-El Fiscal que quiso cobrar el «Peaje» de la Pepca-
Por: Redacción TeclaLibre
Dicen que en el arca abierta hasta el más justo peca, pero en el caso de Aurelio Valdez Alcántara, no fue un pecado de omisión, sino de ambición con catálogo de concesionario incluido. El hombre que se sentaba a la derecha de los dioses de la persecución anticorrupción, terminó probando la misma medicina que ayudó a recetar en casos como Medusa o Los Tres Brazos. Solo que esta vez, el brazalete no era de un Rolex, sino de acero judicial.
El «Shopping List» de la Extorsión
No se trataba de una picadilla de esquina. Valdez Alcántara no quería una «mojada de mano» discreta; el fiscal tenía gustos de jeque y un apetito de tiburón blanco. Según el expediente que hoy hace sonrojar a la Procuraduría, el susodicho le puso precio a la libertad —o al archivo de un expediente— por la módica suma de 200,000 dólares.
Pero como el efectivo abulta mucho y a veces no brilla lo suficiente, la lista de pedidos parecía sacada de una revista de estilo de vida para corruptos:
Un Rolex (porque el tiempo pasa más lento si no es en oro).
Un Mercedes-Benz (modelo 350 o 450), para que la dignidad ruede con clase.
Lo que Aurelio no calculó en su tablero de ajedrez fue que sus propios jefes estaban jugando con las blancas. El pasado viernes 27 de marzo, mientras el sol de Santo Domingo calentaba las conspiraciones de pasillo, la Pepca montó un teatro de operaciones digno de Netflix.
En una entrega controlada —esa trampa de miel donde el dinero está marcado y los ojos sobran—, el fiscal fue pescado in fraganti. Imaginen la escena: la mano que firmaba acusaciones históricas se extendía para recibir un sobre con 10,000 dólares de «avance». En ese preciso instante, el «invencible» fiscal de la Operación Medusa sintió el frío de la realidad. De perseguidor pasó a ser la presa, capturado en flagrante delito mientras sus colegas, con el rostro de piedra, le leían sus derechos.
La noticia ha caído como un balde de agua helada en el edificio de la Feria. Mientras Yeni Berenice Reynoso intenta mantener la narrativa de «tolerancia cero», en las calles la pregunta es otra: ¿Cuántos más están pasando factura por debajo de la toga?
Valdez Alcántara, que conocía cada truco del manual para hundir a otros, ahora enfrenta un pedido de 12 meses de prisión preventiva. Su jurisdicción privilegiada lo llevará ante la Corte de Apelación, pero ante el tribunal de la opinión pública, la sentencia ya está dictada: no hay nada más peligroso que un lobo cuidando el gallinero, especialmente si el lobo tiene debilidad por los relojes suizos.
El dato: Se le suspendió de inmediato, y el Consejo Superior del Ministerio Público ya prepara la guillotina administrativa.
En TeclaLibre nos preguntamos: ¿A qué hora marcará el Rolex de Aurelio su entrada a Najayo? El tiempo, ese que él quería medir con lujo, ahora le corre en contra.
–Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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