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LA BODA QUE PUSO AL REGISTRO CIVIL FRENTE AL ESPEJO

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¿Identidad de Género o Sexo Registral?

Una pareja trans se casó en República Dominicana y, de repente, el Registro Civil tuvo que explicar algo que parecía sencillo: para casarse, ¿importa quién eres, cómo te identificas o lo que dice tu acta de nacimiento?

Hay bodas que ponen nerviosos a los suegros.

Esta puso nerviosa a la burocracia.

La boda de Jayden Resto Holguín y Regina Balaguer de Resto, celebrada el pasado 28 de agosto, saltó rápidamente a las redes y a los medios porque ambos son personas trans. La pregunta cayó como mango maduro: ¿estábamos ante el primer matrimonio entre personas del mismo sexo celebrado en República Dominicana?

La Junta Central Electoral salió rápidamente al ruedo con el acta en la mano.

Tranquilos. Aquí no ha pasado eso.

Según explicó la JCE, los contrayentes utilizaron los nombres y documentos que figuran oficialmente en sus actas de nacimiento. Y esos documentos registran a uno como hombre y a la otra como mujer.

Por tanto, jurídicamente, matrimonio heterosexual.

Caso cerrado.

¿O quizá apenas comienza?

El curioso poder de un papel

El episodio tiene una ironía difícil de ignorar.

En la vida cotidiana, Jayden y Regina se presentan públicamente con sus respectivas identidades de género. Pero cuando llegó el momento de casarse, quien tomó el micrófono no fue Instagram, ni las redes sociales, ni siquiera la identidad pública.

Habló el acta de nacimiento.

Y el acta, como suele ocurrir con los papeles oficiales, no tiene sentido del humor.

La JCE recuerda que la Constitución dominicana establece el matrimonio entre un hombre y una mujer. De manera que, mientras los documentos oficiales digan eso, el Registro Civil entiende que la ecuación constitucional está resuelta.

El problema es que la vida real suele ser bastante más complicada que un formulario.

La boda que no fue matrimonio igualitario

Conviene poner las cosas en su sitio.

Esta boda no significa que República Dominicana haya reconocido el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La JCE sostiene exactamente lo contrario: el enlace fue posible porque, registralmente, los contrayentes aparecen como hombre y mujer.

Pero aquí aparece la pregunta incómoda:

¿qué ocurre cuando la identidad de una persona y el sexo que aparece en su documentación no coinciden?

Porque en este caso el sistema funcionó perfectamente… y precisamente al funcionar dejó expuesta la contradicción.

La identidad dice una cosa.

El documento dice otra.

Y para el Registro Civil, por ahora, manda el documento.

Y cuando parecía que ya estaba todo aclarado…

Apareció otro capítulo.

La pareja reclamó a la JCE por haber divulgado información relacionada con sus registros civiles. Alegan que no autorizaron la publicación de esos datos y pidieron que fueran retirados.

Y entonces el matrimonio dejó de ser solamente una discusión sobre identidad de género.

Ahora también aparece una pregunta sobre privacidad:

¿Hasta dónde puede llegar la JCE al explicar públicamente por qué una boda es legal?

Porque una cosa es explicar la ley.

Y otra, bastante diferente, es poner bajo los reflectores los datos registrales de dos ciudadanos.

El espejo

La verdadera importancia de esta boda quizás no esté en la ceremonia, sino en lo que revela.

La República Dominicana tiene un Registro Civil diseñado para dar certeza jurídica. Eso es indispensable.

Pero las sociedades cambian, las personas cambian y las identidades también pueden cambiar.

Y cuando la identidad de una persona viaja por una carretera mientras sus documentos siguen circulando por otra, tarde o temprano ambas rutas terminan encontrándose.

Esta vez se encontraron en una boda.

Mañana podrían encontrarse en un divorcio, una herencia, una sucesión, una adopción, un pasaporte o cualquier otro trámite donde el Estado tenga que decidir qué identidad reconoce.

La pregunta que nadie puede esquivar

La JCE ha dejado claro que esta boda no modifica la Constitución ni convierte al país en territorio de matrimonio igualitario.

Correcto.

Pero también ha dejado sobre la mesa una pregunta que ya no se puede esconder debajo del escritorio:

Cuando identidad y registro no coinciden, ¿cuál de los dos debe tener la última palabra?

Por ahora, ya sabemos la respuesta dominicana:

el papel manda.

Aunque la persona que está parada delante del funcionario diga otra cosa.

Y ahí está la paradoja.

Una boda que pretendía celebrar el amor terminó haciendo algo mucho más incómodo:

obligó al Registro Civil a mirarse en el espejo.

Y descubrió que, a veces, el problema no es lo que dice la persona.

El problema es lo que dice el papel.

-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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