InicioCEREPOESIAARTE Y CULTURAJosé Rizal y Alonzo (1861-1896) héroe nacional filipino

José Rizal y Alonzo (1861-1896) héroe nacional filipino

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José Rizal (1861-1896) fue un destacado escritor, médico, pintor y lingüista, considerado el héroe nacional de Filipinas. Fundó en 1892 la Liga Filipina, que buscaba mayor autonomía y reformas para su país. Fue ejecutado en Manila tras ser acusado de rebelión y sedición, en medio de la Revolución Filipina.

Sus antecedentes familiares indican que fue el séptimo de once hijos de una familia próspera de Calambá, con raíces mestizas de ascendencia austronesia, china y española. La familia trabajaba tierras arrendadas a la iglesia, y en 1849, su familia tuvo que adoptar apellidos españoles por orden del gobierno colonial. Educado por su madre era un niño muy curioso. Estudió en las Universidades Ateneo de Manila y en la de Santo Tomás, aficionado a la filosofía, literatura y humanidades. Debido a la ceguera de su madre, se inclinó por estudiar medicina, viaja a Europa en 1882 para especializarse en oftalmología, graduándose en Madrid en 1885 y trabajando en París y Heidelberg.

Fue un reformista que buscaba mejoras administrativas y mayor autonomía para Filipinas, lideró el movimiento «Propaganda» desde Madrid, aspiraba a la igualdad entre filipinos y españoles, representación en las Cortes, y mayor libertad. Su valentía y critica  a las autoridades coloniales españolas influyeron en el despertar nacionalista y en la revolución, aunque él mismo rechazó la violencia, fue arrestado y condenado a muerte en 1896 por su supuesta participación en movimientos subversivos, y fusilado en Manila ese mismo año.

Rizal es considerado un héroe nacional, un símbolo de sacrificio y patriotismo, en Filipinas existen  monumentos y museos que honran su memoria, también en el extranjero, en el  2015,  se estableció en España, el Premio José Rizal de las Letras Filipinas para promover la cultura hispanofilipina y el Filipinismo.

Entre sus obras encontramos dos novelas Noli me tangere (1887) y El filibusterismo (1891), una obra de teatro El consejo de los dioses (1915) y los poemas: A la juventud filipina (1879), A las flores de Heidelberg (1886), Mi ultimo adiós (1896), la zarzuela, Junto al Pasig (1880), Dos diarios de juventud (1882-1884) (Madrid, 1960)

    Vamos a compartir A LA JUVENTUD FILIPINA poema que celebra a la juventud filipina como una esperanza brillante y llena de potencial para el futuro de la patria, les invita a elevar su pensamiento con nobleza, impulsar su creatividad en las artes y ciencias, y liberar su talento poético y artístico, buscar la grandeza, inspirarse en la historia y en la belleza de su cultura, y a trabajar con entusiasmo y gloria para enaltecer su nación. Es un canto de esperanza, orgullo y estímulo para que los jóvenes filipinos contribuyan con su talento y esfuerzo al bienestar y la gloria de su país.
    ¡Alza su tersa frente,
    Juventud Filipina, en este día!
    ¡Luce resplandeciente
    Tu rica gallardía,
    Bella esperanza de la Patria Mía!Vuela, genio grandioso,
    Y les infunde noble pensamiento,
    Que lance vigoroso,
    Mas rápido que el viento,
    Su mente virgen al glorioso asiento.Baja con la luz grata
    De las artes y ciencias a la arena,
    Juventud, y desata
    La pesada cadena
    Que tu genio poético encadena.Ve que en la ardiente zona
    Do moraron las sombras, el hispano
    Esplendente corona,
    Con pía sabia mano,
    Ofrece al hijo de este suelo indiano.Tú, que buscando subes,
    En alas de tu rica fantasía,
    Del Olimpo en las nubes
    Tiernísima poesía
    Mas sabrosa que néctar y ambrosíaTú, de celeste acento,
    Melodioso rival Filomena,
    Que en variado concento
    En la noche serena
    Disipas del mortal la amarga pena.Tú que la pena dura
    Animas al impulso de tu mente ,
    Y la memoria pura
    Del genio refulgente
    Eternizas con genio prepotente.Y tú, que el vario encanto
    De Febo, amado del divino Apeles,
    Y de natura el manto
    Con mágicos pinceles
    Trasladar al sencillo lienzo sueles.¡Corred! que sacra llama
    Del genio el lauro coronar espera,
    Esparciendo la Fama
    Con trompa pregonera
    El nombre del mortal por la ancha espera.¡Día, día feliz,
    Filipinas gentil, para tu suelo!
    Al Potente bendice
    Que con amante anhelo
    La ventura te envía y el consuelo

