Un pueblo que honra a quienes escribieron su historia
Bajo el lema «Tamboril te recuerda con gratitud y amor», una exposición fotográfica al aire libre rescata la memoria de hombres y mujeres que dejaron huellas en la educación, el tabaco, el deporte, la salud, la fotografía, el servicio público y la vida comunitaria.
Hay pueblos que celebran su historia y pueblos que, además, se detienen a mirar los rostros de quienes la hicieron posible. Tamboril ha decidido hacer ambas cosas.
Desde la noche del sábado 17 de octubre, en el marco de las Fiestas Patronales San Rafael 2026, una exposición fotográfica al aire libre convierte los espacios públicos del municipio en un encuentro con su propia memoria. Bajo el lema «Tamboril te recuerda con gratitud y amor», los retratos y semblanzas de distinguidos munícipes fallecidos devuelven al presente los nombres, las vidas y las contribuciones de quienes ayudaron a levantar el Tamboril de hoy.
No se trata simplemente de exhibir fotografías ni de enumerar fechas de nacimiento y muerte. Es una manera de contar la historia desde sus protagonistas cotidianos: maestros, tabaqueros, deportistas, comerciantes, fotógrafos, servidores públicos, ciudadanos solidarios y hombres y mujeres que encontraron en el trabajo, la familia y el compromiso comunitario una forma de trascender.
Entre los homenajeados figura Rafael «Baby» Caraballo (1938-2025), recordado por su sencillez, nobleza y vocación filantrópica. También Manuel Esteban «Manolito» Grullón (1944-2023), cuya semblanza destaca la solidaridad, la lealtad y la disposición de servir al bien social.
La exposición reúne igualmente las memorias de Simón Bolívar Capellán (1936-2022) y Leyda Altagracia Reynoso (1939-2017), así como las de Ariosto Publio Germosén (1934-2024) y Clotilde Rodríguez (1935-1993), vinculados en estas evocaciones con la fe, el servicio y el magisterio.
La educación, una de las columnas fundamentales de cualquier comunidad, encuentra un lugar especial en el recuerdo de Altagracia Jiménez Almanzar, «Doña Tatá» (1927-2020), cuya vocación docente dejó una huella afectiva en generaciones de alumnos y familias.
El trabajo y la cultura del tabaco, tan ligados a la identidad económica y social de Tamboril, también tienen sus representantes. Gregorio Compres, «Gregorito» (1934-1991), es recordado como un tabaquero orgulloso de su oficio y servidor de su gente. Su legado, según la semblanza que acompaña su imagen, permanece vivo en sus hijos y en la memoria de quienes conocieron su rectitud.
En el deporte, Luis Tomás Germosén, conocido como «Juan Germosén» (1951-2025), ocupa un lugar destacado por su trayectoria en el béisbol amateur. Su recuerdo expresa algo más que una hazaña deportiva: representa el orgullo de una comunidad que encuentra en sus atletas parte de su identidad.
La música y las artes tampoco quedan fuera de este recorrido. Miguel Germosén (1913-1978) es evocado mediante una imagen poética que alude a la batuta y la devoción musical. Rafael Caridad Reynoso, «Querido» (1953-2018), permanece asociado a su guitarra y a una vida humilde. Y Francisco María Rodríguez (1909-1992), artista del lente, recibe reconocimiento por haber detenido el tiempo con sus fotografías y contribuido a preservar la historia local.
Otros nombres remiten a la vida democrática, la actividad comercial y el compromiso ciudadano. José Daniel Ariza Cabral (1927-2022) es recordado como patriota y demócrata que desafió el terror de la dictadura. Juan José Domínguez (1929-1998) aparece como visionario de los negocios y emprendedor. Joaquín de la Rosa (1895-1968), por su parte, es evocado por su responsabilidad ciudadana y su servicio público.
La lista incluye, además, a Salvador Lizardo (1927-2011), cuyo recuerdo se asocia con la honradez; Ernesto Reynoso (1936-2008), destacado por su formación y su fe; Félix Bolívar Reynoso (1928-2024), por su compromiso y laboriosidad; y Evelio Germosén (1945-2022), por su dedicación a la familia y al servicio.
Las memorias familiares y comunitarias también tienen su espacio en los homenajes a Bolívar Peña (1904-1982) y Ana Abreu (1914-2004); Pedro A. Fernández, «Negro Concha» (1929-2023), y Antonio José Bienvenido Santana (1927-2020); Luis Santana (1931-2022); Luis Espinal (1918-2002) y Leonides Faña (1920-2006); Isaac Germosén, «Cocolo» (1955-2015); y Julio Ramos (1904-1971) y Antonia Abreu (1915-1979).
Completa este conjunto Rosely Veras (1963-2025), recordada por su compromiso laboral y su disposición para brindar apoyo solidario.
Cada semblanza aporta una pieza a un mosaico humano mucho más amplio que cualquier biografía individual. Juntas cuentan la historia de un municipio donde el magisterio, la artesanía del tabaco, la música, el comercio, el deporte, la fotografía, la fe y el trabajo comunitario han contribuido a forjar una identidad compartida.
Por eso, el valor de esta iniciativa trasciende las celebraciones patronales. Las fiestas pasan, las luces se apagan y los escenarios vuelven a su rutina. Pero la memoria que se transmite a los niños y jóvenes puede permanecer mucho más tiempo, siempre que encuentre quién la conserve, la explique y la convierta en parte de la educación de las nuevas generaciones.
Una exposición de esta naturaleza también plantea una responsabilidad: preservar los retratos, documentar las biografías, reunir testimonios de familiares y contemporáneos y crear un archivo histórico que permita consultar estas vidas más allá de las fechas de la celebración. El homenaje público puede ser el comienzo de una labor permanente de investigación y divulgación de la historia municipal.
Conclusión TeclaLibre
Tamboril honra a sus muertos, pero el mensaje más profundo de esta exposición está dirigido a sus vivos.
A los jóvenes, para que comprendan que los pueblos no nacen terminados ni se construyen por generación espontánea. A las familias, para que transmitan los valores que heredaron. Y a las instituciones, para que entiendan que preservar la memoria colectiva es también una forma de invertir en el futuro.
Porque un pueblo que olvida a quienes lo levantaron corre el riesgo de desconocer sus propias raíces. En cambio, cuando coloca sus rostros a la vista de todos y cuenta sus historias, convierte la gratitud en enseñanza y el recuerdo en patrimonio.
Tamboril te recuerda con gratitud y amor. Y al hacerlo, recuerda también quién es, de dónde viene y qué debe transmitir a quienes todavía tienen la tarea de escribir su historia.
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