InicioARTE Y CULTURAEn el centenario del nacimiento de Don Virgilio Díaz Grullón 1924-2001

En el centenario del nacimiento de Don Virgilio Díaz Grullón 1924-2001

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Virgilio Díaz Grullón nació en Santiago de los Caballeros, el 1ro de mayo del 1924.       Su padre Virgilio Díaz Ordóñez (Ligio Vizardi), su madre, Ana Virginia Grullón, cursó sus primeros estudios en Santiago de los Caballeros.

En 1946 obtuvo el título de Doctor en Derecho en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, desempeñó cargos en la administración pública, la banca privada y en organismos financieros internacionales.

Fue un hombre ilustre, culto. Su obra es vasta y está considerado como uno de los mejores exponentes de la literatura dominicana en el género de cuentos.

Juan Bosch expresó que, desde su juventud Díaz Grullón «Tenía la madurez de un cuentista avezado en el tratamiento del género».

Calificó el cuento “La enemiga” como «…el cuento perfecto…» donde «…Grullón muestra la asombrosa facultad de describir complejidades psicológicas con una cantidad sorprendentemente escasa de palabras».

Don Virgilio Díaz Grullón trabajó de manera magistral la narración de escenario urbano y de clase media, el cuento psicológico, inspiraba su sencillez, su don de gentes, su afabilidad,  sonrisa tierna, su humildad, expresó que el autor original del cuento psicológico era Ángel Lamarche, (1899-1962) dominicano que vivió fuera de nuestro país.

El cuento ‘Edipo’ resultó finalista en el Concurso de Autores Hispanoamericanos del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid.

Colaboró con diversos periódicos y revistas nacionales y extranjeras, varios de sus cuentos han sido traducidos al inglés, francés y portugués, aparece en numerosas antologías.

Fue miembro de la Academia Dominicana de la Lengua.

En 1958 obtuvo el Premio Nacional del Cuento con “Un día cualquiera”.  Ciudad Trujillo. Editorial Librería Dominicana.

1966: publicó Crónicas de Altocerro.  Santo Domingo: Editora El Caribe .

1975: Más allá del espejo. Santo Domingo: Universidad Autónoma de Santo Domingo.
1977: Los algarrobos también sueñan. Santo Domingo: Editora Taller.
1981: De niños, hombres y fantasmas [el libro agrupa sus obras narrativas]. Santo Domingo: Colección Montesinos.
1989: Antinostalgia de una era. Santo Domingo: Fundación Cultural Dominicana.

1997: Premio Nacional de Literatura de la República Dominicana en 1997

2019 : La Feria Internacional del Libro SD le fue dedicada.

Falleció en Santo Domingo, el 18 de julio del 2001.

 “Los algarrobos también sueñan” fue calificada como la Mejor Novela del Año en 1977, dedicada a los jóvenes héroes y mártires del 14 de junio, inmolados en nuestras montañas por amor a su pueblo en el verano de 1959,  expresa una fuerte crítica al tirano Trujillo, y reivindica los fracasados intentos de oposición armada e ideológica a su dictadura.

Novela sustanciosa, histórica que narra cómo y por qué Alberto, joven a quien le nació la conciencia cuando recibió sus Reyes Magos, llegó a enrolarse en este proyecto.

De manera magistral, el narrador nos cuenta detalladamente todos los avatares, mientras su cuerpo cae del árbol de algarrobo, impactado por el disparo certero del sargento Sención.

Los cuentos: “El Pozo sin fondo”, “La enemiga”, “El miedo”, “La rebelión”,  “El pequeño culpable”, “La pesadilla”, El reloj”, entre otros, son algunos de los que hemos leído y disfrutado y se han vuelto inolvidables por su contenido humano y sentimental.

Virgilio Diaz Grullón expresó en una disertación que todos sus cuentos tenían que ver con su vida, con sus temores, emociones, sentimientos de niño… todo está expresado en sus obras, quedó huérfano de madre a la tierna edad de 7 años y por eso me conmueve el cuento “El Reloj”, el abuelito le cuenta que su madre es como un rayito de sol en la aguja del reloj.

