Silencio de Estado: la mansión de Maduro en RD y el “no comment” made in USA
En el ajedrez político-diplomático, hay movimientos que no se explican… se interpretan. Y lo que ocurrió ayer con el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) entra en esa categoría. Consultados por Diario Libre sobre la incautación de una supuesta propiedad del presidente venezolano Nicolás Maduro en la República Dominicana, la respuesta fue tan seca como calculada: “No comment”.
Nada de ubicación, valor, ni nombres de las agencias dominicanas que —de confirmarse— participaron en la jugada. El muro de silencio se levantó de inmediato, dejando más sombras que certezas.
Mientras en Washington cerraban la boca con doble candado, la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, aprovechó una entrevista en Fox News para soltar un inventario digno de película de gánsteres: más de 700 millones de dólares en bienes confiscados. La lista incluía dos aviones privados, varias mansiones (una de ellas, en República Dominicana), nueve vehículos de lujo, joyas millonarias y hasta una granja de caballos. Todo, según ella, parte de una “red de crimen organizado” vinculada a Maduro, a quien describió como un capo que “mantiene un reino de terror”.
Y para ponerle más pimienta, Washington subió la recompensa por su arresto a 50 millones de dólares, un botín que haría salivar a más de un cazador de recompensas profesional.
Aquí aparece la contradicción que alimenta sospechas: Bondi habla como si tuviera luz verde para dinamitar mediáticamente al chavismo, pero el DOJ responde a la prensa como si se tratara de un secreto de Estado. Un doble juego que huele a táctica política: dar espectáculo en televisión mientras se protegen, por alguna razón, los detalles más comprometedores del operativo.
¿Se protege una investigación en curso? ¿Se evita incomodar a un gobierno aliado en la región? ¿O simplemente se administra la información como herramienta de presión? Preguntas que flotan en el aire, como siempre, sin respuesta oficial.
La movida encaja en la estrategia de la Casa Blanca de Trump 2.0: cercar a Maduro no solo en lo militar y económico, sino también en lo simbólico. Quitarle el brillo de los lujos personales y proyectar la imagen de un fugitivo acorralado. Pero, en el tablero regional, tocar el territorio dominicano con un caso así no es poca cosa. El silencio del DOJ puede ser un guiño discreto para no abrir un frente diplomático innecesario… al menos por ahora.
En este juego, la información vale tanto como el petróleo. Y, a veces, callar es parte del mensaje. Lo único seguro es que, mientras la fiscal Bondi detalla joyas y aviones como quien describe el catálogo de una subasta millonaria, el Departamento de Justicia prefiere que la prensa, y el público, se queden mirando el telón… sin ver lo que pasa detrás.
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