La ONU arrincona a Washington: Exige investigar muertes en ICE y frenar deportaciones a Haití
La voz de las Naciones Unidas expone el costo humano de la política de mano dura en EE. UU. Mientras las muertes en centros de detención rompen récords de más de una década, la respuesta estatal apunta hacia la compra masiva de tecnología para el sometimiento físico y la devolución acelerada de migrantes hacia países azotados por el caos.
Ginebra / Santo Domingo.— La intervención del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra no solo elevó una llamada de alerta institucional; dejó al descubierto las costuras más trágicas de la actual estrategia migratoria de la administración del presidente Donald Trump. La exigencia de investigar las 23 muertes de migrantes bajo custodia federal registradas en lo que va de 2026 marca un hito en la fiscalización internacional hacia Washington.
El panorama, documentado en junio por Human Rights Watch (HRW) y Physicians for Human Rights (PHR) en su informe “Dying in Detention”, refleja que la tasa de letalidad dentro del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) alcanzó su nivel más alto en más de diez años. El colapso del sistema responde al hacinamiento sin precedentes, empujado por una política de detenciones masivas que elevó la población recluida por encima de los 70.000 individuos y derivó en negligencia médica sistemática, aislamientos prolongados y un repunte alarmante de crisis psiquiátricas.
El debate ético y legal se agrava con el anuncio, revelado por The Associated Press, de que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) planea destinar entre 10 y 20 millones de dólares para dotar a los agentes de ICE con guantes de descargas eléctricas. Calificados por organizaciones de derechos humanos como instrumentos de sometimiento violento y tortura, estos dispositivos entran en escena tras una estela de tiroteos mortales en operativos urbanos —como los ocurridos en Minnesota durante protestas civiles contra las redadas—, evidenciando un preocupante deterioro en la formación y en los estándares tácticos de los nuevos efectivos.
A este escenario de opacidad interna se suma el desconocimiento del principio de no devolución. La insistencia de Washington en deportar y expulsar a personas hacia terceros países o hacia naciones azotadas por la violencia sistémica e inestabilidad extrema —con especial énfasis en la golpeada República de Haití— contraviene los tratados de protección internacional. Türk instó formalmente a detener estas repatriaciones forzosas a territorios donde los expulsados enfrentan riesgos inminentes de daños irreparables, colocando de nuevo a la región y al Caribe en el centro de una tormenta humanitaria de impredecibles consecuencias.
-Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre-
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