  • ‘El Reloj’ trata del regalo que hace el abuelo a su nieto, un reloj, objeto muy apreciado que le proporciona una gran felicidad para inducirle el pensamiento, la reflexión de un tema triste y serio su madre ya no estará más en la casa…

Don Virgilio Díaz Grullón, quedó huérfano de madre a muy tierna edad, inimaginable cuán difícil pudo ser para su padre Virgilio Diaz Ordoñez, diplomático, poeta, académico, ex rector de la Universidad de Santo Domingo, autor de un poema muy sentimental y profundo “Intimismo” recordamos:

“la vieja camisa rota que ya no hay quien la remienda, pues las manos santas de su madre que la cuidaron, que apegaron el botón fugitivo ya no están, y quien dijera que habrías de durar más que la mano aquella que te solía cuidar!

En este relato, el abuelo saca al niño de su entorno y se las ingenia con este reloj, aflora la ternura y el amor de manera impactante.

El abuelo le dice al niño que ese reloj cuya «agujita dorada en realidad no es una agujita» sino un rayito de sol, él hizo “un acuerdo entre Dios y yo, ¿sabes?

El necesitaba de alguien a quien yo quería mucho, y deseaba tenerla a su lado para siempre… Y yo le dije que Él era dueño de mí y de todo lo mío, y que podía llevársela cuando quisiera…

Entonces El me dio la gracias y me dijo: «Deseo darte algo a cambio del sacrificio que te pido: toma este rayito de sol y guárdalo para ti»

  • La pesadilla es otro cuento que expresa la ingenuidad infantil y el desamparo ante el miedo que le produce la locomotora que recorría las calles de la ciudad de San Pedro de Macorís de día y de noche, que la compara con un monstruo.

Al venir desde Santiago a San Pedro de Macorís, lugar de nacimiento de su padre, esta experiencia la compara con una PESADILLA.

El niño observaba al monstruo y sólo podía ver la cabeza, imaginaba el cuerpo…. El monstruo se daba cuenta de su presencia, sopló con estruendo echando fuego y emprende la carrera mientras el monstruo seguía y fue a abrazarse a su tía que estaba en el patio extendiendo una sábana en el cordel y se inclinaba al niño. Con las manos le acaricio el pelo al niño,

Se apretó aún más en el pecho; ¿A que le tienes tanto miedo?

Hay monstruos horribles que me asustan, me acechan,

Vienen corriendo a comerme,

Echan fuego y rugen, con su sarta de vagones trepidantes

Dando gritos de espanto, el niño abrió de un empujón la puerta de madera que cerraba el callejón al borde de la casa y atravesó corriendo el patio hasta abrazarse llorando a las faldas de la mujer que colgaba la ropa recién lavada en el cordel extendido sobre la cerca.

– ahí viene otra vez, Tata!… ¡Me quiere comer! …-

La mujer, impasible, con un gancho de madera apretado entre los dientes extendía con cuidado una sábana doblada en dos sobre el cordel. Sin mirar al niño, dijo: 

– ¿Qué tienes?… ¿Por qué lloras de esa manera? –

– ¡Me va a comer, Tata! … ¡Me va a comer! –

Tata. Es verdad lo que te digo… El monstruo me acecha escondido detrás de la pared que está allí enfrente, y tan pronto cruzo la calle, viene corriendo hacia mí para comerme…-

 – ¿Y cómo es ese monstruo terrible que te quiere comer? –

 -Parece una culebra, pero es grande como una casa… y se arrastra por el suelo, y echa fuego, y ruge …

«La rebelión» (1958) trata de las mujeres que se quedan solteronas. Ocurría antaño casi en cada familia una tía asumía las responsabilidades del cuidado de sus progenitores o de los sobrinos, por consiguiente, “perdía” el tiempo propicio para encontrar pareja.

En República Dominicana en el siglo XX, la sociedad ejercía mucha presión para que las mujeres se casaran y si era antes de los veinte años mejor, si una sobrepasaba los 25 años y aún no se había matrimoniado se le cambiaba el nombre y le decían “jamona” o que “se quedó para vestir santos”, prácticamente estaba condenada a llevar una vida insípida, vacía, al servicio de los mayores y de los sobrinos, inclusive había un dicho ↑al que Dios no le da hijos, el diablo les da sobrinos, algunas sentían vergüenza,.

