¿Quién responde cuando pase el convoy?
Los vítores en Kenscoff y las escenas difundidas desde Puerto Príncipe muestran el alivio de vecinos hartos de las bandas. Mientras circulan los videos, cuatro salvadoreños siguen desaparecidos y el despliegue abre una pregunta que ningún aplauso resuelve: quién manda y hasta cuándo.
Por Luis Rodríguez Salcedo | TeclaLibre
Un hombre en motocicleta se arrima al convoy y da las gracias en español. En Kenscoff, al sureste de Puerto Príncipe, otros vecinos reciben a los militares salvadoreños con aplausos y cánticos. El miércoles 4 de noviembre, Nayib Bukele compartió en X imágenes del despliegue y se burló en criollo haitiano de las pandillas, que, según él, parecían rehuir el combate. Ese mismo día, El Día reseñó la bienvenida en Kenscoff. Al día siguiente, CiberCuba describió también escenas en calles de la capital. La fecha exacta de las grabaciones sigue sin precisarse.
En Facebook, el reel le pone una cifra a la escena: «miles de haitianos». Y al agradecimiento le pone una corona: presenta a Bukele como el líder más popular de Haití. Las imágenes permiten hablar de vecinos que salieron a vitorear a los soldados. La cifra y el alcance nacional de ese respaldo quedan por demostrar. Pero sería igual de fácil despachar la escena como propaganda y pasar por alto al hombre de la motocicleta. Para quien lleva años haciendo cuentas antes de salir de su barrio, el paso de una patrulla puede ser la primera buena noticia del día.
La búsqueda que se volvió ofensiva
El 18 de octubre, cuatro técnicos salvadoreños de aviación desaparecieron tras una emboscada en Croix-des-Bouquets, en las afueras de la capital. La Policía haitiana informó que recuperó el vehículo calcinado en el sector de Santo. El hallazgo, reportado por AP y EFE el 4 de noviembre, dejó pendiente lo esencial: el paradero de los cuatro. Entretanto, El Salvador envió más de dos mil efectivos, y EFE reportó una operación en la llanura del Cul-de-Sac contra Chen Mechan y 400 Mawozo, dos bandas señaladas en relación con la desaparición.
El jefe de 400 Mawozo, Wilson Joseph, pidió la mediación de la ONU. ¿Buscaba ganar tiempo, abrir una negociación o conseguir que lo trataran como interlocutor? La carta acredita la petición. Sus motivos siguen abiertos. Y mientras el jefe pandillero buscaba una puerta en Naciones Unidas, Bukele se dirigía a los haitianos en su idioma y les prometía que sus soldados se irían una vez cumplida la misión. ¿Qué significa cumplirla si la búsqueda de cuatro hombres ya convive con la promesa de recuperar el país?
El aplauso también le habla a Puerto Príncipe
En el programa dominicano D’Agenda, el excónsul haitiano Edwin Paraison interpretó el despliegue como una decisión respaldada por la población y pidió aclarar bajo qué mando se opera. El medio haitiano Réalité Info leyó los vítores como un desaire al primer ministro Alix Didier Fils-Aimé. En Le Nouvelliste, Réginald Surin puso el acento en otra parte: los salvadoreños pueden ganar combates, pero la paz duradera sigue siendo responsabilidad del Estado haitiano. Las tres lecturas caben en la misma calle: gratitud hacia quien llega, impaciencia con quien gobierna y dudas sobre quién se hará cargo después.
AP señaló que Bukele no había confirmado ese arreglo para sus tropas. Y la ONU precisó que, según la información de su portavoz, la gran mayoría de los refuerzos salvadoreños quedaba fuera del mandato de su oficina de apoyo. La diferencia importa cuando hay que saber quién da una orden, quién investiga una denuncia y quién decide que llegó la hora de salir.
A Bukele, el video le permite mostrar en segundos una bienvenida que cualquier gobernante querría para sus tropas. Al vecino de Kenscoff le toca una cuenta más larga. Querrá saber si puede volver a casa por la misma calle, a la misma hora, el día en que ya no haya convoy ni cámara. Ahí se verá cuánto duró el alivio que hoy se oye en los aplausos.
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