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CUANDO EL «MEDIADOR» EMPIEZA A PARECER PROTAGONISTA

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-Zapatero bajo sospecha: cuando el “mediador” empieza a parecer protagonista-

En la política internacional hay personajes que logran una habilidad casi mágica: siempre aparecen donde hay humo… aunque nunca admitan haber visto el fuego.

Y ahora, el nombre del expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero vuelve a flotar en medio de un expediente judicial que amenaza con convertirse en otro terremoto político para España y, de paso, para el ecosistema de relaciones entre Europa y el chavismo latinoamericano.

La Audiencia Nacional española investiga el escandaloso rescate de la aerolínea Plus Ultra, aquella compañía prácticamente desconocida que, en plena pandemia, recibió más de 53 millones de euros del Estado español mientras miles de pequeñas empresas se hundían esperando oxígeno financiero.

Y aquí es donde el libreto comienza a ponerse interesante.

Porque Plus Ultra nunca fue solo una aerolínea. En Madrid, desde hace años, algunos sectores la describían como una especie de “puente aéreo sentimental” entre España y Venezuela. Un proyecto rodeado de empresarios cercanos al chavismo, conexiones financieras nebulosas y relaciones políticas demasiado cómodas para ser casualidad.

Ahora, según reportes periodísticos y documentos judiciales filtrados, el nombre de Zapatero aparece orbitando alrededor del caso como “sospechoso” de posibles maniobras relacionadas con tráfico de influencias y presunto blanqueo de capitales.

Nada probado todavía. Pero tampoco es poca cosa.

Porque hablamos del mismo Zapatero que durante años fue presentado como “mediador internacional” en Venezuela, mientras sectores opositores lo acusaban de actuar más como abogado diplomático del chavismo que como árbitro neutral.

Curiosamente, cada vez que el chavismo necesitaba oxígeno político en Europa, allí aparecía Zapatero hablando de diálogo, entendimiento y paz democrática… aunque en Caracas siguieran cayendo presos políticos, periodistas perseguidos y elecciones bajo sospecha.

Y ahora, el viejo fantasma regresa disfrazado de expediente judicial.

En España, la derecha política ya afila cuchillos. El Partido Popular y Vox ven en este caso una oportunidad de oro para golpear no solo a Zapatero, sino también al entorno del presidente Pedro Sánchez, cuya relación con el expresidente socialista siempre ha sido delicadamente cercana.

Mientras tanto, desde la izquierda española ya se escucha la palabra favorita de las guerras políticas modernas: lawfare.

La vieja receta:
—Si investigan a los míos, es persecución.
—Si investigan a los otros, es justicia histórica.

Pero más allá del ruido partidista, el caso deja una pregunta incómoda flotando sobre el Atlántico:

¿Cuánto dinero, influencia y poder político circularon realmente entre ciertos sectores europeos y el entramado económico del chavismo durante los últimos quince años?

Porque Zapatero no es cualquier figura decorativa del socialismo español. Fue presidente del Gobierno, operador internacional, interlocutor en Venezuela, visitante frecuente de Caracas y hombre de confianza en múltiples negociaciones opacas que rara vez terminaban completamente claras para la opinión pública.

En política, las coincidencias existen.
Pero cuando las coincidencias empiezan a acumularse como pasajeros frecuentes en la misma sala VIP… hasta los más ingenuos comienzan a mirar el tablero con sospecha.

Y España, hoy, parece empezar a preguntarse si aquel “mediador de paz” conocía demasiado… o participaba demasiado.

La política internacional moderna tiene una extraña costumbre: muchos líderes se retiran del poder… pero jamás abandonan los negocios de la influencia.

Unos dan conferencias.
Otros escriben memorias.
Y algunos, aparentemente, terminan orbitando demasiado cerca de empresas rescatadas, gobiernos sancionados y rutas financieras que huelen más a petróleo geopolítico que a transparencia democrática.

Zapatero, por ahora, niega todo.

Pero cuando un expresidente comienza a aparecer más en expedientes judiciales que en conferencias académicas, el problema ya no es solamente legal.

También es moral.
Y profundamente político.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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