La rebelión, la tía Julia empezó a pensar en su vecino, soltero igual que ella y que se le mostraba y rápidamente emparejo con él.

—¿Por qué no te casas, tía Julia?

—Porque nadie ha querido casarse conmigo, Pedrito.

Su hermano Pedro había alquilado una pieza al zapatero que trabajaba de noche golpeando compasadamente sobre el cuero

A ella la turbaba la presencia de aquel extraño en la casa. Cuando ella trabajaba en el jardín por las mañanas, debía pasar forzosamente ante la puerta del garaje y no podía evitar mirar al hombre casi desnudo, con apenas una camisilla rota y un pantalón recortado que dejaban ver por todas partes su carne oscura y sudada.

 

Aunque ‘éste no era atrevido ni insolente…se conservaba en su lugar… lo consideraba   como un intruso…’

La tia Julia ha cuidado al niño durante cuatro años, luego que su madre falleció, ahora ha cambiado todo porque Pedro se ha vuelto a casar y se lleva a su hijo con él y su nueva esposa.

Mientras los novios estaban en la sala acariciándose, se turban al ver a Julia y ella escuchó parte del diálogo de ambos en voz baja a su espalda:

 

—¿Crees que nos vio?

—No, no me parece… La pobre tía Julia nunca se da cuenta de nada…

 ‘Julia  Se sintió herida en lo más hondo, allí donde las cosas duelen realmente…

¿Por qué habría dicho aquello Elvira? ¿Para tranquilizar al novio o porque creía realmente lo que dijo?… ¿Era ésa la idea que tenía su sobrina de ella?… ¿Era así como pensaban también los demás? ¿Su hermano, el niño?… No, el niño era distinto… al menos por ahora… Pero los otros…

El martilleo del garaje pareció subir de volumen. Julia se tapó los oídos con las manos y cerró los ojos… Siempre había estado demasiado ocupada, pensó, para hacerse a sí misma cierta clase de preguntas. Pero ahora se sentía como ante una puerta que de pronto se hubiera abierto frente a ella. Tras de aquella puerta, ¿qué le estaba ofreciendo la vida? ¿Cómo había llenado hasta ahora los años transcurridos? ¿Qué le quedaba para colmar los que faltaban por llegar?…

Mañana temprano se marchaba el niño; el mes próximo se casaba Elvira, y ella iba a quedarse sola en aquella casa que de pronto le pareció enorme y ya vacía… ¿Y entonces, Dios mío?…

 Movió la cabeza de un lado a otro al compás de los martillazos que ahora parecían sonar dentro de su cráneo… ¿Pero por qué antes no se había sentido nunca así? ¿Por qué tenía que ser ahora, en este instante, cuando se viera a sí misma tal como era, tal como había sido y tal como seria siempre: una simple espectadora al borde de la vida, ¿mirándola de lejos y sin pedirle nada, como alguien que observara desde la acera el alegre desfile que pasa por la calle?

 Toma la decisión de visitar al zapatero para darle un nuevo giro a su vida.

Al sentirla entrar, el hombre cesó de golpear y la miró a los ojos. Ella no dio ninguna explicación. Se acercó a él y tomándole la cabeza por el pelo crespo la apretó contra su vientre.

Él murmuró con la boca pegada a la carne tibia y palpitante:

—Al fin!… Creí que ya nunca…

Pero ella, inclinándose sobre el cuerpo moreno y sudado, lo interrumpió con una voz que sonó extraña aún para ella misma:

—¡Mentiroso!… Sabías bien que yo terminaría por venir…

  • EL POZO SIN FONDO

Don Virgilio Díaz Grullón, contó las vivencias que le llevaron a escribir este significativo y hermoso relato, se trata de una tía, que la tenían recluida en una casita en el patio que quedaba cerca del pozo donde los niños tenían prohibido asomarse…allá en el fondo de la casa.

La depresión mental es comparada en este relato a un pozo sin fondo.

 

» Dentro de ella todo debe ser negro como la noche… y por más que la mires y la mires, no sabrás nunca lo que tiene dentro… »

A los niños se les advertía que …  no se acerquen al pozo por nada del mundo…

Allí estaba la tía:

-Igual que siempre. Estaba acostada en la cama y ni siquiera se movió cuando entré… Le hablé, pero no me respondió… ¡Pobre mujer!… Antes por lo menos parecía siempre contenta: cantaba y se reía sola. Pero ahora…-

En este relato nos encontramos con un arcaísmo: combina, lugar secreto de la muchachada del siglo pasado.

