InicioESTADOS UNIDOSEL HOTEL OLOFFSON DE HAITI FUE ATACADO POR GRUPO ARMADO

EL HOTEL OLOFFSON DE HAITI FUE ATACADO POR GRUPO ARMADO

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-El Hotel Oloffson ardió, y con él, la memoria de un pueblo que resiste entre cenizas y abandono-
Por Teclalibre – Análisis desde la vecindad dominicana

El Hotel Oloffson, joya arquitectónica del siglo XIX, testigo de bohemias caribeñas y símbolo cultural de Puerto Príncipe, fue consumido por las llamas en un ataque perpetrado por grupos armados. Y con él se desmorona, una vez más, una parte del alma haitiana. Esta vez no fue una casa más en los cerros de miseria, ni un mercado popular. Esta vez ardió la historia, la poesía, el alma de una ciudad que ya no encuentra espacio para respirar.

El gobierno haitiano -o lo que queda de su debilitado aparato institucional- reaccionó con palabras grandes y promesas huecas: “tolerancia cero”, “movilización nacional”, “este crimen no quedará impune”. Pero ya el pueblo haitiano ha escuchado esas frases antes, en boca de presidentes desaparecidos, primeros ministros en fuga y consejos presidenciales de transición que más bien parecen consejos de supervivencia política.

Desde República Dominicana, este nuevo acto de barbarie no puede mirarse con indiferencia. No solo porque compartimos una isla, sino porque nos une un drama: el de un país desangrado por décadas de intervenciones, corrupción interna y abandono internacional, y el de otro país -el nuestro- que sigue sin encontrar una política coherente y humana ante la migración y la tragedia del vecino.

La quema del Oloffson no es solo la pérdida de un edificio. Es la demostración brutal de que en Haití no queda terreno sagrado, ni siquiera lo simbólico. Las pandillas, convertidas ya en poder fáctico territorial, actúan como estados paralelos, dictan normas, cobran impuestos, y ahora arrasan templos culturales. Porque sí, el Oloffson no era solo un hotel, era un templo laico del arte y la historia haitiana. Graham Greene escribió allí. Mick Jagger bailó entre sus columnas. Y hoy, entre cenizas, la élite política haitiana promete perseguir a quienes —en muchos casos— ellos mismos alimentaron por años.

La oficina del primer ministro habla de “unidad nacional”, pero ¿cómo se construye unidad en un país donde la política vive protegida tras muros y la población está secuestrada por bandas? ¿Con qué fuerza moral habla un gobierno que ha tenido que importar policías desde Kenia porque sus fuerzas están infiltradas o superadas?

¿Y la comunidad internacional? Más discursos. Más reuniones. Más “preocupación”.
En marzo, Ariel Henry dejó el cargo bajo presión, y el Consejo Presidencial de Transición asumió el timón… de un barco sin brújula. Kenia envió un contingente de policías, pero ni Nairobi ni Washington parecen tener un plan real. La violencia sigue, el caos se profundiza, y la única certeza es que Haití se hunde mientras el mundo hace cálculos diplomáticos.

En República Dominicana, el gobierno guarda silencio. Pero la tragedia de Haití no se detiene en la frontera. Nos toca enfrentarla con responsabilidad, no solo levantando muros o deportando desesperados. Es momento de una política binacional seria, de presión regional coordinada y de asistencia estructural. Porque si Haití cae completamente, el terremoto cruzará inevitablemente la línea fronteriza.

La quema del Hotel Oloffson es una tragedia, sí. Pero también es una alarma. Una señal inequívoca de que Haití no está en una crisis: está en colapso. Y si no lo entendemos desde ahora, el próximo fuego puede ser más cercano de lo que imaginamos.

rodriguezsluism9@gmail.com

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