InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURAUN RECUERDO DEL POETA Y ENTRAÑABLE AMIGO RAFAEL ABREU MEJÍA

UN RECUERDO DEL POETA Y ENTRAÑABLE AMIGO RAFAEL ABREU MEJÍA

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Por: Miguel Collado
Por haber sido testigo de lo que fue la vida del poeta Rafael Abreu Mejía, fascinado de la profunda y maravillosa espiritualidad consustancial a la poesía oriental, puedo dar testimonio de que estaba él consciente de su búsqueda constante al penetrar en los misterios del haiku, cuya conexión con la esencia de la naturaleza es el origen de sus misterios.
Hizo de la creación poética inspirada en esa literatura del Oriente, su vida. Rumiaba sus poemas breves y luego, como un mago de poderosa memoria, los transcribía al llegar a algún lugar donde pudiera disponer de papel y lápiz.
Era como si el haiku fuera una extensión de él mismo. Recuerdo que en cierta ocasión me confesó que a ese trayecto de su casa a mi casa lo había nombrado “El caminito del haiku”,  porque mientras lo recorría en su camioneta iba rumiando algún haiku.
Al llegar a casa, lo escribía. Era toda una vivencia para él hacer eso y solía hacerlo varias veces a la semana, debido a que era profunda nuestra amistad. Tanto, que fue padrino de mi hijo menor.
En la azotea de mi casa, con el poeta Tomás Castro Burdiez y con quien esta nota evocadora escribe, comenzó Rafael Abreu Mejía a leer a Matsuo Basho y a entender la maravilla del haiku.
Por él aprendí que escribir un verdadero haiku solo es posible cuando su magia, su espiritualidad emanada de la madre naturaleza, se apodera de su creador.
Addendum:
EL POETA RAFAEL ABREU MEJÍA TRABAJÓ EN LA EDITORA DE LA UASD / Miguel Collado
Por varios años, en las décadas de los 60 y 70, el poeta Rafael Abreu Mejía trabajó en la Editora de la UASD como realizador artístico y corrector.
Era, incluso, el corrector favorito de Juan Isidro Jimenes Grullón, prominente intelectual dominicano.
Fue integrante del grupo literario La Antorcha, junto a Mateo Morrison, Enrique Eusebio y Alexis Gómez. Incluso fue quien le dio ese nombre a dicho grupo, formado en 1967 en su casa de Alma Rosa, en la zona oriental de la capital dominicana.
La UASD debería rendirle tributo a su memoria.
A continuación un poema de Rafael Abreu Mejia.  Publicado en el periódico “El Nacional de Ahora” (Santo Domingo), enero 21, 1968.
TRANSPARENCIA DEL DOLOR
Todo es nada cuando llega el dolor.
La carne herida por las sombras
llena de espanto la miseria.
Pero ellos no se detienen,
reciben la sangre con una sonrisa
en su eterno afán de entristecer las mañanas.
Entonces la tragedia se escabulle hasta los diarios
y a través de los ojos nos llega al corazón
y la impasibilidad muere,
la pólvora se llena de rabia,
los ángeles de la guerra encienden la tea,
la explosión y la maldad
se comen las uñas nerviosamente.
Hay pánico.
La decisión flota en las aguas del coraje.
Los escombros niegan la civilización
que el hombre proclama.
Después es igual que siempre:
una vieja paloma blanca,
triste y enferma,
con el pico rojo y las patas negras.
El dolor de mi pueblo es transparente.
El dolor de mi pueblo tiene nostalgia de pan.
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