El vuelo a Israel que sobrevivió al ataque suicida de su propio copiloto
Lo que pintaba como un trayecto rutinario entre Dubái y Tel Aviv se transformó esta semana en el guion de una película de terror a 30,000 pies de altura. No fue una falla mecánica ni una tormenta; la amenaza venía sentada en el asiento de al lado, vistiendo el mismo uniforme de la aerolínea.
En TeclaLibre te desmenuzamos la crónica de un vuelo que estuvo a segundos de la catástrofe y que hoy tiene a medio Medio Oriente revisando sus manuales de seguridad.
¿El motivo de la caída? En la cabina de mando, el copiloto —de nacionalidad omaní— sacó un cuchillo y apuñaló brutalmente al capitán del vuelo, de origen emiratí. Su objetivo, según los primeros informes, no era solo eliminar a su compañero de labores, sino destrozar los instrumentos de navegación para asegurarse de estrellar el avión con sus 174 ocupantes a bordo.
Cuando el pánico parecía dictar sentencia de muerte, se activó el instinto de supervivencia. Varios pasajeros irrumpieron para someter al atacante. Testimonios narran cómo, en un escenario manchado de sangre y con el avión sacudiéndose de lado a lado, lograron quitarle el cuchillo y tumbar al agresor al piso.
Pero amarrar al atacante era solo la mitad del problema; alguien tenía que evitar que el avión se estrellara contra el suelo. Providencialmente, entre los pasajeros viajaban pilotos fuera de servicio que corrieron a tomar los mandos de la aeronave desestabilizada, logrando nivelarla a tiempo. Mientras tanto, el único médico a bordo, un pasajero de apellido Musayev, logró detener la hemorragia del capitán herido, estabilizándolo y salvándole la vida en pleno aire.
Con un código 7500 de secuestro emitiendo alarmas en los radares globales, los pilotos de reemplazo desviaron la ruta y lograron un aterrizaje de emergencia en Tabuk, Arabia Saudita. Pisaban territorio desconocido, sumando una gruesa capa de tensión geopolítica al asunto para los pasajeros israelíes.
Al tocar tierra, las autoridades saudíes tomaron custodia inmediata del copiloto omaní, quien actualmente está bajo un estricto interrogatorio. El avión finalmente pudo reanudar su viaje, aterrizando en Tel Aviv la noche del miércoles, donde los pasajeros fueron recibidos entre cánticos y lágrimas por sus familiares.
El trasfondo: El terror viaja en primera clase
En este análisis no nos quedamos solo con la hazaña de película. Las autoridades israelíes, con el primer ministro Netanyahu al frente, no han titubeado en catalogar el incidente como un ataque terrorista, señalando que el copiloto había sido víctima de un «adoctrinamiento radical».
Este evento envía un mensaje escalofriante sobre las grietas de seguridad y los protocolos de evaluación psicológica en la aviación civil de Medio Oriente. Que la amenaza más letal tenga las llaves de la cabina y el control de los motores es el peor escenario para cualquier agencia de inteligencia. Por ahora, el mundo de la aviación respira profundo, sabiendo que la tragedia se evitó únicamente porque un puñado de personas ordinarias decidió que no iban a morir ese día.
A esta redacción llegan noticias alentadoras de la recuperación del piloto.
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