InicioESTADOS UNIDOS¿EE.UU. COMO GUARDIA DE SEGURIDAD PRIVADO DE ORMUZ?

¿EE.UU. COMO GUARDIA DE SEGURIDAD PRIVADO DE ORMUZ?

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La geopolítica global vuelve a medirse bajo la fría lógica del costo-beneficio. La reciente advertencia del expresidente Donald Trump de convertir a la Marina estadounidense en el «guardián pago» del Estrecho de Ormuz ha desatado una tormenta diplomática internacional. Al exigir que las naciones ricas reembolsen a Washington por custodiar la vía marítima más crítica para el petróleo mundial, Trump no solo desafía décadas de doctrina militar, sino que consolida su particular visión transaccional de las alianzas internacionales. En TeclaLibre analizamos el impacto, las reacciones globales y las costosas costuras de un tablero internacional donde la seguridad ahora lleva una etiqueta de precio.

-El día que Trump le puso factura al Estrecho de Ormuz-

Esto encapsula a la perfección uno de los pilares más controvertidos de la política exterior de Donald Trump durante su primer mandato (específicamente a mediados de 2019): la geopolítica transaccional. Para Trump, las alianzas militares y el despliegue estratégico no eran cuestiones de «liderazgo global desinteresado», sino contratos de servicios que debían dejar ganancias o, al menos, no costar un centavo al contribuyente estadounidense.

Para entender por qué soltó esa bomba en Fox News, hay que rebobinar al verano de 2019. La tensión entre Washington y Teherán estaba al rojo vivo tras la retirada de EE. UU. del acuerdo nuclear. Hubo ataques a buques petroleros en el Golfo Pérsico, derribos de drones y la incautación de un carguero británico por parte de Irán.

El Estrecho de Ormuz es el «cuello de botella» más crítico del petróleo mundial: por esa delgada franja de agua pasa casi la quinta parte del crudo global. Históricamente, la Quinta Flota de EE. UU. ha garantizado el libre tránsito en la zona, algo que beneficia a economías masivas que dependen de ese crudo, como China, Japón y Corea del Sur.

La lógica de Trump fue directa: “¿Por qué protegemos las rutas marítimas de otros países ricos gratis mientras nosotros ya somos independientes a nivel energético?”.

La propuesta de cobrar una especie de «tarifa de protección» encendió las alarmas en las cancillerías de medio mundo. Las reacciones no se hicieron esperar:

Los Aliados Asiáticos (Japón y Corea del Sur, oficialmente mantuvieron la cautela diplomática, pero internamente el desconcierto fue total. Tokio, por ejemplo, depende críticamente de Ormuz, pero su constitución pacifista le impide enviar tropas a misiones de combate difusas. La idea de que Washington les pasase una factura como si fueran clientes de una empresa de seguridad privada tensó las relaciones.

Países como Francia y Alemania rechazaron unirse a una coalición liderada por EE. UU. bajo esa retórica. Prefirieron proponer una misión de observación estrictamente europea para desmarcarse de la estrategia de «máxima presión» de Trump contra Irán y de sus exigencias financieras.

Teherán aprovechó el comentario para su narrativa habitual, señalando que la presencia de EE. UU. en la región no buscaba la estabilidad, sino el control económico y el chantaje petrolero. Su postura fue que la seguridad del estrecho correspondía exclusivamente a los países ribereños del Golfo.

El ‘Establishment’ de Washington, analistas de defensa y exdiplomáticos criticaron duramente el enfoque. Argumentaron que rebajar el papel de las Fuerzas Armadas de EE. UU. al de «mercenarios contratados» destruía la credibilidad de sus alianzas estratégicas y erosionaba el orden internacional basado en normas comunes.

Desde la óptica de TeclaLibre, este episodio es una clase magistral de cómo Trump manejaba la diplomacia como si fuera un negocio inmobiliario de Manhattan.

El fondo del asunto no era si EE. UU. iba a enviar cobradores de frac a Tokio o a Riad. El verdadero objetivo de Trump era forzar a una redistribución de costos en la defensa global. El mensaje encubierto iba dirigido tanto a sus aliados como a China (que depende brutalmente del petróleo de Ormuz): Si quieren que la Marina estadounidense siga manteniendo el grifo del petróleo abierto y seguro, van a tener que empezar a poner dinero sobre la mesa o asumir sus propios riesgos.

Aunque la idea de «cobrar mucho dinero» por custodiar Ormuz nunca se materializó en un contrato formal con tarifas fijas, la presión funcionó a medias a nivel político: obligó a países como Arabia Saudita a pagar más por el despliegue de tropas estadounidenses en su propio territorio y forzó a la comunidad internacional a entender que, bajo el ala del trumpismo, el «paraguas de seguridad estadounidense» ya no era un servicio público global e incondicional, sino un activo con etiqueta de precio.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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