EDITORIAL: 27 de Febrero, viva la soberanía Dominicana
Carlos Márquez /
Teclalibre Multimedios /
EDITORIAL
Este 27 de febrero el estruendo de los cañones y el ondear de la bandera nos recuerdaron que somos libres, soberanos e independientes.
Sin embargo, para Teclalibre Multimedios, esta fecha no puede reducirse a una celebración litúrgica o a un simple feriado en el calendario.
El 27 de febrero debe ser, ante todo, un ejercicio de memoria crítica y ética creativa.
Como planteamos recientemente en el foro del Colegio de Periodistas, la República nació bajo el asedio de un laberinto de ingratitud y traiciones geopolíticas.
Desde el Tratado de Basilea, que pretendió rifar nuestro destino, hasta los constantes intentos de las élites de entonces por buscar protectorados extranjeros, la independencia dominicana ha sido una lucha constante contra la orfandad política.
La verdadera libertad es parte esencial de la presencia de una gestión pública honesta, transparente y comprometida con el bienestar común.
No somos plenamente independientes si el sistema eléctrico colapsa y apaga la visibilidad de los sueños de nuestra gente; no somos plenamente libres si la desidia institucional sustituye al ideal de servicio que Duarte personificó.
El sacrificio del Patricio nos enseña que el mayor enemigo de la patria no siempre está fuera de nuestras fronteras, sino en laingrfatitud frente a los valores fundamentales y en la carencia de una honestidad que rija y sustente el accionar de los funcionarios en nuestras instituciones.
En este 2026, el llamado de los medios que dirigimos es a resetear la República en el corazón de cada dominicano.
Necesitamos una independencia que nos libere de la improvisación y del olvido. Debemos romper los muros del laberinto acientífico que aún nos separa del desarrollo integral.
Necesitamos que el orgullo de ser dominicanos se traduzca en una vigilancia ciudadana activa y en una creatividad que busque soluciones, no solo culpables. Solo así, honrando la pulcritud de Duarte y el arrojo de los febreristas, podremos decir que la República Dominicana se ha vuelto soberana en su dignidad y dueña absoluta de su futuro.
¡Que viva la República Dominicana!