El humor suele ser la mejor herramienta del cubano para retratar su realidad. Es por eso que en una isla donde pasan más horas a oscuras que con electricidad, la población ya no habla de apagones, sino de “alumbrones”. “Como ustedes bien saben, llevan años sufriendo los apagones. La razón por la que se ven obligados a sobrevivir 22 horas al día sin electricidad no se debe a un bloqueo petrolero por parte de Estados Unidos”, dijo el miércoles el secretario de Estado, Marco Rubio. La crisis energética en Cuba es crónica, sin embargo, el asedio norteamericano anunciado a finales de enero ha soplado sobre un castillo de naipes.
Un análisis de las cifras del Gobierno cubano de 2026 realizado por EL PAÍS expone que la ya delicada situación del suministro eléctrico está en condiciones sin precedentes, dejando varios días en los que los apagones duran 24 horas. Sí, la jornada completa. En un año y medio, el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) ha sufrido siete caídas. Pero solo en marzo se registraron dos, además de una desconexión parcial que dejó sin luz a dos tercios del territorio. Apenas habían pasado dos meses desde que el Ocean Mariner, un buque enviado por México, encallara en La Habana. Fue el último en llegar antes de las amenazas de sanciones estadounidenses. El efecto de aquella provisión jamás se sintió. Las razones eran obvias: los 86.000 barriles apenas cubrían el déficit de crudo de un día.
Los apagones por varias horas incrementaron desde mediados de 2024. Ya antes de que Nicolás Maduro fuera capturado en enero, Venezuela había reducido significativamente los envíos de petróleo a la isla. En el mejor momento del chavismo, el país sudamericano llegó a mandar más de 100.000 barriles diarios. Para 2025, la cifra se ubicó en torno a los 30.000, según estimaciones independientes. Históricamente, Cuba siempre ha dependido de un patrocinador para mantener a flote su economía. En la Guerra Fría, su soporte fue la Unión Soviética. Después vino Venezuela y, más recientemente, México.
Importación de combustibles
La columna vertebral del sistema energético está en las 16 unidades de generación termoeléctrica, con centrales con más de cuatro décadas de explotación, y los motores de diésel y fueloil desperdigados por todo el país. Se trata del 80% del mix; el 20% restante se obtiene de gas y de la energía solar. Para sostenerlo, La Habana requiere de unos 110.000 barriles diarios. De ellos, solo puede extraer en torno a 40.000. A eso se suma que, diariamente, un buen número de las 16 unidades se encuentra apagado por fallos o reparaciones. El 12 de mayo el 75% de ellas estaba fuera de juego.

En las tardes de marzo, casi el 60% de Cuba estaba sin luz —el horario de mayor consumo— según datos oficiales de la empresa estatal UNE. El 6 de ese mes fue el peor día —un 68% de afectación en la isla— hasta ese momento. El récord anterior fue en enero, con 62%. A mediados de mes, los cubanos comenzaron a protestar en distintas ciudades. La movilización más sonora fue en Morón (centro de Cuba). Un grupo de manifestantes lanzó piedras contra la sede del Partido Comunista, entró en el inmueble y organizó una hoguera frente a la entrada. El Gobierno ha admitido que cinco personas fueron detenidas. La ONG Justicia 11J tiene constancia de 16 arrestos. Tres de ellos, tenían menos de 18 años.

En la recta final de marzo, llegó el último balón de oxígeno. El petrolero ruso Anatoly Kolodkin entregó a la isla más de 700.000 barriles, con el visto bueno de la Casa Blanca. El país notó los resultados en abril. Los apagones fueron los más cortos del año y el déficit bajó casi un 50%. La Habana logró pasar casi una semana entera sin cortes. Pero la isla agotó hasta la última gota. Un mes después, los cubanos regresaron a su realidad. El déficit entre los megavatios (MW) generados y los consumidos se acentuó en los primeros días de mayo. El día 14, el país batió el récord histórico de interrupciones simultáneas: 70%. Horas más tarde, el sistema sufrió otra desconexión parcial.
El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, reconoció en la televisión estatal que la isla había agotado sus reservas de fueloil y de diésel. La Habana, con sus dos millones de habitantes, volvió a acumular jornadas enteras sin corriente eléctrica, como ocurrió del 6 al 18 de mayo, de acuerdo con los datos oficiales analizados por EL PAÍS. En esas fechas, la desesperación comenzó a ser evidente en las calles. El toque de cacerolas se convirtió en la banda sonora de las noches.

Varios analistas independientes —todos de fuera de la isla— advierten que la situación es tal que, incluso si Estados Unidos levantara mañana el bloqueo energético, los apagones continuarían. Reflotar la industria requeriría cerca de 10.000 millones de dólares, un tren que pasó hace años. En la última década, el desembolso millonario en turismo y hoteles, un sector bajo el control absoluto de las Fuerzas Armadas, ha eclipsado al resto de la economía. En 2024, último año con cifras disponibles, el Estado concentró el 37,4% de las inversiones en levantar resorts, una cifra 11 veces mayor que la destinada a educación y sanidad juntas.

