Cada año el calor es más extremo en Tucson, Arizona. A las 9.00 de la mañana los niños de Jennifer Cárdenas ya no pueden salir al patio y para visitar a la suegra, un trayecto corto que podría hacer andando, tiene que ir en auto. Cuando el aire acondicionado de la casa se estropea, la temperatura llega a niveles tan altos y peligrosos que han tenido que salir de emergencia. Mantener fresca la casa de tres habitaciones le cuesta cientos de dólares en electricidad. La última factura fue de 450 dólares. “Para muchas familias aquí en Arizona es una difícil decisión: pagar ese bill o pagar la comida o la gasolina. Necesitamos pagarla. Con niños chiquitos no hay más opción que poner el aire”.
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