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La encrucijada Trump-Irán: entre la amenaza militar y la diplomacia en la ONU

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Carlos Márquez Cabrera  /

Las opciones de Trump sobre Irán, arrasar, dejar pudrir o pactar

En los días previos a la Asamblea General de la ONU, Donald Trump describió con crudeza las tres vías que, según él, tiene sobre la mesa respecto a Irán: “arrasar Irán, dejarles que se pudran por la vía económica o pactar”.

Estas declaraciones, realizadas en una conversación con Fox News, resumen la esencia de su postura: una mezcla de amenaza militar extrema, presión económica y una puerta abierta —aunque condicionada— a la negociación.

Trump ha insistido repetidamente en que prefiere una salida diplomática, pero siempre acompañada de una advertencia de que, si no se alcanza un acuerdo, Estados Unidos reanudará los bombardeos a un nivel e intensidad mucho mayores que antes.

En mayo de 2026 llegó a afirmar que la guerra con Irán tenía muy buenas posibilidades de terminar, pero que, de no ser así, habría que “volver a bombardearlos sin piedad”. La posible negociación incluiría compromisos como la exportación del uranio altamente enriquecido iraní a Estados Unidos y una moratoria en el enriquecimiento nuclear a cambio del levantamiento de sanciones.

Sin embargo, Trump también ha coqueteado con objetivos más ambiciosos y controvertidos, como “quedarse con el petróleo de Irán” o incluso ocupar la isla de Kharg, el principal centro de exportación petrolera del país.

Estas declaraciones, más propias de un discurso de conquista que de una estrategia diplomática, han alimentado la percepción de que su aproximación al conflicto carece de una hoja de ruta clara y oscila entre la bravata y la búsqueda de un acuerdo.

La crítica interna también ha crecido. Incluso dentro del partido Republicano y del movimiento MAGA han surgido voces de escepticismo ante una guerra impopular y sin objetivos definidos.

Analistas señalan que el conflicto ha expuesto los límites de la capacidad persuasiva de Trump y ha dañado su imagen de “negociador efectivo”.

La reacción defensiva de Irán: “Sabemos cómo responder”

Irán no ha permanecido pasivo ante las amenazas. La respuesta de Teherán ha sido firme, desafiante y articulada en múltiples frentes, combinando retórica de resistencia con preparativos militares concretos.

El portavoz de la Cancillería iraní, Esmail Baghaei, respondió a las advertencias de Trump con una frase que se ha convertido en un lema de la postura oficial: “No se preocupen, sabemos cómo responder”.

El viceministro de Asuntos Exteriores, Kazem Gharibabadi, calificó las declaraciones de Trump como un intento de presentar una “amenaza” como una “oportunidad para la paz”.

En el plano militar, el ejército iraní ha advertido que, si Estados Unidos reanuda los ataques, abrirá nuevos frentes contra intereses estadounidenses y que las fuerzas y activos de EE. UU. en la región enfrentarán una respuesta nueva, ofensiva, sorpresiva y tormentosa.

Un portavoz militar iraní llegó a afirmar que cualquier intento de “recuperar la cara” mediante una nueva agresión resultará en un golpe “más violento y pesado” para Washington.

Irán también ha desarrollado una “lista de objetivos militares” actualizada bajo los principios de “respuesta equivalente” y disuasión ofensiva, que incluye planes para bloquear el estrecho de Bab el-Mandeb, atacar objetivos estadounidenses e israelíes en Oriente Medio y coordinar acciones con fuerzas de la resistencia regional.

Además, Teherán ha mantenido un control estricto sobre el estrecho de Ormuz y ha amenazado con someter los cables de fibra óptica que pasan por esa vía a un sistema de permisos.

El presidente iraní, Masud Pezeshkian, sintetizó la posición de su país: “Nunca nos inclinaremos ante el enemigo, y si se habla de diálogo o negociación, eso no significa rendición ni retroceso”.

En este contexto de máxima tensión, la coincidencia de ambos mandatarios en la 81.ª Asamblea General de la ONU en Nueva York ha abierto una ventana —estrecha pero real— a un posible encuentro directo.

Trump declaró el domingo 20 de septiembre que estaría “probablemente abierto” a reunirse con Pezeshkian al margen de la Asamblea.

El presidente estadounidense se encuentra, según sus propias palabras, -en modo de toma de decisiones- sobre el siguiente paso en el conflicto con Irán. Trump tiene previsto dirigirse a la Asamblea el martes, mientras que Pezeshkian hablará el miércoles.

El Departamento de Estado ya ha emitido las visas para la delegación iraní, incluidos Pezeshkian y el canciller Abbas Araghchi, cumpliendo con las obligaciones de Estados Unidos como país anfitrión.

Sin embargo, el encuentro no está confirmado y, de producirse, sería el primer cara a cara entre ambos presidentes desde que los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán iniciaron el conflicto a finales de febrero.

Irán ha enviado a Washington, a través de mediadores como Catar, una lista de condiciones para poner fin a las hostilidades, que incluye el cese de las operaciones militares, la liberación de fondos congelados y el levantamiento del bloqueo naval.

Estas condiciones reflejan que Teherán no está dispuesto a negociar desde una posición de rendición, sino desde la exigencia de gestos concretos que reviertan la presión estadounidense.

La reunión, si se concretara, tendría un valor simbólico enorme, pero también enormes obstáculos.

Trump ha mezclado repetidamente las amenazas de escalada con la posibilidad de un acuerdo, y sus exigencias —que Irán renuncie a su programa nuclear, a su capacidad de misiles balísticos y a su apoyo a grupos militantes— han sido rechazadas categóricamente por Teherán.

Por su parte, Irán ha dejado claro que no aceptará lo que considera una “rendición disfrazada de negociación”.

Conclusión: una diplomacia bajo la sombra de la guerra

El escenario que se dibuja en la antesala de la Asamblea General de la ONU es el de una diplomacia de alto riesgo, permanentemente amenazada por la lógica militar.

Trump llega a Nueva York con tres opciones sobre la mesa, pero ninguna de ellas parece conducir a una salida estable; el ataque masivo promete una guerra regional de consecuencias impredecibles; la asfixia económica ya ha demostrado ser insuficiente para doblegar a Teherán; y la negociación exige concesiones que Irán considera inaceptables.

Irán, por su parte, ha respondido con una disuasión defensiva-ofensiva que busca elevar el costo de cualquier agresión, pero que también deja poco margen para un compromiso sin salvar las apariencias.

La posibilidad de un encuentro Trump-Pezeshkian en la ONU es, quizás, la última oportunidad para que ambas partes exploren una salida antes de que el conflicto entre en una fase aún más destructiva.

Como ha señalado la prensa internacional, la guerra con Irán se ha convertido en una suerte de “Día de la Marmota” para Trump: un ciclo interminable de bravatas, ultimátums y retrocesos que revela una profunda ausencia de estrategia.

El encuentro en la ONU, si finalmente ocurre, será una prueba de si esa dinámica puede romperse o si, por el contrario, la retórica de la amenaza seguirá prevaleciendo sobre cualquier intento serio de paz.

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