Por: Rosina Anglada
Hace unos años leí la novela El Montero, de Pedro Francisco Bonó quien está considerado el ‘Padre de la sociología dominicana’, escrita en el año 1856, considerada como la primera novela Dominicana.

Esta novela describe al Montero, personaje del siglo XIX, que se dedicaba a montear, atrapar ganado y cerdos cimarrones para garantizarse su subsistencia. Consta de 12 capítulos y nos narra una historia de amor con aventuras y peligros.
Las costumbres y maneras de la Vida en el Cibao Oriental (Nagua, Matancitas) y nos describe al detalle como eran las casuchas o bohíos. Sus fiestas con fandango y la manera en que se celebraban las bodas en el campo con comida y mucho ron.
El traje de los monteros era«chamarreta de burda tela de cáñamo con calzones de lo mismo, sujetos a la cintura por una correa de hebilla de acero, machete corto de cabos de palo y vaina de cuero, cuchillo de monte, eslabón de afilar pendiente de la correa y con una cadenita de hierro…sombrero entre zarzas y malezas, cubría su cabeza con un gorro de paño que en su primitivo origen debía ser negro, pero que la intemperie y la grasa habían puesto de color dudoso».
El montero es el origen del dominicano, del campesino, de ahí nos viene la dominicanidad.
Comparto parte de la ponencia presentada por el erudito economista, educador, historiador, escritor Raymundo Gonzalez, sobre los monteros y maroteros como originarios del campesino dominicano en un ‘Dialogo de tambores: aportes de la afrodescendencia a la cultura dominicana‘ auspiciado por los ministerios de economía y de relaciones exteriores y un sinnúmero de instituciones y organizaciones.
Enlace de dicha ponencia:

