OPINIÓN | LA CABINA Y EL MALETÍN
Por TeclaLibre
Si un comandante de aviación comercial se presenta en la pista de despegue mostrando una fracción de los rasgos de inestabilidad, conductas impulsivas o desorientación cognitiva que a menudo se le señalan al Presidente de los Estados Unidos, no se le permitiría tocar los mandos. La Administración Federal de Aviación suspensión inmediata de por medio lo enviaría a casa. Ninguna aerolínea pondría en riesgo la vida de doscientos pasajeros por un protocolo condescendiente.
Sin embargo, en el Salón Oval las leyes de la física y la cordura parecen regirse por otra gravedad.
La metáfora no es una invención periodística; pertenece al Dr. Henry David Abraham, profesor emérito de psiquiatría de la Universidad de Tufts y galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1985 como parte del colectivo médico por la prevención de la guerra nuclear. En sus intervenciones públicas y en cartas dirigidas al propio Congreso estadounidense, Abraham ha lanzado la misma advertencia con una insistencia casi dramática: si exigimos aptitud médica estricta a un neurocirujano o a un piloto, resulta un absurdo sistémico envolver la salud mental del hombre con la potestad del botón atómico bajo un «manto de secreto» institucional.
El verdadero nudo de esta crónica no es únicamente la figura de Donald Trump, sino la grieta en el diseño de las democracias modernas. A los mandos técnicos de la sociedad les exigimos peritajes de precisión e idoneidad demostrable. A los mandos políticos que sostienen los códigos de lanzamiento de un arsenal capaz de devastar el planeta, solo les exigimos votos.
El Dr. Abraham califica este contraste como un peligro inminente. Argumenta que el juicio alterado, la falta de control de impulsos y el deterioro progresivo de las funciones cognitivas —registrados por un amplio colectivo de especialistas de la salud mental— no son materia de debate partidista, sino de urgencia médica y seguridad global.
Mientras las instituciones sigan tratando la estabilidad mental del Comandante en Jefe como un tema taboo o una simple estrategia de campaña, el mundo seguirá volando a oscuras. La gran paradoja de nuestra era es desgarradora: hemos aprendido a proteger con celo la cabina de un avión, pero hemos dejado la llave del maletín atómico a merced de los caprichos del poder sin freno.


