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CUANDO LA INFLACIÓN VUELVE A TOCAR LA PUERTA DOMINICANA

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La inflación volvió a colarse en la conversación cotidiana de los dominicanos. El aumento sostenido de los combustibles, impulsado por la inestabilidad internacional y el encarecimiento del petróleo, ya comienza a reflejarse en el transporte, los alimentos y los servicios básicos. Mientras el Banco Central intenta transmitir calma desde los indicadores macroeconómicos, en las calles crece la percepción de que el costo de la vida avanza más rápido que los salarios. Entre tensiones globales, dependencia energética y nerviosismo económico, República Dominicana vuelve a enfrentar una vieja amenaza: el bolsillo cada vez más apretado.

La inflación interanual en la República Dominicana volvió a colocarse por encima del rango meta del Banco Central y alcanzó 5.11 % en abril de 2026. La cifra parece pequeña cuando se mira en frío desde los escritorios técnicos, pero en la calle tiene otro nombre: gasolina más cara, pasaje más caro y comida que empieza a “estirarse” menos en la funda del supermercado.

El propio Banco Central admitió que el principal empuje vino del aumento de los combustibles, especialmente gasolina y gasoil, arrastrados por el alza internacional del petróleo y las tensiones geopolíticas en Medio Oriente. Transporte, restaurantes y servicios ligados al consumo diario terminaron sintiendo el golpe.

Y ahí aparece la primera ironía del momento dominicano: mientras el discurso oficial insiste en que la economía “resiste”, el ciudadano común siente que el salario comienza otra vez a correr detrás de los precios. El combustible sube y, casi automáticamente, sube todo lo demás. En República Dominicana el transporte funciona como una especie de impuesto invisible: si aumenta mover mercancías, aumenta el precio del arroz, del pollo, del delivery y hasta del plato del día.

Los diarios económicos y comentaristas financieros han comenzado a advertir que el problema podría no ser pasajero. El Banco Central ya había adelantado en abril que, si persistían las tensiones internacionales y el petróleo seguía encareciéndose, la inflación podía superar el límite de 5 %. Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

En redes sociales, las reacciones se mueven entre resignación y sarcasmo. Muchos usuarios cuestionan el contraste entre los indicadores macroeconómicos positivos y la realidad cotidiana del bolsillo. Otros apuntan hacia el costo del transporte público y los combustibles como el verdadero termómetro económico nacional: “cuando sube el galón, sube la ansiedad”, comentaba un usuario en plataformas locales.

Mientras tanto, el Banco Central mantiene su tasa de política monetaria en 5.25 %, apostando a contener mayores presiones inflacionarias sin frenar completamente la economía.
Pero el problema es que esta inflación ya no parece exclusivamente interna. Tiene olor a petróleo, a guerra y a mercados internacionales nerviosos.

Y ahí está el detalle que muchos prefieren no decir en voz alta: la economía dominicana sigue siendo extremadamente vulnerable a lo que ocurra fuera de sus fronteras. Basta una crisis en el Golfo Pérsico para que el motorista de Santo Domingo termine pagando más por llenar el tanque y el colmadero reajuste precios “por si acaso”.

En otras palabras, la inflación dominicana ya no viaja en pesos. Viaja en barriles. Y cada vez que el mundo se calienta, aquí también se enciende la caja registradora.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

 

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