    «A las flores de Heidelberg» es un famoso poema nostálgico escrito por el héroe nacional filipino, José Rizal, en 1886 mientras estudiaba oftalmología en Alemania. El texto expresa su profundo anhelo por las Filipinas, utilizando las flores a orillas del río Neckar como mensajeras de amor y lealtad hacia su patria.
    En el poema invita a las flores extranjeras a llevar un mensaje de amor y paz a la patria del poeta, recordando los momentos felices y significativos en su tierra natal. Les pide que compartan la fe, la esperanza y los sentimientos que el viajero lleva en su corazón, celebrando la belleza del paisaje, la historia y la cultura de su país. En esencia, es una súplica para que transmitan sentimientos de amor, paz, salud, fe y virtud a la tierra y a su gente.

     

    “Id a mi patria, id, extranjeras flores,
    sembradas del viajero en el camino,
    y bajo su azul cielo,
    que guarda mis amores,
    contad del peregrino
    la fe que alienta por su patrio suelo!”

    Id y decíd: decíd que cuando el alba
    vuestro cáliz abrió por vez primera,
    cabe el Neckar helado,
    le vísteis silencioso á vuestro lado
    pensando en su constante primavera.

    Decíd que cuando el alba,
    que roba vuestro aroma,
    cantos de amor jugando os susurraba,
    él también murmuraba

    cantos de amor en su natal idioma…

    Que cuando el sol la cumbre
    del Koënigsthul en la mañana dora,
    y con su tibia lumbre
    anima el valle, el bosque y la espesura,
    el Saluda ese sol, aún en su aurora,
    al que en su patria en el zenith fulgura.

    Y contad aquel dia
    cuando os cogía al borde del sendero,
    entre las ruinas del feudal Castillo
    orilla al Neckar ó en la selva umbría…

    Llevad, llevad, ¡oh flores!
    amor á mis amores
    paz á mi pais y á su fecunda tierra,
    salud á dulces seres
    fé á sus hombres; virtud á sus mujeres,
    que el paternal, sagrado hogar encierra…

      «Mi Último Adiós» es un poema que le dedica a su Patria, expresa su amor profundo y su sacrificio por ella. Se despide con alegría de la vida, dispuesto a morir en defensa de la nación, entregando su sangre si es necesario. Anhela un descanso eterno en la tierra de su patria, Filipinas, y pide que, si su cuerpo es olvidado, su esencia permanezca vibrando en su suelo. Con sentimientos de patriotismo, fe y esperanza, se despide de sus seres queridos, confiando en un destino sin opresión ni sufrimiento, y en un lugar donde reine la justicia y la paz eterna.

      MI ÚLTIMO ADIÓS

      Adiós, Patria adorada, región del sol querida,
      Perla del Mar de Oriente, nuestra perdido Edén!
      A darte voy alegre la triste mustia vida,
      Y fuera más brillante, más fresca, más florida,
      También por ti la diera, la diera por tu bien.

      En campos de batalla, luchando con delirio
      Otros te dan sus vida sin dudas, sin pesar;
      El sitio nada importa, ciprés, laurel o lirio,
      Cadalso o campo abierto, combate o cruel martirio,
      Lo mismo es si lo piden La Patria y el hogar.

      Yo muero cuando veo que el cielo se colora
      Y al fin anuncia el día tras lóbrego capuz;
      Si grana necesitas para teñir tu aurora,
      Vierte la sangre mía, derrámala en buen hora
      Y dórela un reflejo de su naciente luz

      Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente,
      Mis sueños cuando joven ya lleno de vigor,
      Fueron el verte un día, joya del Mar de Oriente
      Secos los negros ojos, alta la tersa frente,
      Sin ceño, sin arrugas, sin mancha de rubor.

