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CARACAS, LA HABANA Y EL ECO DE WASHINGTON

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-Petróleo, amenazas y viejas alianzas: Caracas, La Habana y el eco de Washington-

La diplomacia caribeña amaneció este domingo con olor a petróleo cortado y retórica encendida. Desde su trinchera digital, Donald Trump lanzó una de esas frases diseñadas para retumbar más allá de la pantalla: “No habrá más petróleo ni dinero para Cuba. ¡Cero!”. Un mensaje seco, lapidario, publicado en Truth Social, que volvió a colocar a Venezuela y Cuba en el centro de la tormenta geopolítica.

Horas después, Caracas respondió. No con estridencia, sino con un comunicado cuidadosamente calibrado. El canciller venezolano Yván Gil, desde Telegram, desempolvó el lenguaje clásico de la diplomacia: autodeterminación, soberanía, no intervención, igualdad entre los Estados. Palabras antiguas para un conflicto que se repite con nuevos actores y viejos reflejos.

“La relación con Cuba —recordó Gil— se ha cimentado históricamente en la hermandad, la solidaridad y la cooperación”. No hubo cifras, ni desmentidos directos sobre el petróleo. Hubo, más bien, una reafirmación simbólica: Caracas no acepta que Washington trace las líneas de sus alianzas.

Pero Trump no se detuvo ahí. En su relato, Cuba dejó de ser un socio político para convertirse en un proveedor de seguridad de los “dos últimos dictadores venezolanos”, Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Y fue más lejos: vinculó el fin de esa relación al ataque estadounidense del 3 de enero en Caracas, donde murieron 32 cubanos que, según su versión, formaban parte del anillo de seguridad presidencial.

“Venezuela ya no necesita protección”, sentenció Trump. Ahora —dijo— la protegerá Estados Unidos, “con el Ejército más poderoso del mundo”. No fue una frase diplomática. Fue una advertencia envuelta en promesa.

En paralelo, el presidente estadounidense amplificó una idea lanzada por un usuario marginal en X: que Marco Rubio, de origen cubano, podría ser presidente de Cuba. “¡Me suena bien!”, respondió Trump, sin aclarar si hablaba en serio o jugaba, una vez más, con la provocación como método.

La Habana no tardó en reaccionar. Desde su cuenta en X, el canciller Bruno Rodríguez acusó a Estados Unidos de comportarse como “un hegemón criminal y descontrolado”, capaz de amenazar no solo a Cuba, sino a la estabilidad global. Negó tajantemente que su país reciba compensaciones monetarias o materiales por servicios de seguridad y rechazó cualquier insinuación de mercenarismo.

Cuba —subrayó— tiene derecho a importar combustible de quien esté dispuesto a venderlo, sin someterse a las medidas coercitivas unilaterales de Washington. No es un desafío nuevo. Es la reiteración de una línea de resistencia que La Habana conoce de memoria.

Así, entre mensajes incendiarios, comunicados solemnes y acusaciones cruzadas, el triángulo Washington–Caracas–La Habana vuelve a tensarse. El petróleo aparece como excusa; el control político y simbólico del Caribe, como telón de fondo. Y mientras las redes sociales dictan el ritmo del conflicto, la diplomacia tradicional intenta —otra vez— apagar un incendio que nunca termina de extinguirse.

En el Caribe, la historia no se repite: insiste.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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