispuesta a “morir y resucitar en una mirada”, hurga en el idioma para recordarnos y para recordarse a sí misma esos sentimientos que no puede ni quiere arrancarse de la piel y mucho menos exiliarlos del alma. Es por ello que no se cansa de coleccionar recuerdos.

 

Recogeré todos los recuerdos.

Los más olvidados, perdidos, desechados, odiados.

Los amargos, los sin nombres.

Los recuerdos deshilachados, inconformistas, arrinconados, anhelados, desmotivados.

Los amados, desperdiciados, incomprendidos.

A todos los llevaré conmigo.

 

En la poesía de Ana María Céspedes el lenguaje no es un mero elemento comunicativo o un artificio decorativo. Es la expresión de un delicado ejercicio intelectual que no permite que las palabras se deshidraten y mueran en el intento de comunicar y deleitar a la vez, como ocurre en algunos escritores. Por el contrario, logra conmover y emocionar con razonable y admirable belleza.

 

Leer “Bajo la piel” es sentir el abrazo de un silencio que cabalga a lomo de la nostalgia y de la esperanza al mismo tiempo. Y es que la autora, aunque en ocasiones parece resignarse, se resiste a aceptar que un amor, que ha marcado su alma y su piel caduque, o que agonice postrado en el tiempo sin ver un exiguo intento de rescate.

 

Tras asumir que “cada evocación es una historia (…)”, nuestra poeta acude a las letras para lidiar con los recuerdos que la persiguen como un fantasma que unas veces se presenta burlón, y otras resulta consolador, generando una sensación agridulce y haciendo que asome la confusión más que la desilusión o la emoción. Y de repente ya no quiere escapar de esos recuerdos, y decide abrazarlos, y acariciarlos.

 

Tiempo en que translucía la mirada del alma.

Tiempo de los ojos de lluvia

con sensibilidad de espejo.

 

Ana María Céspedes deja constancia de esa extraña presencia que la quema; y versos como “Te busco en el absurdo de la imperfección del ser perfecto”, certifican que escoge los mejores recursos lingüísticos para ello, sin dejar al azar la calidad lírica de su obra, al tiempo que confiesa que “Amar es sentir a alguien que te habita, / sin pagar alquiler. / Es no poder respirar…sin respirar su aliento”.

 

El amor, como noble sentimiento que cobija emociones y sensaciones, es una de esas cosas que tienen múltiples lenguajes. “Bajo la piel” se presenta ante el lector con la nobleza de un “te amo” y con una agudeza intelectual que impresiona. Hay en sus versos un eco vivencial que retumba en las aristas de la propia intimidad de cada receptor.

 

Desde el inicio hasta la última letra del libro se aprecia una voz poética madura en cuya autora el numen se hace presente eyaculando rítmicos versos como un canto amoroso que invita a disfrutar el aroma emocional que impregna en sus líneas, y que llega al paladar auditivo como “un largo y chirriante grito / con trozos de coral entre los dientes”.

 

En la poesía de Ana María Céspedes encontramos no solo capacidad creativa y conciencia literaria, sino también la expresión artística y los rasgos de una dama que ha convertido la palabra en el principal instrumento para conjugar belleza y sentimiento, puestos de manifiesto en una obra que nos indica que su autora trilla los senderos de los grandes exponentes del género que han dejado huellas imborrables en el ámbito de la literatura universal.

 

 

 

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