      Ensueño de mi vida, mi ardiente vivo anhelo,
      ¡Salud te grita el alma que pronto va a partir!
      ¡Salud! ah, que es hermoso caer por darte vuelo,
      Morir por darte vida, morir bajo tu cielo,
      Y en tu encantada tierra la eternidad dormir.

      Si sobre mi sepulcro vieres brotar un día
      Entre la espesa hierba sencilla, humilde flor,
      Acércala a tus labios y besa el alma mía,
      Y sienta yo en mi frente bajo la tumba fría
      De tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.

      Deja la luna verme con luz tranquila y suave;
      Deja que el alba envíe su resplandor fugaz,
      Deja gemir al viento con su murmullo grave,
      Y si desciende y posa sobre mi cruz un ave
      Deja que el ave entone su cántico de paz.

      Deja que el sol ardiendo las lluvias evapore
      Y al cielo tornen puras con mi clamor en pos,
      Deja que un ser amigo mi fin temprano llore
      Y en las serenas tardes cuando por mi alguien ore
      Ora también, Oh Patria, por mi descanso a Dios!

      Ora por todos cuantos murieron sin ventura,
      Por cuantos padecieron tormentos sin igual,
      Por nuestros pobres madres que gimen su amargura;
      Por huérfanos y viudas, por presos en tortura
      Y ora por ti que veas tu redención final.

      Y cuando en noche oscura se envuelva el cementerio
      Y solos solo muertos quedan velando allí
      No turbes su reposo, no turbes el misterio
      Tal vez acordes oigas de cítara o salterio,
      Soy yo, querida Patria, yo que te canto a ti.

      Y cuando ya mi tumba de todos olvidada
      No tenga cruz ni piedra que marquen su lugar,
      Deja que la are el hombre, la esparza con la azada,
      Y mis cenizas antes que vuelvan a nada,
      El polvo de tu alfombra que vayan a formar.

      Entonces nada importa me pongas en olvido,
      Tu atmósfera, tu espacio, tus valles cruzaré,
      Vibrante y limpia nota seré para tu oído,
      Aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido
      Constante repitiendo la esencia de mi fe.

      Mi Patria idolatrada, dolor de mis dolores,
      Querida Filipinas, oye el postrer adiós.
      Ahí, te dejo todo, mis padres, mis amores.
      Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,
      Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios.

      Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía;
      Amigos de la infancia en el perdido hogar,
      Dad gracias que descanso del fatigoso día.
      ¡Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría!
      Adiós, queridos seres. Morir es descansar.

      El Premio José Rizal de las Letras Filipinas es organizado por la «Biblioteca HUMANISMOEUROPA» y colaborando con instituciones académicas, se otorga cada año para distinguir obras en lengua española relacionadas con la cultura filipina. El I Premio 2015 fue otorgado al escritor, profesor de español, periodista y folclorista Guillermo Gómez Rivera, alegra saber que Luis Eduardo Aute recibió el II Premio por sus Poemigas y otras iconografías» (las poemigas son piezas de corta extensión a medio camino entre los aforismos, los aerolitos y las greguerías, se caracterizan por su irreverencia, el juego de palabras, la ironía y sus reflexiones filosóficas sobre la realidad.

      En 2017 lo recibió Edmundo Farolan Romero, director de la Revista Filipina, en 2018  al filólogo y poeta Virgilio Almario, en 2019 fue otorgado al escritor y profeso Macario Ofilada, en 2020 fue otorgado a título póstumo al poeta y prosista filipino bilingüe español-inglés, recientemente fallecido en España, Gilbert Luis R. Centina III, en 2021 al poeta, director de la Revista Filipina Edwin Agustín Lozada, en 2022 a la profesora, traductora, académica y prosista Daisy López Pargas, en 2023, a Elizabeth Medina, investigadora y escritora, en 2024 a Marra Lanot profesora y escritora trilingüe manileña y en 2025 al escritor Rocky Cabral Cabañes por su afán personal por mantener viva la lengua de las calles de Manila a través de sus relatos y poesía, que culmina con la compilación De las calles de Sampáloc (Ciudad de Quezon, Central Books, 2025).

       

       

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