“Si me hace directamente la pregunta ‘Es usted gay’, la respuesta es ‘sí’. ¿Y qué más da?”. Con esta frase tan simple, que ahora puede parecer intrascendente, Barney Frank protagonizó en 1987 una pequeña revolución en torno a lo que se consideraba aceptable en un político. Frank, el primer congresista de Estados Unidos que habló con naturalidad, sin esconderse, de su homosexualidad, ha fallecido este miércoles a los 86 años.
Uno de los momentos álgidos de la carrera de este político demócrata llegó tras la catástrofe financiera de 2008. Frank, que representó a su distrito de Massachussets desde 1981 a lo largo de los 32 años siguientes, impulsó desde su escaño la normativa para atar corto a la banca tras los desmanes que provocaron lo que pasaría a la historia como Gran Recesión. Sus principales batallas políticas giraron en torno a asuntos como la regulación financiera, la accesibilidad a la vivienda y los derechos del colectivo LGTBIQ+. “Fue, por encima de todo, un hermano maravilloso. He tenido la suerte de ser su hermana”, dijo Doris Breay al canal NBC Boston al anunciar su fallecimiento.
“Fue algo que cambió mi vida, que me salvó”, dijo a la NBC el mes pasado al recordar su salida del armario. “La clave que explica los enormes progresos que hemos hecho para acabar con los prejuicios contra los gais tiene mucho que ver con el momento en el que todos nosotros salimos del armario, y mucha gente descubrió la gran distancia que había entre la realidad y la forma en la que se nos presentaba”, explicó en esa entrevista. No fue solo pionero en hablar de su homosexualidad con naturalidad, sin verse obligado a ello. También fue el primer parlamentario en casarse con alguien de su mismo sexo.
Antes de que él hablara, otros políticos habían sufrido la humillación de ser etiquetados como homosexuales sin querer ellos desvelar su intimidad. Impulsado por el miedo a ser también víctima de lo que se conocía como outing -sacar a alguien del armario sin su permiso-, pero también por su convencimiento de que la homosexualidad no debía ser nada vergonzoso, dio un paso que contribuyó a normalizar algo que hoy se ve en políticos como Pete Buttegieg, secretario de Transportes con el demócrata Joe Biden que hoy se presenta sin problemas con su esposo y que no esconde su ambición de convertirse en algún día en presidente de Estados Unidos.
Regulación del sistema financiero
Pero sería injusto reducir su aportación a su orientación sexual. Frank presidía el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes cuando la caída de Lehman Brothers propició la mayor crisis que recordaba Estados Unidos desde la Gran Depresión. Junto al senador, también demócrata, Chris Dodd, impulsó la ley que acabaría llevando el nombre de ambos para endurecer la regulación del sistema financiero del país. Así, en medio de la conmoción global por una crisis de la que el mundo aún no se ha recuperado, Frank y Dodd impusieron normas más exigentes a Wall Street, impulsando su supervisión y ofreciendo más derechos a los consumidores de servicios financieros. Pese a que el Congreso de Estados Unidos rebajó en 2018 esta norma, durante el primer mandato de Donald Trump, sobre todo al imponer una exención para los bancos pequeños y medianos, la mayor parte de sus artículos sigue estando vigente.
Frank fue también un político ágil, que sabía dar respuestas rápidas e ingeniosas y que hacía las delicias de los periodistas que buscaban un buen titular. Como el reportero de The New Republic que le preguntó por los intentos del presidente Barack Obama de gobernar de una forma pospartidista. “Me da depresión pospartidista”, fue su respuesta. O como cuando, al referirse a los grupos cristianos conservadores que rechazan el aborto, pero que también critican los programas de alimentación para niños desfavorecidos, dijo: “Para ellos, la vida empieza con la concepción y termina al nacer”. Sobre los problemas de los servicios de inteligencia que sirvieron para dirigir la invasión de Irak aseguró que el problema no era tanto la inteligencia, “como la estupidez”.
Su carrera se vio ensombrecida por el escándalo en 1989, cuando salieron a la luz sus relaciones con un trabajador sexual que había ejercido como ayudante suyo. Un año más tarde, la Cámara de Representantes aprobó por abrumadora mayoría (408 frente a 18) una resolución de castigo ante el Comité de Ética. Pese a todo, Frank continuó contando con el apoyo de los votantes de su distrito a las afueras de Boston.

