La Factura de la Guerra: El barril a 112 dólares pone en jaque el presupuesto dominicano
Por la Redaccion de TeclaLibre
El humo que sale de las terminales de gas en Irán no sólo oscurece el cielo del Golfo; aquí, en el Gran Caribe, está nublando las proyecciones económicas del segundo trimestre de 2026. Para una región que depende del petróleo para mover desde sus plantas eléctricas hasta sus barcos de suministros, un barril de Brent a USD 112 no es una estadística: es una declaración de guerra al costo de la vida.
En Santo Domingo, el Palacio Nacional y el Ministerio de Industria y Comercio (MICM) han pasado el fin de semana en «cuarto de guerra». El impacto ha sido quirúrgico y doloroso:
El Gobierno acaba de anunciar una inyección extraordinaria de RD$ 1,189.8 millones (unos 19.5 millones de dólares) solo para la semana del 14 al 20 de marzo. Es un intento desesperado por evitar que el golpe sea letal.
Pese al subsidio, el dique se rompió. Las gasolinas premium y regular, así como el gasoil, han subido RD$ 5.00 por galón. La Premium ya roza los RD$ 295.10.
Por ahora, el Gas Licuado de Petróleo (GLP) se mantiene «congelado» en RD$ 137.20. Es la última línea de defensa para la canasta básica y el transporte público, pero la pregunta en los pasillos de Hacienda es: ¿Cuánto tiempo más puede aguantar el fisco este ritmo?
Mientras tanto, el resto del archipiélago y Centroamérica miran con pánico el Estrecho de Ormuz. En Jamaica y Barbados, el costo de la generación eléctrica —altamente dependiente del fueloil— ya anticipa revisiones en la factura de abril.
El problema no es solo el precio del crudo. El conflicto ha disparado los fletes marítimos y ha fortalecido al dólar, creando un «efecto pinza»: pagamos más por el barril, y lo pagamos con una moneda local que pierde terreno frente a un billete verde que se refugia en la incertidumbre.
El ministro Magín Díaz lo ha dicho sin anestesia: el presupuesto dominicano de 2026 se diseñó con un petróleo a USD 64. Hoy, con el precio casi duplicado, el déficit proyectado es una herida abierta. Por cada dólar que sube el barril, la factura petrolera dominicana se encarece en unos USD 64 millones al año.
¿Estamos ante una «volatilidad transitoria» como dice Washington, o ante un reajuste tectónico de los precios energéticos? Si el conflicto en Medio Oriente se prolonga, los RD$ 12,000 millones presupuestados originalmente para subsidios en Dominicana se evaporarán antes de que llegue el verano.
La realidad es que, mientras los drones cruzan el cielo de Teherán, en las estaciones de servicio de la Av. Winston Churchill o la Autopista Duarte, el ciudadano de a pie ya está pagando el peaje de una guerra que no pidió, pero que siente cada vez que gira la llave de encendido.
Hay incendios que no se apagan con agua, y el que arde hoy en el yacimiento de South Pars, a miles de kilómetros de nuestras costas, amenaza con evaporar el colchón fiscal de la República Dominicana. El anuncio del Ministerio de Industria y Comercio de esta semana no es un boletín más; es un síntoma de agotamiento. Al autorizar un alza de RD$ 5.00 en los combustibles, el Gobierno ha enviado una señal silenciosa pero contundente: el muro de contención tiene grietas.
Mantener los precios «congelados» le cuesta al Estado dominicano casi 1,200 millones de pesos semanales. Es una cifra astronómica que, en el papel, protege la paz social, pero en la práctica es un subsidio a una guerra ajena. Con el barril de Brent anclado sobre los USD 112 y las refinerías del Golfo Pérsico bajo el asedio de drones, la aritmética del presupuesto de 2026 empieza a sangrar.
El dilema en el Palacio Nacional es de manual, pero de resolución imposible: ¿Seguir quemando dinero público para que el galón no llegue a los 350 pesos, o dejar que el mercado dicte su ley y arriesgarse a una inflación que devore el consumo interno?
Por ahora, el GLP sigue intacto, resguardando la estufa de la familia que menos tiene. Pero no nos engañemos: si la tensión entre Irán e Israel cruza el punto de no retorno y el Estrecho de Ormuz se cierra, no habrá subsidio que aguante. La crisis de South Pars nos recuerda que, en un mundo interconectado, la soberanía energética es un lujo que el Caribe aún no puede permitirse.
Hoy pagamos cinco pesos más. Mañana, podríamos estar pagando el precio de una dependencia que duele en cada semáforo.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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