InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURALOS ORÍGENES DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA I

LOS ORÍGENES DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA I

-

Autor: Carlos Márquez /​

Del mito de la Gran Madre a la caída del linaje femenino

​Antes de que las leyes escritas codificaran la sumisión y la fuerza se instituyera como el eje ordenador del hogar, la humanidad transitó por dinámicas de organización donde lo femenino poseía una centralidad sagrada y social. No se trataba de un calco invertido del patriarcado —un dominio despótico de la mujer sobre el hombre—, sino de sociedades matrilineales y pacíficas basadas en el culto a la fertilidad, la reciprocidad y el respeto a la continuidad de la vida.

Desde la Europa pre indoeuropea hasta las civilizaciones originarias de las Antillas, el linaje y la herencia se rastreaban a través del vientre materno. La Gran Madre era la divinidad primaria: la tierra que proveía, el misterio que concebía.

​En el arco antillano, nuestros taínos conservaron rastros profundos de esta estructura prepatriarcal. La filiación era matrilineal; los derechos de sucesión de un cacicazgo no pasaban al hijo del cacique, sino al hijo de su hermana mayor. En su panteón mitológico, la deidad suprema era Atabey, madre de Yúcahu (el dios del itón y la yuca), divinidad de las aguas subterráneas y de la fertilidad. El cronista Fray Ramón Pané, en su obra fundamental Relación acerca de las antigüedades de los indios (1498), dejó constancia de esta primacía teogónica al registrar:

​»Tienen a un Dios que se llama Yócahu Bagua Maórocoti… y dicen que éste tiene madre, la cual tiene cinco nombres, a saber: Atabey, Yermao, Guacar, Apito y Zuimaco».

​Para los aborígenes, la violencia intrafamiliar o el feminicidio sistemático eran nociones ajenas; la estructura social descansaba en la cooperación colectiva y el respeto al principio creador encarnado en la mujer, cuya genealogía sostenía el orden político de los cacicazgos.

​Sin embargo, el curso de la historia sufrió una fractura tectónica con la aparición de la propiedad privada, la agricultura extensiva y la domesticación de animales. Como bien demostró Friedrich Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, el excedente económico transformó la estructura familiar. Al acumularse la riqueza en manos del varón, surgió la imperiosa necesidad de asegurar que los herederos de esos bienes fueran legítimamente sus hijos. Para lograrlo, fue indispensable confinar a la mujer, vigilar su cuerpo e institucionalizar la monogamia estricta de manera unilateral.

​Este quiebre histórico representó lo que la historiografía y la sociología crítica denominan la gran derrota histórica del sexo femenino. Al respecto, la historiadora Gerda Lerner, en su célebre tratado El origen del patriarcado (1986), puntualiza con precisión científica:
​»El derrocamiento del derecho materno no fue un suceso único, sino un proceso lento que duró casi dos milenios… La dominación patriarcal se institucionalizó en el momento en que el control sobre la capacidad reproductiva de las mujeres pasó de ser un asunto de parentesco a ser una propiedad regulada por el Estado».

​El linaje materno fue así derrocado, el derecho paterno se impuso por la fuerza y la Gran Madre fue suplantada en el altar por los dioses guerreros, portadores del rayo, la espada y el mandato.

https://teclalibremultimedios.com/category/portada

Related articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
3,912SeguidoresSeguir
22,800SuscriptoresSuscribirte

Latest posts