-Todavía tengo una combina mejor… Te la voy a enseñar si me prometes no contárselo a nadie. –

-¿Una combina mejor?.. ¿Cuál es? –

-El pozo… Ven, vamos a verlo…

-Pero tu mamá dijo…-

-Mamá está ahora en la cocina. Si nos vamos por ahí detrás no podrá vernos. –

-Pero…-

 Él la tomó con firmeza de la mano y echó a andar venciendo la débil resistencia. -Te va a gustar mucho-, le dijo mientras caminaban apresuradamente. – Yo voy todos los días escondido de mamá. Me paso horas enteras mirando hacia abajo, pero nunca he podido saber dónde termina… Creo que no tiene fondo… Si tiras una piedra por el hoyo, te quedas esperando, esperando y nunca la oyes caer…-

 A medida que hablaba, sus ojos relucían con un brillo extraño que iba acentuándose cada vez más. Bajó la voz y agregó casi en secreto al oído de la niña:

– …Y a veces, cuando no haces ruido y te estás sin moverte mucho rato junto a él, te dice palabras y te canta canciones…-

Bordearon los flamboyanes, se agacharon para pasar bajo una alambrada de púas y penetraron en el terreno prohibido.

Frente a ellos se extendía una amplia zona de yerba que crecía sin cuido hasta una altura mayor que ellos mismos.

Después de andar algunos pasos, la niña se detuvo temerosa:

-¿Es muy lejos?-

-No. Está allí mismo, detrás de aquella empalizada…

Anda, vamos. – El niño apremiaba con impaciencia.

Franquearon sin dificultad la cerca de tablas de palma y se encontraron de súbito frente al pozo abandonado. Estaba en el centro de un claro, solitario, con su brocal de cemento y piedras erguido sobre la tierra seca que lo rodeaba. La yerba que crecía por todas partes, se detenía a su alrededor como si respetase su soledad malhumorada y altiva.

Los niños se acercaron cautelosos, y apoyando las manos sobre el brocal, trataron de mirar dentro del profundo agujero. Pero su visión apenas alcanzaba unos dos metros: más abajo, la oscuridad era absoluta.

El niño tomó una piedra del suelo y la dejó caer dentro del pozo. Las cabezas se inclinaron, más ningún sonido delató su caída.

-¿Ves?-, dijo él.- No tiene fondo… Prueba tú ahora…-

La niña obedeció, y de nuevo esperaron inútilmente inclinados hacia el hoyo profundo.

Una corriente de aire pareció estremecer de arriba a abajo el cuerpo de la niña:

– ¡Vámonos de aquí! -, dijo, -Está haciendo frío.-

-No, espera un poco… -El niño recogía piedras del suelo y las amontonaba sobre el brocal. Sin hacer caso de la niña, comenzó a arrojarlas una a una hacia abajo, mientras ella a su lado insistía:

-Va a llover. Vámonos, que tu mamá dijo…- La cabeza del niño desaparecía dentro del brocal, esperando el sonido que no llegaba nunca, y continuaba arrojando la piedra ajena a cuanto le rodeaba.

Al rodear un grupo de matorrales, notó por primera vez la construcción de concreto, levantada a unos pocos pasos de distancia y que hasta aquel momento le había ocultado la maleza.

 

-Hay una mujer encerrada… Está allí sin moverse, Mirándote… y quisieras quedarte con ella, y sin embargo te da miedo… Le haces preguntas, y es como tirar piedras en el pozo: te quedas esperando, esperando, y no responde…-

 

Se detuvo un instante y, como si hablara para sí mismo, continuó:

 

-Sí. Igual que el pozo… Dentro de ella todo debe ser negro como la noche… y por más que la mires y la mires, no sabrás nunca lo que tiene dentro… y reanudaron la marcha hacia la casa, lentamente y reanudaron la marcha hacia la casa, lentamente ahora, mudos, estremecidos y confusos.

 

Excelentes relatos de D. Virgilio Diaz Grullón, en su 100 aniversario de su natalicio que siga descansando en paz su alma.

 

 

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